Toxico

1503 Words
―¡Madre mía! ―exclamó Mandy al ver a su compañera llegar puntualmente al trabajo―. Es por esto que el cielo va a caer a cántaros ―dijo asegurando una profecía. ―Mandy, no seas exagerada. Esta vez escuché la alarma, es todo ―dijo mirando a su alrededor buscando a Joseph, pero no estaba. Se colocó el delantal y se puso a trabajar. ―¿A qué santo le prendo una veladora? ―inquirió Travis con una sonrisa. ―A ninguno. No veo cuál es la novedad. No siempre llego tarde, ¿o sí? ―cuestionó mirando a sus compañeros, y todos coincidieron al encogerse de hombros y ella viró los ojos―. Todos, me caen mal. Su comentario los hizo reír, y entonces vio llegar a Henry que sabía cuáles eran las mesas de Lina. ―Hola, chicos. ¿Lo de siempre? ―preguntó al acercarse para atenderlos. ―Sí, Lina ―dijo Dylan―. Por favor. ―¿Y tú Henry? ―Tú sabes lo que quiero, preciosa. Y aún te resistes. Pero sí, dame lo de siempre. ―Ya vuelvo ―avisó y se retiró a la barra a dejar la orden, y entonces vio salir a Joseph de la cocina. ―¡Hey! ―saludó él dejándola realmente sorprendida, pues lo único que pasaba en la mente de Lina era lo perfectamente bien que se veía en su uniforme azul marino―. Y decías que la puntualidad no era tu principal virtud. ―No lo es. Pasa que tuve motivaciones anoche, y eso de recibir un: buenos días, de un nuevo amigo, me agradó. ―Entonces, buenos días ―Ella sonrió, y él suspiró. ―Logro superado. ―Lo conseguiste. ―¿Y a qué hora empieza tu turno? ―En una hora, me da tiempo de desayunar antes de irme. ¿Me sugieres alguna mesa en especial? No sé… una donde una chica hermosa con carita de ángel me atienda, ya sabes, de esas que se detienen a ayudar a desconocidos. No hay muchas por ahí en estos días. ―Te recomiendo elegir de la cinco a la ocho. ―¡Mesa siete, Lina! ―avisó Mickey colocando los platos a través de la ventanilla. ―Perfecto ―dijo él y preguntó a Mandy cuáles eran las mesas mencionadas y la chica se las señaló. Mientras Lina tomaba los platos en sus manos, Joseph se dirigía a la mesa ocho; un caos se avecinaba. O eso pensó ella al ver que Joseph estaba en una mesa después de la de Henry. ―Aquí tienen chicos ―anunció dejando los platos en la mesa frente a ellos, y vertiendo café en sus tazas. ―Gracias, preciosa ―dijo Henry. ―Lina, ¿cómo está Ginger? ―Quiero suponer que bien. ¿Por qué? ―Quedó en llamarme, pero desde ayer no sé nada de ella. ―Debe estar muy ocupada. Algo me comentó sobre que se haría cargo de esa casa ella sola, y solo tendrá ayuda de dos mujeres más. Tranquilo, que en cuanto tenga oportunidad te llamará. Y cuando lo haga, avísame cómo está. Es tan distraída que suele olvidarse de mí, a veces. ―Cuenta con ello. ―Bien, disfruten el desayuno, chicos ―deseó y se acercó a Joseph―. ¿Y ya decidió el joven qué desayunará? ―Pan tostado, huevos fritos, tocino y café ―dijo mientras ella anotaba todo en una pequeña libreta. ―Perfecto, los traigo enseguida. ―¿Así que ya eres amiga del sobrino de Travis? ―preguntó Mandy cuando Lina le entregó la orden a Mickey. ―Algo así. Es un sujeto muy agradable. ―Sí, muy agradable y se ve que no se anda con tantos rodeos. Pero ten cuidado con Henry. ―¿Por qué tendría que tener cuidado con Henry? ―Mandy posó una mano en la cintura y le hizo una expresión que decía: ¿En serio estás preguntando? ―Lina, sabes bien como es Henry. Anda detrás de tus huesitos desde hace un buen rato. Podría tomarse la presencia de ese sexy bombero como competencia. ―Sé cómo es Henry, y le he sido clara en todo momento, es él quien no desiste, ¿qué hago con eso? ―Ser más directa. ―Trataré, pero no sé de qué manera ser aún más directa. ―¡Mesa ocho, Lina! ―llamó Mickey y ella se acercó para llevar el plato a Joseph. ―Aquí tienes. Espero que lo disfrutes. ―Gracias, Lina. Ella sonrió y se retiró a hacer sus otros deberes. Un rato después los oficiales de