Ya habían sucedido tres meses después del viaje que hicimos mis amigos y yo. Esta vez quisimos realizar una fiesta en la casa de Paolo, este tenía días insinuando cosas, como propuestas indecentes y demás. A él como a todos yo los miraba de igual forma, para mi eran y serían mis amigos. El problema es que siempre existía un amigo que quería otra cosa. Paolo era muy insistente, mujeriego y demás. Yo había llegado a la casa de Paolo y fui la última en llegar, esta vez estuvieron algunos vecinos de Paolo. Teresa cuando se percató de mi presencia llegó hacia mí.
—¡Mariel ya llegaste!
—Sí Teresa. Veo que viniste con el baboso de tu hermano —le dije decepcionada.
—Él desde que supo quiso venir, insistió tanto... Ya ves. Además él se lleva bien con los demás.
—Pero a mí me cae fatal —rodé los ojos.
—Mala. Dale una oportunidad.
—¡¿Estás loca?!
—Mariel mi hermano es bueno. Y es si lo deseas. Si no ni modo que no puedo obligarte.
—Tu hermano solo buscar calentarme las sabanas y ya. Satisfacer sus deseos carnales, ¿te parece poco?
Ella hizo una mueca como indecisa.
—Ven vamos hacia la otra sala, adivina quien vino —dijo ella emocionada.
—No voy a ir, hasta que tú me digas quién es que está en la otra sala.
—Es una sorpresa.
—Esta bien —me rendí yo no quería ir, esos tipos de sorpresas como que no me agradaban.
Le seguí los pasos a mi amiga, mientras yo iba saludando a los demás que se encontraban, dejé que Teresa avanzara sola y me quedé saludando a unos cuantos. Cuando vi que ya era suficiente, me movilicé rápidamente hacia donde mi amiga se había ido, la busqué con la mirada y justamente vi quien era la sorpresa. Avancé hacia ellos tranquilamente y no se percataron de mi llegada, solo cuando yo hablé.
—Hola Luis —lo saludé a él.
—Hola Mariel, ¿cómo te va? —extendió su mano para saludarme y yo correspondí a su saludo.
—¿Y ustedes? —les pregunté.
—Aquí igual que tú —me respondió Teresa.
—Vaya —dije.
—Yo me retiro, los dejo aquí tranquilos disfruten de la fiesta, nos vemos luego —con esto dicho Teresa me había dejado con Luis.
—Pero que... —pausé mirando como Teresa se alejaba.
Vi como Leonardo un vecino de Paolo, me sonreía maliciosamente y yo sabía que significaba esa sonrisa, movilicé mi mano derecho y le enseñé mi dedo del medio, entonces este se apartó de donde se encontraba y llegó hacia mí con todas las intenciones del mundo supuse.
—Mariel —pronunció cuando estuvo al frente de mí, luego sonrió—. ¿Qué hacemos hoy?
Alcé una ceja.
—¿Qué harás tú será mejor?
Se metió las manos en los bolsillos y me miraba de arriba a abajo.
—Estas linda —se detuvo a mirarme a los ojos.
—Cochino —le recriminé.
Él aún sonreía.
—¿Quieres probarme? Verás que nunca te olvidarás de mí.
—Lamento informarte de que no ando buscando con quien pasar la noche y menos ando en calor.
—Tú me pones bien caliente nena, no te imaginas las ganas que te tengo.
—¿Y a mí que me importa?
—Vamos pruébame y nunca me olvidarás —insistió Leonardo.
Rodé los ojos, ya yo me estaba aburriendo y cansando de lo mismo. Este tipo ya estaba en otra órbita y yo necesitaba quitármelo de encima.
—Déjame en paz pervertido.
—Vamos muñeca, yo seré tu amante bandido. ¿Qué me dices?
—Mi respuesta es no y seguirá siendo no, así que ni insistas. No me molestes deja de molestar impertinente. Búscate una yegua será mejor.
—Conviértete en mi yegua.
—Estás verdaderamente loco Leonardo.
Él me lanzó un beso y yo me quedé pensativa mirándolo para ver hadta donde él iba a llegar.
—Loco me tienes desde siempre, Mariel —se fue acercando a mí lentamente y en seguida mi alarma de huir se me activó.
—No te me acerques —le advertí yo a él.
Él seguía aproximándose a mí mientras se reía.
—¿Qué pasa Mariel? ¿Tienes miedo? —se echó a reír y se detuvo—. ¿Qué piensas de mí ilusa? ¿Acaso crees que voy hacerte daño? Olvida todo pensamiento negativo de mí, es más tú me aburriste la noche, me voy —rodó los ojos y se marchó.
Respiré al ver que él se había marchado y pude volver a prestarle atención.
—Luis disculpa es que aquel canalla —me disculpé con Luis.
—Descuida, no es nada. Él sólo estuvo jugando con tu mente.
—Bastante desgraciado que es. Ya ni quiero estar aquí.
—Si quieres te llevo para tu casa —se ofreció Luis.
Lo estuve meditando por unos segundos y tomé la decisión de aceptar su proposición, entonces decidí hablar.
—Está bien llévame para mi casa, espero que no sea una molestia.
—No, para nada. No te preocupes. Vamos te acompaño.
Nos movilizamos ambos y decidí irme por la parte de atrás así yo no llamaría la atención, nadie podría detenerme. Yo le estaba huyendo a varias personas que se que me iban a molestar. Luis me llevó en su auto y por el camino íbamos conversando, teníamos mucho que no conversábamos, él me dio su número de contacto para seguir en comunicación. Detuvo su auto en frente de mi casa y pudimos conversar un poco más.
—¿Puedo venir a visitarte?
—Por supuesto.
—¿Sin ningún tipo de problemas Mariel?
—Claro. No tengo perro que me pise.
—Que bueno. Sabes... Me gustaría que tu hermana me explicara algunas cosas, sobre lo que yo te había dicho.
—Pues si quieres entra ella se encuentra y por mis padres no te preocupes ellos no son celosos con nosotros.
—Mejor otro día.
—Como quieras, hasta luego —me despedí de él.
—Igualmente Mariel.
Me movilicé para abrir la puerta del auto y bajé de él rápidamente, pero cerré la puerta demasiado duro. Me imaginaba que estaría pensando él. Permanecí ahí parada hasta que vi que el auto se había desaparecido de mi amigo. Y observé hacia el horizonte, pero al yo ver un lobo que salía de un arbusto hizo que me movilizara rápido hacia mi casa.