Por Scarlett
Le hice caso a mi tía, no es que le diera tanta importancia a la ropa de marca, pero entiendo que este crucero es de súper lujo, por eso, luego de cenar temprano, en el restaurante donde almorcé al mediodía, fui hasta las boutiques de distintas marcas francesas e italianas.
Mi tía me había dicho que compre todo lo que necesitaba, ella hasta me exigió que siempre me viera espectacular.
Ya sé, es una exigencia irrisoria.
Me da pena gastar tanto dinero en ropa, pero mi tía en un momento hasta mencionó que me sacara fotos de lo que me vaya comprando.
Supongo que al no tener hijos, salir de compras es una actividad que le gustaría hacer con una hija propia.
Entré a distintas boutiques y se me ocurrió llamar a mi tía en ese momento, para que me ayude a elegir.
-¡Me encanta esa idea!
Respondió a través de la línea.
Entré a Gucci, aun hablando con mi tía por teléfono.
-Corta, por favor y hazme una video llamada.
Corte y saludé a la vendedora, le expliqué que mi tía quería ver algunos diseños para darme su opinión sobre las prendas que debería comprar.
La empleada asintió divertida.
Llamé a mi tía.
Hice un paneo general.
-Ese vestido tipo saco, color n***o con ribetes rojos.
Indicó mi tía.
-Veo algo parecido en gris, quizás es más corto, pero lleva una falda con un tajo.
-Tía… eso es demasiado…
-Demasiado sexi, sí, compralo, con tus piernas lo vas a lucir como una modelo.
Me reí y la vendedora, atenta a la conversación, ya me estaba mostrando los dos modelos.
-Este también lo tenemos en ocre.
-Mejor ocre que gris, cómpralo en los dos colores.
-Tía…
-Yo transfiero desde aquí.
-Tengo el dinero que me transferiste.
-Olvidalo, eso es para cuando se te antoje algo y no me puedas ubicar.
-Aprovecha esa generosidad, todas quisiéramos tener una tía así.
Dijo la vendedora con una enorme sonrisa.
-Te muestro este Outfits, es sumamente fashion.
Dijo mostrando una especie de blusa tipo vestido, casi transparente y sumamente escotado.
-Ese también.
Escuché a mi tía, a través de la video llamada.
La empleada, quién seguramente tendría comisión por las ventas, comenzó a mostrar algo de ropa sport, pantalones, camisetas, blusas, minifaldas, bolsos y zapatos haciendo juego.
Mi tía estaba entusiasmada, hasta eligió media docena de trajes de baño, eso fue en otra boutique.
En Prada compré algunas prendas más y en Chanel, mi tía pareció volverse loca, de repente quería comprar todos los modelos que había en esa boutique.
-Tía, es demasiado, tengo ropa para toda mi vida.
-No, y no quiero que repitas un suelo atuendo en todo el viaje, ya sabes, si a la mañana estás con una bikini en una piscina, a la tarde vas con otra, niña quiero que entiendas que para mí es un placer y realmente es hora de que vivas como una princesa, tu madre aceptaba mi dinero, pero siempre ponía límites a las cantidades y cuando murió, le prometí que hasta que no te recibieras, no iba a poner la fortuna a tus pies, ya está, sos una flamante abogada y yo cumplí, es hora de que disfrutes lo que te corresponde.
No entendí el porqué de ese pedido de mi madre, aunque nunca nos faltó nada y eso fue gracias al dinero que mi tía nos enviaba.
-Ella quería que tengas tu título para que te puedas defender en la vida, si alguna vez te sucedía lo mismo que a ella, aunque sabía perfectamente que yo jamás te iba a abandonar.
Mi madre sufrió mucho por el destierro, eso lo supe siempre.
Seguía hablando con mi tía por video llamada, mientras iba caminando hacia el ascensor, ya era tarde y la gente de las boutiques me iban a enviar las prendas a mi habitación.
-¡Espera! Acabas de pasar por Chanel, entra.
-Tía, no es necesario.
-Lo es, no tienes vestidos de alta costura.
Era verdad, había comprado mucha ropa informal y ropa tipo ejecutiva sexi, me reí al pensar en ese término.
-Para cuando vayas al casino.
-¿Casino?
-Hay un casino y una especie de discoteca, o quizás dos discotecas, pero una es más formal, de eso estoy segura.
Entré a la boutique.
-Buenas noches.
Saludé con cortesía.
La empleada no fue tan simpática como las anteriores, pero se mantuvo profesional.
-Ese vestido.
Dijo mi tía y no entiendo como notaba prendas a las que yo casi no les prestaba atención.
-¿El n***o?
-Sí.
-Es muy transparente.
-Te va a quedar hermoso.
