Esa semana transcurre con mayor rapidez de lo que espero. El trabajo con los pacientes me mantiene ocupada, aunque la última clase de la semana en el postgrado me deja pensando, acerca de mi vida, de cómo la vengo viviendo y del futuro que me aguarda si continúo de esta forma. ¿Qué me ha quedado de esta clase? Que debido a la escasez de emociones positivas en mi vida, el desequilibrio espiritual, el estrés constante y mi escaso sistema de apoyo, si tuviera cáncer en este momento, estaría condenada. Las probabilidades de que la quimio me mate antes que el cáncer, serían de noventa sobre cien y eso, si es una sentencia de muerte, con fecha de expiración determinada. Llego a mi apartamento y comienzo a replantearme el curso de mi vida, vivir de esta forma puede llevarme a la muerte. ¿Quién l

