Desconsiderados

866 Words
El olor a café logró hacer despertar a Joseph. Lina se encontraba pasando una franela por encima del fregadero que había quedado mojado tras lavar los trastes sucios que había acumulados. Joseph se detuvo tras la cortina de cuentas para observarla tarareando alguna canción, y sonrió. ―Es lindo despertar con una hermosa chica en mi apartamento ―dijo sacando a Lina de su trance. Ella dejó el trapo encima del mueble y se acercó a Joseph cruzando la cortina al tiempo que él la tomaba de las manos retrocediendo a cada paso que ella daba. ―Quisiera enojarme contigo y me pregunto: ¿por qué no puedo hacerlo? ―Él se sentó sobre la cama y ella lo siguió. ―¿Por qué te enojarías conmigo? ―inquirió mirándola con ternura. ―No lo sé. Tal vez por el hecho de que me has ocultado algo muy importante desde hace dos meses que nos conocemos. ―¿Travis, te lo dijo? ―preguntó con evidente respuesta sin poder disimular la culpa que reflejaba en su rostro. ―No tuvo otra opción. Los desmayos, los mareos… ¿Por qué no me lo dijiste? ¿Por qué evades lo que está sucediéndote, Joseph? ―Porque ellos quieren que me someta a radiación y no quiero hacerlo. No ahora que te conozco. ―Joseph, puedes perder la vista ―señaló muy preocupada y dolida. ―Entonces aprovecharé para mirarte todo lo que pueda. ―No, Joseph. No quiero que me mires todo lo que puedas, quiero que me mires toda la vida; al menos mientras sea posible y tu corazón esté latiendo por mí. Tienes que hacerlo. ―No puedo, Lina. Lo lamento, pero no puedo. ―¿Por qué no? ¿Qué me estás ocultando? ―Nada, Lina. ―Vale, si no me quieres decir, no lo hagas ―dijo ella limpiando con su mano una lágrima y se levantó, pero Joseph la tomó de la mano haciendo que ella se sentara nuevamente―. Lina, espera. Hablemos de esto. ―¿De verdad quieres hablar? ―inquirió ella confundida―. ¿Ahora quieres hablar? ―Sí ―respondió decidido, y se acomodó colocándose más cerca de ella―. Adam me lo advirtió. ―¿Qué cosa? ―Que tenía que pensar en ti. En cómo esta estúpida situación iba a entrometerse entre nosotros. ―Joseph, no es algo estúpido, ¡es tu vida! ―Lina, no quiero pasar por esas radiaciones, quimio y todo ese lío… ―¿Entonces por qué te acercaste a mí? ¿Por qué haces que día tras día me interese cada vez más en ti hasta llegar al punto de enamorarme, Joseph? ¿Qué carajo supones que haré con mi vida si tú te mueres? ―preguntó con los ojos llenos de lágrimas. Joseph las limpió para posteriormente abrazarla, y sintiendo como Lina se aferraba a su cuerpo sin querer soltarlo. ―Algo se podrá hacer ―musitó. ―Joseph, si quieres que estemos juntos, tienes que buscar opciones y atenderlo ya. ―Lina… ―No vas a estar solo, te lo prometo. ―Es una linda forma de chantaje. ―Si sirve, entonces no me siento culpable por manipularte. ―Puedes manipularme todo lo que quieras, si te quedas conmigo ―dijo separándola de él para mirarla a los ojos―. No quiero que esto termine. ―Tu necedad hará que así sea. ―De acuerdo, lo haré ―dijo sonriéndole, ella iluminó su rostro confiando en su palabra. De pronto, el silencio que se formó en ese pequeño espacio los hizo acercarse más de lo que habían establecido. Joseph miró a Lina con tal alucinación que no fue necesario decir nada. Sus labios se atrajeron como imanes. Cuando menos acordaron, las manos de Lina acariciaban la espalda de Joseph bajo la camisa, mientras él dejaba besos por su cuello dejando que sus manos recorrieran leyendo con detalle cada centímetro de su piel, hasta que ambos se despojaron de sus prendas y terminaron fundiéndose en el amor que empezaba a florecer entre ambos. Era la primera vez que tenían intimidad desde que se conocieron, y en sus mentes se guardaría como el mejor recuerdo que la vida les podía dar. ―Lina, preciosa ―llamó Joseph al verla vestirse―. Gracias. ―¿Por qué? ―preguntó ella girándose a él mientras abotonaba su blusa. Joseph se levantó y colocó sus manos en las caderas de Lina atrayéndola hacia él. ―Porque sigues aquí ―Lina dejó los botones y colocó sus manos sobre el pecho de Joseph. ―No podría alejarme tan fácilmente, aunque quisiera ―dijo y ambos sonrieron antes de besarse―. Pero por ahora sí tengo que irme. Ginger va a volverme loca. ―¿Qué sucedió? ―preguntó al tiempo que Lina continuó vistiéndose. ―Es una idiota, es estúpida y lo que le sigue. Se relacionó con su jefe y no sé carajo piensan hacer. Antes de venir los dejé en el apartamento, espero que no se haya ido aún. ―Te acompaño, es muy tarde para que te vayas sola ―Lina sonrió y ambos terminaron de vestirse.
Free reading for new users
Scan code to download app
Facebookexpand_more
  • author-avatar
    Writer
  • chap_listContents
  • likeADD