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Bestia

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Blurb

Kothari, el Vârcolac más inestable y letal de todos, pierde a sus padres Gard y Rayne en un instante.

Lo que queda es Agonía: una fuerza de destrucción ciega que despierta dentro de él, jurando bañar al mundo en sangre hasta encontrar a los culpables.

Solo Dara Romanov, la guerrera que él cree —erróneamente— su compañera, puede rastrear el último destello de luz que aún queda del chico que todos amaban.

Contra la furia de su padre, la desconfianza de la manada y un enemigo capaz de aniquilar a los seres más antiguos del planeta, Dara se lanza sola a Europa en una misión casi suicida: salvar a Kothari antes de que Agonía lo consuma por completo… o los destruya a todos.

Un vínculo al borde del abismo.

Un amor que bien puede redimirlo, o desatar el infierno.

¿Logrará Dara traerlo de vuelta… o despertará al monstruo que acabará con todos?

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Prólogo
Prólogo ¡Desaparecido! Una palabra. Un pensamiento. Fragmentos de vidrio segando cada terminación nerviosa. ¡DESAPARECIDO! El niño se incorporó en su cama, con lágrimas en los ojos mientras se comunicaba con su voz telepática. —¿Mamá? ¿Padre? Hizo una pausa, contuvo la respiración, esperando la inevitable respuesta, pero el silencio lo recibió; el susurro de las hojas fuera de la ventana de su habitación era el único sonido en el mundo físico. Sin embargo, era el plano psíquico en el que se concentraba, el lugar donde siempre estaban, el lugar que le recordaba que nunca estaba solo. Sus padres eran el único apoyo real que había conocido, y dependía de ellos mucho más de lo que ellos jamás habrían imaginado. Incluso en los momentos más sombríos, cuando temía por su cordura, siempre podía acudir a ese lugar especial de su mente, donde se sentía seguro gracias a su amor y apoyo. Ahora, el viento gélido del vacío inundaba la habitación mental que había creado. Siempre que lo visitaba, se sentía envuelto en la seguridad y el calor de la habitación de un niño pequeño, con sus padres leyéndole, su madre acariciándole la cabeza mientras la rica voz de su padre resonaba con castillos y dragones, caballeros y princesas. Ahora estaba completamente oscuro, sin calor, sin amor, sin luz que lo sacara del terror creciente que amenazaba con abrumarlo. —¡Mamá! ¡Respóndeme! ¡Papá! ¿Dónde estás? Sus lágrimas se derramaron, empapándole las mejillas mientras esperaba una respuesta que pronto se dio cuenta de que no llegaría. —¡HÁBLAME! ¡RESPONDE! ¡Por favor, mami! ¡Por favor, papi! Te prometo que me portaré bien. ¡Lo prometo! La oscuridad parecía hacerse cada vez más densa. El silencio se volvió más opresivo. No le respondieron. Mamá no le envió su amor ni sus abrazos a través de su vínculo familiar. Papá no le hizo cosquillas en la barriga hasta que empezó a reír a carcajadas, intentando escapar, pero sin querer que la diversión terminara. Estaba solo, completamente solo. Un niño pequeño que nunca había crecido porque no sabía cómo, y ahora estaba solo. ¡Sus padres se habían ido! Saliendo de su ensoñación, se arrojó de la cama, tambaleándose mientras su niño interior intentaba absorber las piernas adultas que tenía debajo. Su cuerpo había crecido, pero su yo interior nunca. No la preciosa y buena parte de sí mismo que había sobrevivido a la bestia interior. Sus piernas se doblaron y cayó al suelo, extendiendo las manos para detener la caída. Las lágrimas corrían por sus mejillas, su corazón latía con fuerza de terror, mientras usaba su mente psíquica una vez más. —¡Mami! —¡Papá! —¡Por favor…! —Estoy aquí —susurró una voz en su mente. Fría, distante, familiar. No eran sus padres, pero era algo que sabía. Algo a lo que podía aferrarse al darse cuenta de que sus proyecciones externas rebotaban en su cabeza y sus palabras no alcanzaban a sus destinatarios. ¡Para! ¡Déjame alcanzarlos! ¿Qué haces? ¡Quiero a mi mamá y a mi papá! —No están ahí, Kothari. Ya lo sabes, ¿para qué intentarlo? Solo alertarás a los Otros de que sabes que se han ido. Sabes lo que harán, ¿verdad? Te rodearán, te abrumarán, nos impedirán hacer lo que debemos. Cállate y escúchame. Nunca te he guiado mal. La voz era tan irresistible que se quedó quieto, apoyado en el suelo, con las manos y las rodillas, cabizbajo mientras las lágrimas le corrían por la cara. La voz lo conocía, lo había acompañado casi toda su vida. Lo había ayudado antes, cuando sus emociones se habían vuelto insoportables. Lo