Hasta el fin del mundo.

2115 Words
Desde aquella noche, Santiago y yo hemos frecuentado bastante. Incluso, tomé el hábito de esperarlo durante el ateneo hasta terminar su entrenamiento. Luego, me acompañaba a casa. El sol ya se había ocultado en el horizonte y dejaron de oírse el canto de las aves que regresaron a su nido debido a la oscuridad que inundaba el ambiente; es entonces cuando, mientras estoy tendida en la cama de mi habitación y oyendo algo de música, el tono de llamada comienza a sonar. Observo el contacto y veo que es el de Santiago. —¿Hola? —Hola, Dalila. ¿Tienes planes para mañana? —Eh, no en realidad. ¿Y tú? —Tengo unas entradas para una película en el cine. ¿Te gustaría ir? —Ah, sí. Claro. Estaré libre. —Está bien. Te recogeré a las tres de la tarde. —Te esperaré —cuelga. Eso fue rápido. Siempre me he sentido cómoda a su lado, así que no tengo inconveniente en aceptar sus invitaciones. Cuando describían a Santiago como un chico tímido y de poco hablar, no podía estar menos de acuerdo. Desde el principio, se ha mantenido abierto y no ha tenido problemas para comunicarse. Al menos, esa es su manera de ser delante de mí. Es probable que nadie haya sabido cómo acercarse a él, a excepción de Diego. Se lleva estupendo con sus compañeros de clase y con su equipo de vóleibol; sin embargo, Diego es su único mejor amigo. Quizás, yo también sea la única mejor amiga que ha tenido. Al siguiente día, me alisto para nuestra ida al cine. Diez minutos antes de las tres de la tarde, Santiago pasa a recogerme con el coche. Una vez que me notifica que ha llegado, salgo de la casa y me aproximo al auto, subiendo al asiento del copiloto. Me siento un poco abatida al ver que se ha esforzado mucho por arreglarse, luce realmente genial; en cuanto a mí, me puse lo primero que hallé en el armario. —Guau, qué guapo —suelto—. Si me hubieras dicho, habría escogido algo mejor —gimoteo. —No te preocupes. Todo lo que vistes te queda muy bien —expresa. En serio, ¿porqué se refieren a Santiago como un chico "tímido"? ¡Siendo que dice este tipo de cosas sin inmutarse! ¡No tiene nada de tímido! Me ruborizo al escucharlo y no puedo evitar sonreír, manteniendo la mirada hacia la ventana. Recuerdo aquel plan fallido, el paseo que habíamos hecho junto con Diego. Santiago debía fingir sentirse mal y marcharse; sin embargo, Diego se nos adelantó. Se fue, y nos dejó solos. "A decir verdad, estás muy hermosa hoy, no quiero que todo tu esfuerzo se desperdicie." Había sido la primera vez que Santi me habló de esa manera, y nunca lo olvidaré. Con ese pensamiento latente en mi cabeza, llegamos al cine. Compramos un combo de palomitas y una soda, después ingresamos al salón y nos ubicamos en nuestros respectivos asientos. La película a ser transmitida se llama "It", del género terror, con una duración de una hora y media. Al terminar la función, salimos del lugar y nos encaminamos a un local de comida rápida. Nos sentamos en una de las mesas y ordenamos unas hamburguesas. —¿Qué te pareció la película? —pregunta. —Estuvo genial. ¡Me encantaron los personajes! Oh, también la trama... —expreso, a lo que desata una risa. —No me digas que te enamoraste del chico protagonista —señala con sarcasmo. —Pues, no tendría nada de malo, era muy atractivo —carcajeo. —¡Ese no es el punto! Continuamos platicando e intercambiando opiniones acerca de lo que habíamos visto entre pequeñas risas y toques de humor. A nuestro alrededor, se van amontonando más personas. Las voces incrementaban hasta que, de pronto, todo el local se encontraba repleto. —Tal vez deberíamos irnos —sugiero. —Hay un sitio al que me gustaría llevarte, ¿aceptas? —plantea. —¿Qué sitio es? —pregunto con curiosidad. —Lo sabrás una vez que estemos allí. —¡No es justo! ¡Quiero saberlo! —hago berrinches. —No seas impaciente —sonríe—. Si te lo digo, no será una