Casualmente una noche escuchaba unos aullidos de un lobo, yo me encontraba en mi habitación, entonces me asomé hacia la ventana de mi cuarto para observar de donde provenía. Giré mi cabeza por todos lados observé a un lobo en la parte trasera de mi patio, mi loca iba yo a bajar, este animal al verme corrió hacia mi dirección y quedó observándome desde abajo. Algo me decía que yo conocía ese lobo, de un momento a otro se convirtió en hombre y mi cara de sorpresa aumentó cuando vi que era Ronald. Este me sonreía y vi que introdujo una mano en el bolsillo derecho y de ahí sacó algo así como si fuera una tarjeta o carnet.
—Disculpa Mariel por venir a tu casa, pero el día que estuviste en el campo con tus amigos olvidaste o perdiste tu identificación.
—¿En serio? Yo no me acordaba de mi identificación. Pensé que yo lo tenía.
—Aquí está ven a buscarlo.
—Muchas gracias voy en seguida.
Entonces me movilicé rápidamente hacia donde se encontraba Ronald. Durante el trayecto me aseguré de que no estuviera nadie mirando. Llegué hacia él con seguridad.
—Aquí tienes —me dijo entregándome el documento.
—Muchas gracias —volví y le agradecí.
Pero no podía permanecer por mucho rato mi mirada sobre él, porque yo pensé que me iba a desmayar. Ese tipo me ponía sumamente grave.
—Misión cumplida, me retiro. Pasa buenas noches —se despidió él y se marchó.
Volví a irme hacia mi habitación recordando a Ronald. El siguiente día Teresa había pasado por mí, ella quería que yo fuera para donde una feria con ella. Acepté porque no quería quedarme aburrida en casa, una vez en la feria pudimos comprar algo para comer y nos ubicamos en un centro de comida donde vimos a Paolo y a Yesther allí. Ambos al vernos nos invitara sentar con ellos, pero primero compramos algo.
—¿Qué hacen ustedes aquí? Estoy celoso —se expresó Paolo.
—Deja de molestar inútil —le dije yo.
—Esperen caramelos, nuestras novias no pueden andar así por así en el mundo —pronunció Yesther.
Yo lo miraba con ganas de matarlo, en serio que él se atrevía a decir todo eso.
—¡Ustedes están locos! —exclamó Teresa—. Nos van a espantar los futuros ligues con esa actitud que ustedes tienen.
—Idiotas —les dije mirándolo a los dos—. Busquen novias a ver si consiguen.
—Pero son ustedes —contestó Paolo.
—Estamos celosos —dijo Yesther.
—A mí no me importa lo que ustedes digan, si encuentro a alguien que me guste obvio que yo le voy a hacer caso, así que dejen de molestar —les aclaré aunque en verdad ellos lo decían en broma, cualquier persona, lo podría considerar como una verdad.
—Estamos celosos —volvió a repetir Yesther y rodé los ojos.
—Hablando en serio chicos. ¿Ustedes no piensan vivir algo así como romántico? —interfirió Teresa y luego escuché un suspiro de su parte.
Me giré hacia ella para mirarla, yo quería decirle algo, pero me detuve. A escuchar lo que aquellos inútiles iban a contestar.
—En estos tiempos, nadie tiene tiempo para el amor —comentó Paolo.
—Hoy en día se vive el momento y ya. Si aparece una oportunidad para amar, se toma, y sino no. El sentimiento no se puede forzar —se expresó Yesther
Tenía razón Yesther, el amor no se podría forzar, ellos solían ser muy mujeriegos y no les interesaba nada en el plano romántico.
—Teresa no sé para qué quiere hablar con ellos con respecto a estos temas, estos amigos tuyos son dos yeguas —le comuniqué a Teresa.
—Lo sé Mariel. Pero nadie sabe. Algún día ellos van a conocer el amor.
Pudimos conversar un poco hasta el cansancio, luego nos movimos hacia la multitud, estábamos observando a algunos payasos haciendo piruetas de un momento a otro sentí el toque de alguien a mi espalda, me giré y me topé con una sorpresa, vi a Ronald en frente de mí, este aún sonriendo como siempre.
—¿Tú aquí? —le pregunté incrédula.
—Que casualidad encontrarte aquí.
Pero entonces la voz de alguien interfiriendo hizo de que yo entrara en razón.
—Hey, esa es mi novio —dijo Paolo, luego me acercó para abrazarme.
Yo obviamente me enojé muchísimo con él. Ese estúpido interfiriendo en mis planes. Ronald observaba todo extrañado.
—Apártate de mí imbécil —le dije a Paolo furiosa—. Y no esté hablando mentira.
Paolo se apartó riendo.
—Vaya, que fuera —comentó Paolo.
—Ya te lo he advertido desde hace poco, lárgate de mi vista —le dejé bien en claro Paolo.
—¿Es una amenaza? —cuestionó Paolo.
—Tómalo como tú quieras —le respondí yo él.
Me incliné a observar a Ronald que se encontraba muy atento hacia mi pequeña discusión con mi amigo.
—Descuida es normal entre nosotros —le aclaré a Ronald.
—¿De verdad? —me preguntó él—. Ustedes tienen una manera muy peculiar de como llevarse.
—Sí por eso somos amigos —pronunció Yesther—. Y disculpa a mi amigo es una manera de como molestar a Mariel.
Ronald asintió.
—Ustedes por todo hacen un escándalo —comentó Paolo finalmente.
—Pedazo de inútiles —pronuncié.
—Se te está saliendo lo mal educada Mariel —me dijo Yesther.
—Ustedes me provocan —le respondí.
Una escena así podría ser normal entre nosotros, pero que lo hicieran frente a Ronald era algo que meramente me importaba. A mí si me importaba él y no quería ver que ninguno de mis amigos cometieran alguna estupidez.
—Vámonos de aquí —sugirió Yesther.
—Vamos —dijo Paolo.
—Vamos y el amigo de Mariel podría ir con nosotros —comentó Teresa.
—Yo estaría encantado —pronunció Ronald.
Por lo menos ya había bajado el aire inoportuno de los chicos, Ronald entendió la situación y decidió compartir con nosotros fue algo que meramente me gustó, iba a conocerlo mejor pero aún con dudas, él era un desconocido, yo tenía que tener cuidado con lo que yo hacía.
—Que día el de hoy, por lo menos en la gran parte del día no hubo discuciones tontas —le comenté a Teresa casi retirándonos de la feria.
—Siempre hay una primera vez —dijo Teresa.