Son las 19:40 y Grantham Hall ya soltó casi todo lo que tenía que soltar esta tarde: los pasos en las escaleras, las voces de los seminarios vespertinos, el ruido ordinario de un viernes de diciembre que termina como termina siempre. Callum apaga la lámpara del techo y deja encendida solo la del escritorio, el círculo pequeño de luz que prefiere cuando lo que va a hacer no necesita testigos ni siquiera entre las paredes que conoce de memoria. Abre un documento nuevo. No tiene nombre todavía. Lo deja sin título porque ponerle uno sería admitir qué es, y todavía no lo sabe con la precisión que exige nombrar las cosas. Sí sabe la forma: un archivo separado del resto, fuera de cualquier carpeta que comparta servidor con el departamento, guardado en un disco externo que compró él mismo, en ef