policía se levantaron de su lugar dejando la propina sobre la mesa. Lina los vio y se acercó para recoger los platos. ―Lina, ¿puedo hablar un momento contigo? ―solicitó Henry antes de salir. Ella asintió y caminó con él fuera del restaurante. Joseph no dejó pasar el detalle, por lo que la siguió con la mirada. ―¿Quién es ese sujeto? ―preguntó recargando sus manos en la fornitura de su pantalón, Lina comprendió, pero se indignó al ser cuestionada por lo que se cruzó de brazos―. ¿El bombero? ―recalcó al ver que Lina no respondía. ―Es el sobrino de Travis, ¿de eso querías hablar? ―Por supuesto. Te mira como un perro sin dueño. ¿Hace cuanto lo conoces? ―Eso no es de tu incumbencia, Henry. ―Por supuesto que sí, Lina. Me preocupas y hay mucho imbécil en el mundo. ―Él no es un desconocido, es sobrino de Travis. ―Eso no lo deja exento para desconfiar de él. ―Henry. Escucha las locuras que dices. Soy libre de hablar y conocer a quien se me dé la gana. ¿Qué carajos te sucede? ―¿Qué me sucede? Lina, tengo meses conociéndote, invitándote a salir y no haces otra cosa más que rechazarme. ―Es esto ―señaló ella molesta―. Justo esto, Henry. Yo no necesito este tipo de toxicidad en mi vida. ―¿Me estás diciendo tóxico? ―¿Ya te viste como me estás tratando? No somos más que amigos y ve las escenas que me vienes a montar. Joseph miró su teléfono y vio que se le hacía tarde, por lo que se levantó y dejó el pago de su desayuno, así como la propina sobre la mesa y se retiró. Lina estaba enfrascada en su discusión con Henry, que ni siquiera se dio cuenta cuando Joseph salió del restaurante escuchando parte de la conversación. ―Lina ―dijo con más calma y se acercó a ella, pero Lina retrocedió en señal de que no se le acercara. ―No necesito esto, Henry. En serio. Eres demasiado celoso y los celos van de la mano con la inseguridad. No necesito a una persona que desconfíe de mí. ―Henry ―llamó Dylan al recibir un reporte por radio que tenían que atender―. Tenemos un reporte, hay que irnos. Henry no dijo nada, pero su rostro mostraba impotencia porque tenía que irse, y no quería dejar la discusión con Lina de ese modo. ―Tengo que irme ―dijo y Lina suspiró con exasperación y regresó al restaurante para encontrarse con la sorpresa de que Joseph se había ido. Cuando el turno terminó, Mandy se quedó a cubrir y Lina con un poco de decepción se retiró a casa, pues deseaba encontrarse con Joseph nuevamente. Sus días estaban convirtiéndose en lo que eran antes de que su hermana volviera con ella. Solitarios y aburridos. Con demasiado tiempo para pensar en lo que no estaba haciendo con su vida. Tenía intención de llamar a Ginger, pero no lo hizo tras ver un mensaje de ella diciéndole que estaban organizando muchas cosas, y que no se preocupara, todo estaba bien. Lina se acercó al refrigerador y lo abrió para sacar una botella de agua. La abrió y le dio un sorbo para después encaminarse a su habitación dejando la botella en la mesa de la cocina. Entonces su celular comenzó a sonar y aunque era un número desconocido, respondió. ―¿Hola? ―Creí que no me responderías ―dijeron al otro lado de la línea, pero ella reconoció inmediatamente la voz. ―¿Joseph? ―Hola, Lina. ¿Estás ocupada? ―No, para nada. Voy llegando del trabajo. ¿Tú qué tal? ―Igual, camino a casa. Pero me preguntaba si podía verte. ―Eso… eso sería genial. ―¿Paso por ti? ―¿Sabes a donde venir? ―Travis. ―Por supuesto… eso pensé, Travis. Bien. Te espero. ―Excelente. Cuando Lina colgó, se acercó a su closet para buscar ropa qué ponerse, pero los golpes a su puerta le hicieron dar un brinco y el corazón latir como loco. ―Eso fue rápido ―dijo sorprendida al abrir la puerta. ―Estaba cerca. ―¿Quieres pasar? ―invitó y él sonrió.
Free reading for new users
Scan code to download app
Facebookexpand_more
  • author-avatar
    Writer
  • chap_listContents
  • likeADD