No le discutí, me lo probé y se lo mostré, a ella le encantó.
Me probé algunos modelos más, compré 3 modelos.
-Tiene que haber una boutique que venda Valentino.
-Te prometo que mañana voy y te llamo.
No estaba acostumbrada a probarme tanta ropa, ya era tarde y apenas había dormido la noche anterior.
-Ok, mañana, luego de desayunar, vas a Valentino y me llamas, tiene vestidos con colores hermosos, que sin duda te van a quedar espectacular.
-Gracias, tía, eres muy amable.
-No lo soy tanto y tú te lo mereces, ahora te dejo descansar, pero mañana seguimos.
-Hasta mañana, gracias.
Subí al ascensor, las puertas se abrían en todos los pisos.
Cuando se abrió en el tercero, me enteré que allí había un casino.
Nunca había estado en uno.
Subió una pareja y fue cuando vi al hombre que al mediodía no me sacaba los ojos de encima, no sé si me reconoció, pero sentí su intensa mirada en mí, se acercó al ascensor, pero faltaban unos cuantos metros para que llegase a tomarlo y las puertas se cerraron.
Sus ojos, de un color azul intenso, me provocaron un cosquilleo en todo el cuerpo.
Algo parecido sentí al mediodía, cuando sus ojos no dejaban de buscarme.
Me había llamado la atención, porque no suelen haber personas solas en esos cruceros, o al menos eso tenía entendido.
Entré a mi habitación y unos minutos después llegó James, el botones con todas las bolsas de la ropa que había comprado, eran muchísimas.
Decidí acomodar todo al día siguiente ya que estaba agotada.
Me desperté sintiendo un leve movimiento, sentí una sensación rara hasta que recordé que estaba en un crucero.
Me estiré en la enorme y cómoda cama.
Me quedé un rato largo haciendo nada, pensando en cómo cambió mi vida, en cuánto extrañaba a mi madre y agradeciendo el cariño de mi tía; no obstante, aunque la quería muchísimo, seguía añorando a mi progenitora.
Pedí que me trajeran el desayuno a mi camarote, ya que tenía mucho que acomodar.
James me acercó el desayuno y vino acompañado por una mucama, para hacer el aseo de la habitación y ayudarme a disponer la ropa en los armarios.
Tendría que comprar otra maleta para guardar todo lo que compré en el barco.
Antes del mediodía mi tía me llamó, para que le mostrara todo lo que había en Valentino.
Me puse unas sandalias cómodas, de medio tacón y un vestido cómodo de sacar y poner, ya que sabía que me iba a probar más ropa.
Nuevamente pedí permiso para mostrarle a mi tía los vestidos que habían allí.
-Scarlett, muéstrame ese vestido dorado, con escamas.
Mi tía tenía un gusto sofisticado, pero llamativo, me divertía pensando en lucir las prendas que ella elegía.
Ella quería que yo fuese siempre muy llamativa, como para atrapar la atención de todas las personas.
No soy tímida, aunque tampoco buscaba ser el centro de atención, soy una mujer bella, pero sé que mujeres bellas hay a montones, sobre todo entre las personas que gozaban del nivel económico que permitía hacer semejante viaje donde todo es glamour.
-Sos la mujer más bella del crucero.
Sentenció mi tía.
Me reía cuando decía esas cosas, eran idénticas a las que siempre me decía mi madre y ambas aclaraban que la bondad era la prioridad en cada ser humano y que también era importante desarrollar la inteligencia y cultivarse como ser humano.
Mi tía siguió diciendo que le muestre tal o cual vestido, terminé comprando, a pedido de ella, 6 vestidos de fiesta, todos eran bellísimos.
Sucedió algo similar en las zapaterías y por supuesto ella quiso que entrara en la joyería, me negué a hacerlo, joyas tenía, regalos que ella misma me enviaba o me obsequiaba personalmente cada año, cuando venía a visitarnos.
Estaba en mi habitación cuando llegó James con todo lo que compré esa mañana más un paquete que claramente no era mío.
-Esto no es mío.
-Me llamó el gerente de la joyería, dijo que esto es para usted, que lo abonó la señora Julia Garret.
-Gracias.
Le dije tomando el paquete que tenía el logo de la joyería.
Estaba almorzando en el mismo lugar que el día anterior cuando veo entrar al hombre que el día anterior me comía con su mirada.
Él se paró apenas cruzó la puerta del restaurante y miró casualmente entre las mesas, cuando su mirada llegó a mi mesa, una sonrisa se instaló en su cara y con mucha seguridad caminó hacia mí.
-Hola, veo que nuevamente estás sola ¿Te puedo acompañar?
Sin esperar la respuesta, se sentó en mi mesa.