Lina estaba completamente aturdida con lo que estaba sucediendo. Se preguntaba ¿quién era ese sujeto?
Dylan al ver las acciones de Ginger, se zafó molesto del agarre de Henry y caminó aleándose de ahí.
―Carajo, Ginger… ―masculló su hermano y regresó al bar.
―¿Estás bien? ―preguntó preocupada al hombre ayudándolo a ponerse de pie.
Dean asintió mirando con la misma ternura a su diosa nórdica, y colocó sus manos en las mejillas de la chica.
―¿Qué carajo está pasando, Ginger? ―cuestionó Lina parándose a un lado de ellos llamando su atención.
―Te lo explicaré, Lina.
―Es justo lo que estoy esperando.
―No podemos dejarlo así.
―Lina, un placer ―dijo el hombre golpeado extendiendo su mano en un gesto de presentación―. Soy Dean Montgomery.
―¿Dean Montgomery? ―cuestionó decepcionada de su hermana, y no ocultó su sentir al mirarla mientras estrechaba su mano con el hombre.
Ginger tenía la cara llena de culpa y vergüenza, pero Lina ya lo sabía con solo lo que había sucedido, no hacía falta explicar más.
Así que los tres caminaron al auto del hombre.
―Puedes tener alguna contusión, Dean Montgomery. Dame las llaves ―Él miró a Ginger y ella asintió, después le entregó las llaves a Lina.
Ginger subió con Dean a la parte trasera, y durante el camino, ninguno dijo nada. Al llegar al edificio, Dean maldijo para sí mismo al ver que se trataba del Holy.
Al llegar al apartamento, Lina buscó inmediatamente el botiquín de primeros auxilios, pero no tocó para nada a Dean, fue Ginger la que se encargó.
―Puedes curarlo y hablar, Ginger ―sugirió Lina esperando cruzada de brazos a que su hermana hablara.
―Lina, solamente sucedió. ¿Vale?
―¿Solamente sucedió? ¿Es en serio, Ginger?
―No es culpa de Ginger, Lina ―trató de explicar Dean.
―Pero por supuesto que es culpa de Ginger y tuya también. ¿En qué carajo estaban pensando? ―regañó.
―Entiende, Lina. Solo pasó.
―¿Y qué harás al respecto? ―preguntó a Dean.
―No lo sé aún ―respondió Ginger, pero Lina reiteró a quién iba dirigida la pregunta.
―No te estoy preguntando a ti, Ginger.
―Quiero a tu hermana, Lina. Mi situación ahora es complicada, pero quiero estar con ella y haré lo que esté a mi alcance para que así sea.
―Sí, bueno. Llegar y golpear a su novio no es una de esas maneras ―Dean hizo una mueca de disgusto al escuchar cómo Lina se refirió a Dylan.
―Lina ―intervino Ginger―. Dylan no es mi novio.
―Pero salen, es casi lo mismo.
―No es lo mismo. No hay un compromiso de por medio, únicamente salíamos y ya.
―¿Amigos con derechos? Parece que Dylan es el único que no lo sabe ―hizo notar, pero el timbre de su celular los interrumpió―. ¿Travis?
―Lina, sé que es tu día libre, pero ¿podrías venir al Betsy’s?
―¿Qué ocurre? ¿Faltó personal?
―No, nada de eso. Es algo más relacionado con Joseph.
―¿Él está bien?
―Será mejor que vengas al Betsy’s. Aquí te explicaré.
―Llego tan pronto como me ayuden las piernas. Gracias, Travis ―dijo preocupada y colgó para ir a su habitación por una chaqueta.
―¿Qué sucede, Lina? ¿Todo está bien? ―preguntó Ginger igual de preocupada.
―Espero que sí. Es Joseph.
―¿Te acompañamos?
―No, y esta conversación no se ha terminado. Así que espero encontrarlos cuando regrese ―advirtió y salió apresurada del edificio para caminar al Bety’s.
Una vez en el lugar, buscó a Travis.
―Travis, ¿qué sucede? ―cuestionó apresurada.
―Vamos, acompáñame ―pidió y ambos subieron al apartamento de Joseph.
Esa fue la primera vez que Lina pisaba el sitio, y le impactó un poco ver que había un desorden por todos lados.
Travis caminó hasta donde estaba la cama donde se encontraba Joseph profundamente dormido; era un espacio que se dividía del resto de la estancia con unas cortinas de cuentas de madera.
―¿Qué sucedió, Travis?
―Tuvo otro desmayo, pero esta vez fue aquí afuera del Betsy’s.
―¿Qué sucede realmente con él, Travis? Estoy segura de que tú lo sabes ―acusó y su jefe no tuvo otra opción más que asentir.
―Yo, esperaba que él te lo dijera, le correspondía hacerlo.
―Parece que no tiene muchas ganas de hacerlo, así que hazlo tú.
―Él… ―Tomó una bocanada de aire, y después lo dejó escapar―. Lina, a Joseph le detectaron un tumor cerebral hace aproximadamente tres meses.
―¿Qué? ―inquirió Lina sin poder creerlo.
Algunas lágrimas salieron de sus ojos, la voz se le quebró y las piernas le temblaron cuando volteó a ver el bulto cubierto de cobijas sobre la cama.
―¿Un tumor?
―Le ha provocado, mareos, desmayos, incluso le empieza a fallar la vista. Empeorará si no se atiende.
―¿Por qué no lo ha hecho?
―No lo sé, es un tipo testarudo. Luisa aún no lo sabe, está a un pie de parir y una noticia así podría afectarle, entiendo que por ese motivo Joseph no se lo diga aún.
―Carajo…
―Tengo que ocuparme allá abajo. Te llamé porque no quiero seguir tapando las estúpidas decisiones de Joseph, ¿podrías ayudarme y cuidarlo un rato?
―Sí, descuida. Yo me hago cargo.
―Gracias, Lina ―dijo Travis, y enseguida los dejó solos.