sorpresa. —Está bien —accedo a regañadientes. Salimos del lugar y nos acercamos al coche para subirnos en él. Luego de conducir durante unos largos minutos, dejamos el auto en un estacionamiento. Al bajar, puedo oír el sonido de unas olas. En este momento, nos encontramos en un sendero cerca del río. El viento fresco golpea mi rostro y hace un alboroto de mi pelo, el cual ha crecido y se halla a nivel de mi hombro. Hay personas quienes vienen a pasar el rato trayendo consigo algunos bocadillos o bebidas para compartir. De pronto, Santiago se sitúa a mí lado. —Nunca antes había venido aquí —expongo. —Esta ciudad es inmensa, hay demasiado por conocer. Si quieres, puedo mostrarte —propone. "Me encargaré de mostrarte todo lo bello de este lugar, tiene mucho que ofrecer." Diego... Debo aceptarlo de una vez, que él ya no forma parte de mi vida. No puedo seguir recordando el pasado en cada fragmento de mi día a día, es deprimente. —Claro, me encantaría —expreso. —Entonces, escogeremos una fecha en la que ambos estemos libres —indica, a lo que asiento con la cabeza. —Me agrada este lugar. Aire puro y limpio, el sonido de las olas, las luces de los faros iluminando el camino... Definitivamente, es un sitio de ensueño. El silencio se apodera de nosotros por unos segundos, mientras que aprovecho para dejarme llevar por la paz que me transmiten las aguas. —Dalila, ¿cómo está tu corazón? —pregunta. ¿Acaso se refiere a lo sucedido con Diego? —Pues... Bien, creo. Es decir, la herida aún no ha sanado en su totalidad, pero poco a poco voy a lograr cicatrizarla. —Me lo imaginé. Siempre tuve en claro que eres una chica fuerte y que superarías cualquier daño u obstáculo. Como te lo había dicho, me alegra ver que estás mejorando. Le brindo una tierna sonrisa, denotando mi gratitud por demostrar tanto interés y preocupación hacia mí. —Eres muy atento —suelto. —Por cierto, tengo una pregunta para ti —agrega. —¿De qué se trata? —¿Has considerado... Volver a enamorarte? Arrugo los labios y cierro ligeramente los ojos, como pensando en su cuestionamiento. —Um... Bueno, soy muy joven así que... Estoy segura de que alguna vez sentiré de nuevo aquella sensación. Es un sentimiento bonito, no quiero evitarlo ni impedirlo. Sin embargo, no deseo volver a forzar a alguien a quererme, deseo que me quiera genuinamente y que luche por mi amor. Quizás, el principio del problema fue que Diego no me amaba y nunca quiso hacerlo. Desde el inicio, se negó a relacionarse conmigo una vez que comprendió lo que sentía por él. Probablemente, habríamos tenido una mejor historia si nos hubiésemos convertido en amigos solamente. Pero fui caprichosa e insistí. —Es bueno escuchar eso. No faltará el hombre que se dé cuenta de lo valiosa que eres e irá por ti sin que tengas que llamar su atención o hacer algo en especial para conquistarlo, uno que querrá cuidarte y protegerte, y nunca se atrevería a hacerte daño... Como yo, por ejemplo. Giro la cabeza hacia su dirección, incrustando la vista en él. Lo noto serio y quieto, pero con las manos temblorosas, motivo por el cual deduzco que no está bromeando. No consigo pronunciar palabra, no me sale la voz. Jamás había pensado en que Santiago podría sentirse de esa manera. —Me costó mucho decir esto. Di algo, por favor —expresa. —E-Eh... Inhalo y exhalo ruidosamente, no tengo idea de qué responder. —Quería esperar más tiempo para hacértelo saber, pero me di cuenta de que el reloj está en mi contra, así que no puedo dejar pasar un segundo más —añade. —Santi... —Empecé a sentirme atraído hacia ti incluso antes de que Diego y tú comenzaran una relación —confiesa—. Me gustaba tu compañía y escucharte hablar, pero lo que más cautivaba era el hecho de que siempre pude ser yo mismo contigo. En tan poco tiempo, nos hicimos amigos cercanos y la confianza entre nosotros acrecentó, volviendo a