Narra Elira El reloj de la cocina marcaba las diez de la mañana y mientras yo cocinaba huevos revueltos, mi corazón no dejaba de doler. Ni siquiera había podido dormir en toda la noche, y al parecer Salvatore sí que pudo hacerlo. Después del rechazo de anoche, no pude pegar el ojo, es tanto así que todavía a las cuatro de la mañana estaba yo con los ojos como dos bombillas, porque lo que me había hecho no tenía nombre ni apellido, había sido cruel y muy injusto. Si sabía que no quería nada conmigo, ni haríamos nada, ¿para que se puso a tocarme? Desde que fui por él, debió rechazarme y no esperar a que estuviera a punto de venirme. Yo que juraba que él deseaba nuestra unión tanto como yo. Pero no, tan solo me demostró que él puede hacer lo que quiera conmigo, sin sentir

