En el sepulcral silencio de un consultorio médico, mientras los nervios se comían a la joven mujer que se encontraba semi recostada en una mesa de exploración para ecografías, fue roto por el sonido de sorpresa que había hecho ella misma, pues lo que veían sus ojos era en verdad sorprendente. —Son dos, ¿verdad? —preguntó Diana, temblando, no sabía si de miedo o de emoción. —Son dos —confirmó la obstetra que veía exactamente lo que la joven veía y que Caleb no comprendía, por eso miró a su esposa con los ojos muy abiertos. Según el rojo de su cara, el castaño estaba sin respirar, debido a la sorpresa recién recibida, así que Diana tomó su mano para hacerlo sentir acompañado, y dado que el otro suspiró con tranquilidad al verla sonreír, la azabache sintió que lo logró. » Según el tama