este sentimiento cada vez más fuerte. Mi corazón palpita con fuerza y se me eriza la piel. Definitivamente, es una declaración de alguien que no esperaba ni imaginaba. —Pe-Pero, ¿y Paloma? ¿No es ella a quien quieres? Además, ¡me apoyaste cuando te pedí que me ayudaras con Diego! —estoy realmente confundida. —Paloma es... Un amor del pasado y sin frutos, no tiene caso seguir estancado en una ilusión. En cuanto a Diego, quise ayudarte porque era el chico que te gustaba. Anhelaba hacer algo por ti —explica—. Reconozco que, cuando Diego nos dejó solos en aquel paseo, la pasamos tan bien que me llené de esperanzas; sin embargo, todo eso se derrumbó en el instante en que te vi tan molesta cuando descubriste que él intentó acercarnos como pareja. Entendí que no podrías quererme como yo lo hacía, así que lo único que me quedaba era brindarte mi apoyo. No sé qué pensar. De algún modo, me siento culpable por no haberlo notado. —Lo siento, Santi... —No te disculpes, por favor. No era tu obligación adivinar lo que habitaba dentro de mí. Santiago. Es la persona con el alma más noble que he conocido. Tuve tanta suerte de encontrarlo y de que permaneciera a mi lado; incluso ahora, me siento privilegiada al saber que soy la dueña de su corazón. ¿Estaría mal darme una oportunidad? O mejor dicho, ¿estaría mal darme una oportunidad con Santiago? Es el mejor amigo de mi ex-novio, el chico que he amado tanto... Pero, ¿y qué? Entre él y yo ya no existe nada más, ¿porqué debería seguir jurándole lealtad? Además, a Diego no le tembló la conciencia para engañarme con mi mejor amiga, ¿porqué pensaría en él para tomar una decisión? Santi nunca me ha defraudado, y aunque no puedo afirmar que jamás lo hará, soy capaz de tomar riesgos, porque se trata de él. —Tú... Tú sabes que no tengo mucho tiempo aquí —asevero. —Iré contigo a donde vayas —declara—. No importa si es al otro lado de la ciudad o si habrá que cruzar el continente, pero te seguiré a donde sea, hasta el fin del mundo si es necesario. Sus palabras me hacen sumamente feliz, por lo que es difícil ocultar mi emoción. Sonrío como una tonta, a lo que temo que piense que no lo estoy tomando en serio. Tengo que dar mi respuesta ya. —Santi, tú eres un chico estupendo, lo sabes, ¿cierto? Cada palabra que sale de tu boca me hace sentir en verdad muy afortunada. Sin embargo, en este momento no puedo corresponderte como te mereces. Tú más que nadie sabe todo lo que he sufrido por lo que ocurrió con Diego y cuánto me afectó, por lo que aún no me encuentro en condiciones de intentar algo sentimental con otra persona; pero, la posibilidad tampoco es de cero. Lo que quiero decir es que... Necesito tiempo para sanar estas heridas. Solo así podré darte una respuesta certera. Jamás me atrevería a jugar con tu corazón, por lo tanto, quiero hacer las cosas bien contigo. Es probable que lo que esperaba escuchar fuera una rotunda negativa; sin embargo, al oír que tiene una chance, me mira incrédulo y con ojos refulgentes. —¿Significa que... Tengo esperanzas? —pregunta, buscando cerciorarse. —Sí, Santi. Por supuesto que las tienes —afirmo. Se aproxima por impulso y me rodea con sus brazos. De nuevo, percibo el aroma de su perfume y la calidez de su pecho. No me molestaría ser merecedora de su cariño, y dueña de sus virtudes. Un chico que me quiere por quien soy sin que haya tenido que brincar frente a él para conseguir que me viera, ni tuve que hacer malabares para ganarme su amor. Además, es guapo e inteligente, tierno y bondadoso. ¿Porqué me negaría a darle una oportunidad, porqué? —Te esperaré pacientemente —expresa. Lo sé, Santi. En lo que a mí concierne, pondré de mi parte para superar este dolor para poder corresponder a tus sentimientos. Quiero quererte, más de lo que ya te quiero. Sé que lo vale. Lo vales.
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