Alicia Holmes
— Amiga es viernes, que dices si salimos a bailar. — Me dice Treicy cuando ya terminamos todas las clases del día.
— ¿No dijiste que tu padre está grave?, deberías quedarte con él. — Le digo tratando de ser considerada, aunque la idea de salir me gusta, total, quien sabe cuantos días me queden libres antes de que mi amado esposo aparezca y arruine mi vida.
— No seas aburrida, mi padre es un hueso duro de roer, no hay de que preocuparse por ahora. Anda vallamos. — Ella es extrovertida y amante de las fiestas, siempre dice que desearía encontrar un hombre que ame bailar tanto como ella.
— Bien, ya que tú no tienes problemas, yo tampoco, vallamos a divertirnos esta noche. — Le dije segura y ella se puso feliz. Ajustamos la hora y nos despedimos, me dejó en casa y camine casi corriendo a mi habitación, no quería encontrarme con mi madrastra y que empezará con sus reclamos o a recordarme el lío en el que me había metido. Dormí un rato antes de levantarme a terminar algunas cosas de la universidad, cene en la habitación y luego me dispuse a ponerme guapa para esta noche, esta noche en la que debería estar feliz por mi boda y nerviosa porque tendría mi noche de bodas y al fin sería desvirgada, partida en dos por la espada de mi amado esposo. Pero como no tenía tanta suerte, iría a celebrar a un bar con mi mejor amiga. Paso por mí a la hora pactada y como si me estuviera vigilando Graciela estaba en la sala.
— No puedo creer tu desfachatez, que crees que va a pensar el señor Vitale si se entera de que su esposa es una libertina. Alicia por favor no pongas en riesgo el trato.—Rodé los ojos, a ella lo único que le importaba era el trato.
— El señor Vitale, es un cabrón de mierda, díselo cuando lo veas, en cuanto al trato, ya yo firme, así que ahora debe cumplir él, deja de preocuparte. Ahora déjame ir a divertirme, déjame celebrar que estoy casada con un fantasma. — Sin más, salí dejando a una molesta y encabronada Graciela.
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En la disco...
Nos acercamos a la barra y pedimos un shot, luego una bebida de coctel, Treicy me dice que busquemos un lugar y caminamos hasta encontrar uno, un chico la sacó a bailar, me quedé en la mesa, de un momento a otro empecé a sentirme observada, miré a todos lados y al darme cuenta de que no era nadie, lo ignoré, no sin antes pensar en el nombre de mi esposo. Tome toda mi bebida de un solo tirón y fui a la pista a bailar, creyendo en que el maldito fantasma no iba a arruinar mi noche. Sintiéndome dueña de la pista, moví mis caderas al ritmo de la música, alce mis brazos y baile como nunca.
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Mauricio Vitale
— Vayamos al palazzo esta noche, celebremos que eres un hombre casado. — Rodé los ojos por el comentario, yo queriendo olvidar el asunto y seguir mi vida normal y él recordándome a cada rato el hecho.
— Vayamos, pero no a celebrar nada, solo un par de tragos, quiero ir a ver a Luna. — Arrugó la cara cuando escucho el nombre de mí "amiga", él no la soporta, dice que me traerá problemas, que no se cree el teatro de chica buena y comprensiva que monta.
— Como quieras, supongo que no tengo nada más que decir, sabes lo que opino de esa mujer, verás que saca las garras apenas dejes de ponerle atención. — Sonreí y le mandé un mensaje a la susodicha. Un par de horas más tardes ya estábamos en una de las salas Vip del lugar, el cristal polarizado me deja ver toda la pista y parte del sitio, desde arriba me siento como el rey. Dos copas y cuando intento hablar para decirle a Andrés que ya me voy, la puerta se abre y entra Lucían. Se me acerca y me habla al oído, mi rostro se oscurece y me levanto para observar lo que va a mostrarme.
Mi esposa de ojos celestes, hermosa y virginal, creo. Está en medio de la pista de baile contoneando su cuerpo al ritmo de la maldita música y muchos, pero muchos animales rodeándola, mis puños se aprietan a los lados de mi cuerpo, me mantengo callado y con el ceño fruncido, veo todo el espectáculo hasta que un osado se acerca a ella, la toma de las caderas, ella lo deja y empiezan a bailar. A ese punto la vena de mi frente quiere explotar.
— No dejes salir al maldito que está tocándola de este lugar sin antes darle una paliza y decirle que manda a decir el diablo que la próxima vez que toque a una mujer ajena le quemo las manos. — Mire a Lucían con la mirada oscurecida, metí las manos en mis bolsillos, luego miré a Andrés que estaba muy tranquilo fumando un cigarrillo, inhala y suelta el humo con tranquilidad.
— Quiero la casa para mañana mismo y a mi esposa dentro de ella antes de que el sol se oculte, ¿Estamos? — Asiente y no dice nada. Me da miedo cuando calla sus opiniones, sé que solo observa mis actitudes, me analiza y cuando se decide a hablar, no puedo evitar escuchar toda la lluvia de verdades que dice.
Vuelvo a poner mi vista en la pista y ahora hay dos tipos con ella, antes de que decida decirle a Lucían que la saque del lugar, llega una chica, la toma de la mano y se sientan a tomar sus bebidas.
Esto va a ser más difícil de lo que esperaba, ¿Cuándo a mi me a importado lo que una mujer haga? Me desconozco, este instinto de protección y de control, no es parte de mi, quiero rechazarlo pero no puedo, no quiero que nadie la toque, ella es mi esposa, mía, sus ojos solo deben verme a mi, ¿que me esta pasando.
— Lucían, sirve un trago para mi. — Siento que lo necesito y que solo el amargo y fuerte sabor me hará despertar de esta jodida pesadilla, ¿Estoy celoso? recibo el trago y lo tomo de golpe. —Lucían, Vigila que llegue sana y salva a su casa. — Es lo último que digo antes de abandonar la sala.
Me voy directo a mi casa, ya estuvo bueno de este día de mierda, necesito descansar. Me ducho, me coloco solo un bóxer y me meto entre las sabanas, cierro mis ojos y mis pensamientos se vuelven imágenes, esos ojos celestes, esa boca rosa, esos labios hinchados y apetecibles. 《Alicia, Alicia 》 Es todo en lo que pienso antes de quedarme dormido.