Preocupada

980 Words
—Entonces, ¿quieres salir, o nos quedamos aquí descansando? ―propuso Lina a Joseph esperando quedarse en el apartamento. —¿Estás cansada? —La verdad sí. Pero eso no quiere decir que quiera estar sola ―aclaró―. Aunque te ves cansado también. —Sí, lo estoy un poco ―admitió―. No me molestaría relajarme un poco. —Entonces, ¿Qué te parece si pedimos una pizza? —Me parece una excelente idea. —Ponte cómodo entonces —ofreció Lina pidiendo la pizza mediante una aplicación en el celular y tras terminar se sentó en el mismo sofá que Joseph. —Lina, lamento si te metí en problemas esta mañana —dijo Recargando su peso en un codo apoyado del respaldo del sofá mientras colocaba una pierna doblada bajo la otra quedando frente a ella. —¿En problemas? No entiendo. ¿Cuáles problemas? —Problemas con tu novio, el oficial —Lina estalló en carcajadas dejándolo confundido —¿Henry mi novio? Ja, ja, ja, ¿en verdad te di esa impresión? —Pues, ustedes dos discutían y pensé… —Y justo por esa absurda discusión, Henry no es mi novio ni por asomo. Me has hecho la noche, Joseph. —Al menos te hice reír y no enojar. Te veías muy molesta por la mañana. —Henry es un pretendiente, sí. No lo negaré, pero no me veo con él de ninguna manera. Es un gran chico, eso sí. Pero es posesivo, celoso… supongo que esa discusión dejó en evidencia su carácter. Me reclamó algo que no era de su incumbencia. No le competía hacerlo. Somos amigos nada más, pero creo que no lo entiende. —Tal vez no has sido muy directa con él. —No, créeme que lo he sido. Henry es una persona de un temperamento difícil, pierde el control con facilidad y eso me asusta. —Entonces, si él no tuviera ese temperamento difícil, ¿tendría oportunidad contigo? —¿Por qué me preguntas eso? —Tanteo terreno, si debo acercarme o alejarme —Es claro que alejarse no debería estar ni como una opción. —Entonces lo eliminaré de mi vocabulario para siempre. —Es lo mejor que puedes hacer. Digo, ese truco de caerte por la calle no te funcionará con nadie más, así que… Haber hecho todo eso para que al final te alejes. —Vale, entiendo. Igual pienso que debería inventarme algo nuevo. —Oh vaya, ambicioso el chico. —Un poco, sí —El timbre de la puerta los interrumpió. —La pizza llegó —anunció Lina mirando en su celular el aviso del repartidor y se levantó, pero Joseph se le adelantó. —No, Joseph… —Oh, no. Ya has puesto el apartamento, yo me encargo de la pizza —Se acercó a la puerta y abrió recibiendo la caja—. Quédate con el cambio, amigo. Gracias. —No era necesario —dijo ella. —Tranquila, está bien. Solame… —No terminó de hablar cuando perdió el equilibrio, pero logró sostenerse en la pared. —¡Joseph! —exclamó Lina al verlo y se acercó tan pronto como le fue posible—. ¿Qué sucede? —Tranquila, solo fue un mareo —justificó. —Dame eso —pidió ella tomando en sus manos la caja de pizza para dejarla sobre la mesita de centro en la sala y regresó a auxiliarlo—. No te encuentras bien, ¿necesitas algo? —No. No es nada —insistió dando un paso, pero volvió a sentir que el piso no era plano y volvió a recargarse en la pared, ella al ver eso tomó su mano. —Ven, vamos a sentarnos. Necesitas sentarte un momento —dijo enganchando su brazo al de él y caminaron despacio al sofá donde ella le ayudo a sentarse, después se levantó y fue por un vaso de agua—. Bebe un poco. —Gracias, Lina —dijo después de dar un trago dejando el vaso sobre la mesita y se recargó en el respaldo del sofá. —¿Estás mejor? —inquirió ella al verlo suspirar cansado, él asintió—. ¿Qué fue eso? —Solo fue un mareo, no es nada grave. Tal vez me levanté muy rápido o algo. —Dudo que haya sido por eso —opinó sentándose muy cerca de él, colocó su mano sobre la frente de Joseph, él miró justo como cuando la buscaba con la mirada la primera vez que la vio, y dejó escapar un suspiro—. No tienes fiebre… —Lina —llamó a la chica tomando su mano mientras que con la otra acarició su mejilla—, tranquila. No pasa nada. Fue un día duro de trabajo, estoy un poco cansado. Es todo. —Puedo llevarte a tu apartamento para que descanses entonces. —No. No necesito ir allá —aseguró con una tranquila sonrisa. —¿Estás seguro? —Claro, te dije que necesitaba una mejor estrategia y mira, funcionó ―bromeó con un tono simpático. —Si serás… —reclamó ella dándole un pequeño empujón con su mano, pero él rio protegiéndose instintivamente con las manos, al segundo intento de la chica por empujarlo, él la abrazó. Ella se quedó quieta, con el corazón latiendo tan rápido que, ella temía hacerse evidente. —Gracias, Lina. —Me has metido un gran susto —confesó ella correspondiendo el abrazo que curiosamente, a ninguno de los dos incomodó; ella relajó el cuerpo y recargo la cabeza en su pecho. —Debe ser el estrés —dijo sabiendo perfectamente que no era así. Pero no iba a arruinar una noche que pintaba ser una de las mejores en su vida—. Además, hay pizza. —Cierto —concordó ella y se separó de él para levantarse—. Iré por platos y gaseosa.
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