—Por favor, Lisset, te pido que cualquier comunicación que el señor Jesús quiera tener con mi esposa, debe tratarla conmigo. Porque, a partir de ahora, yo me encargaré de los inversionistas y cualquier persona que quiera entrar al edificio debe tener la autorización de presidencia o vicepresidencia. Gracias, Lisset, te vamos a compensar doble hasta que logre tener una asistente competente. No quiero ser injusto, puesto que vas a trabajar con los dos. Obvio, si estás de acuerdo, será tú mismo horario, no me gusta abusar del personal. —Muchas gracias, señor, y tranquilo, con gusto trabajaré para los dos. Solo que no sé mucho de su giro de negocios, le pido un poco de paciencia hasta que logre tomar el ritmo apropiado. —Tranquila, yo te apoyaré y, si te gusta más mi negocio, le robaré la se

