Cuando Lina y Joseph ingresaron al apartamento, encontraron a Ginger muy acaramelada con Dean, Braulio por su parte se encontraba bebiendo una cerveza ocupada en su celular.
―Temía no encontrarte ―dijo Lina tomando asiento en la sala, Joseph se acercó a saludar muy amistosamente a Braulio y después se sentó al lado de Lina; no tardó en saludar a Ginger e hicieron una breve presentación entre él y Dean.
―Dijiste que me quedara, y eso hice. A demás, ¿A dónde iría a esta hora?
―¿Qué piensan hacer? ―cuestionó Lina con seriedad.
―Buscaremos la manera de hacer las cosas bien.
―Eso debiste pensarlo antes, peque ―dijo Braulio dejando el celular sobre la mesa de centro―. A estas alturas, no creo que nada sea correcto ya.
―No ayudas Braulio ―quejó Ginger.
―No, Ginger ―intervino Lina―. Es que Braulio tiene toda la razón. Lo que ambos hicieron ha sido completamente estúpido. Tú ―se refirió a Dean―. Eres casado, y no me interesan los motivos ni la relación que debo suponer que tienes para que llegaras a este extremo. Pero te advierto que si Ginger es un juego para ti…
―No lo es ―aclaró Dean tras ver que Lina continuaba hablando para acusarlo―. Te aseguro que no lo es. Solamente necesito solucionarlo en casa y no hacer el problema más grande.
―¿Tu esposa lo sabe? ―inquirió Lina.
―No. No lo sabe, pero lo sabrá tarde o temprano.
―Cuando lo sepa, quiero a mi hermana fuera de esa mierda ―exigió Braulio.
―No, Braulio ―intervino Lina―. Ginger tiene que cargar con sus consecuencias.
―Yo, entiendo que defiendan y cuiden a Ginger…
―No se trata de defender y cuidar solamente, Dean Montgomery. Es nuestra hermana, y así cometa estupideces no la vamos a dejar sola. Tiene que cargar con su responsabilidad, pero eso no implica que le vamos a dar la espalda. Si tu esposa hace alguna estupidez en su contra, tiene que tener claro, así como tú también lo debes de tener, que tiene quien la cuide y la defienda.
―Yo lo entiendo, créanme que no quiero que Ginger salga afectada, pero siendo obvios es imposible que ambos salgamos sin daño, al menos en el proceso.
―Entiendo que no será fácil, hicimos las cosas mal y no voy a huir esta vez de las consecuencias ―aseguró Ginger.
―Esta mierda apesta ―dijo Braulio levantándose por otra cerveza al refrigerador.
―No puedes seguir trabajando ahí, no con esta situación de por medio ―dijo Lina.
―No quiero renunciar, me gusta el trabajo, Lina.
―Pero no fuiste suficientemente madura para mantenerte alejada de los problemas y mantener tu trabajo, Ginger. Ya estás embarrada de esa mierda, ¿qué quieres? ¿Qué esa mujer los descubra en su propia casa? No, definitivamente no.
―Yo, seré cuidadoso ―aseguró Dean.
―No, no voy a consentir esto; es decir, si ustedes se quieren realmente, adelante. Háganlo, pero no voy a apoyar la causa donde ustedes estén enredándose en las narices de esa mujer.
―Ella se fue de vacaciones, Lina.
―¿Y eso te hace sentirte la dueña de esa casa, Ginger? ¿Qué carajo tienes en la cabeza? ―regaño con frustración―. Respeta al menos lo que sigue. Vas a air por tus cosas y renuncias. Encontrarás un trabajo mejor que no implique ponerte en riesgo de una mujer furiosa porque te has metido con su marido. Has visto lo que una loca exnovia puede hacer, imagínate una esposa. Estás metiéndote en un matrimonio.
―Lina… ―quiso decir algo Dean, pero Lina lo hizo callar con un gesto.
―Tienes que respetarte un poco más, Ginger. Harás lo correcto. Vas a renunciar y dejarás que Dean Montgomery solucione su asunto, hasta entonces hagan lo que quieran.
Un silencio en la sala los dejo mirándose unos a los otros
―¿A dónde carajo vas? ―cuestionó Lina siguiéndo a Braulio a la puerta.
―Tengo trabajo. Y tú Ginger, pórtate bien ―dijo para finalmente salir del apartamento.
―¡Carajo! No sé que mierda tienen los dos en la cabeza ―dijo para irse furiosa a su habitación, Joseph la siguió dejando a la pareja sola.