había protegido, como lo habían hecho sus padres. Debería escucharla, debería oír lo que tenía que decirle. —¿Quién eres? Al principio la voz no respondió y estaba a punto de volver a hacer la pregunta, pero entonces se escuchó un fuerte suspiro dentro de su mente. —Me conoces, Kothari. Siempre me has conocido. El miedo que sentía se apaciguó rápidamente al comprenderlo. Kothari sollozó con fuerza, se dejó caer al suelo y se acunó la cabeza entre las manos. —¡No! ¡Le hiciste daño a mi ángel! Quemaste los árboles y chamuscaste la hierba con llamas doradas. Eres el monstruo que llevo dentro, al que mamá y papá me dijeron que no debía escuchar. ¡Vete! ¡Déjame en paz! ¡Mami! ¡Papá! ¡Rafe! ¡Kallum! ¡Que alguien me ayude! Una risa fría llenó su mente, diversión y burla se unieron en una. —No pueden ayudarte, Kothi. Ahora tengo el control. He colocado bloqueos mentales tan fuertes alrededor de tu mente que si alguien intenta alcanzarte, te encontrará durmiendo plácidamente. Soy el único que puede ayudarte. Soy el único que puede averiguar qué les pasó a nuestros padres. ¡No! Había otro, alguien que vendría si lo llamaba, si lograba romper los bloqueos. —¡Dara! ¡Escúchame! ¡Por favor, ayúdame, Dara! ¡Por favor! —Ella no puede ayudarte. No puede oírte. Solo estoy yo, Kothi. ¡Acéptalo! Sollozando profusamente, se acurrucó, indefenso ante la férrea voluntad que controlaba su mente infantil. Empujó, gruñó, intentó expulsar a su otro yo, pero era demasiado débil. Siempre lo había sido. Finalmente, se rindió; su mente cansada estaba demasiado agotada para seguir intentándolo. ¡Bien! —exclamó la voz, con satisfacción en esa sola palabra—. Duerme ahora, Kothari, hijo de Gard y Sarayne. Descansa y déjame liderar la búsqueda para averiguar qué les sucedió a Nuestros padres. Eres demasiado débil para hacer lo necesario. Quienes les han hecho daño necesitan Justicia, y para ello me necesitan a mí. Porque yo soy Justicia y soy Retribución. Soy Muerte y soy Destrucción. El mundo se bañará en la sangre de todos aquellos que han causado daño a Nuestros padres. ¡Sea directa o indirectamente, todos los responsables sabrán que mi nombre es Agonía! **Capítulo uno** El coche serpenteaba por la carretera, cruzando el límite con la manada Hanlon, sin disminuir la velocidad a pesar de que Rhianna había visto el grupo de lobos desplegados a lo largo de la línea de árboles. Su mente reconoció que estaban allí, pero fue un reconocimiento fugaz; sus pensamientos estaban en otro continente. Un dolor tan fuerte en su corazón amenazaba con consumirla, y era en lo único que podía concentrarse en ese momento, así que los lobos se apartaron de su mente. Podía sentir la mirada de Caleb sobre ella, era consciente de que su silencio le preocupaba, y aun así, no podía abrir la boca para hablar, no podía expresar con palabras el terror que la invadía. Sabía que si pronunciaba esas palabras, de alguna manera las haría reales. No soportaba que fueran reales; su corazón seguramente se rompería en mil pedazos si lo fueran. Así que guardó silencio, reprimiendo sus emociones con una voluntad de hierro implacable. No hablaría de ello… no podía. Podía sentir la mirada de Caleb desviándose hacia su cuerpo rígido una vez más, y sabía que él quería extender la mano y romper el muro que ella había construido a su alrededor. Su hermoso compañero querría decirle que todo estaría bien, pero ambos sabían que él no estaba completamente seguro de que así fuera. ¿De verdad habían pasado solo un par de horas desde que recibieron la llamada para reunirse con Rafe a primera hora de la mañana? Parecía que habían pasado días, con todo lo sucedido. Cerrando los ojos, Rhianna intentó bloquearlo todo, intentó mantener la compostura y no perder el control. Tenía que mantenerse fuerte. No podía ser débil en ese momento y, sin embargo, su corazón se rompía en silencio. «Gard… por favor respóndeme… por favor…» La mirada de Caleb volvió a posarse en su compañera y reprimió las palabras de consuelo que brotaron de sus labios. ¿Cómo podría aliviar el dolor de Rhianna si no sabía si todo estaría bien? Rezaba para que así fuera, pero no tenían suficientes pruebas de lo ocurrido en Europa. Su memoria eidética repasaba la secuencia de acontecimientos de las últimas horas mientras conducía el coche como si estuviera en piloto automático. Se despertó con el sonido del teléfono celular de Rhianna y escuchó su conversación apagada con su hermano. —¿Qué pasó? ¿Por qué quieres que vayamos, Rafe?

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