Capitulo 2

1415 Words
Capitulo 2 Ya casi estaban en casa y Caleb quería maldecir en voz alta. Ahora que la adrenalina había bajado, Rhianna tuvo tiempo de digerir la noticia que habían recibido justo antes del ataque, y su reacción fue la que él esperaba y temía. Caleb volvió a mirar de reojo a Rhianna, y su preocupación aumentó al observar su expresión vacía. Sabía lo que pasaba por su mente y quería hacer algo, decir algo que aliviara los pensamientos morbosos que sin duda albergaba. Abrió la boca y la volvió a cerrar, respirando hondo mientras buscaba palabras de consuelo. —Annie, estarán bien. Sus angustiados ojos lavanda se posaron en los suyos y luego apartó la mirada, con la mirada perdida por el parabrisas mientras él entraba en la entrada de su casa. —No lo siento, Caleb. Debería sentirlo, pero solo hay una zona vacía donde Gard siempre ha estado. Él sabía a qué se refería; no podía detectar rastro de su hermano en el vínculo del Triunvirato. Antes de que los tres se unieran, siempre llevaban las almas de la Reina y el Rey vampiros, y Gard era el tercero, el Guardián de la Reina. Caleb había probado ese vínculo y solo había encontrado a Rhianna en el otro extremo, pero eso no significaba que hubiera sucedido lo peor. No podía ser, porque no creía que Rhianna pudiera soportar la pérdida de su hermano de otro tiempo. Podía recordar cada momento de cuando conoció a su hermosa compañera. Ella era humana entonces y lamentaba la pérdida de su hermano Rafe, a quien creía muerto. Desconocía entonces la existencia de un mundo donde existieran vampiros y hombres lobo. Creyó haber perdido a Rafe para siempre y su dolor fue absoluto. Sin embargo, el destino intervino mostrándole un mundo donde su hermano vivía como un cambiaformas licántropo y su amante, un vampiro ancestral. Ella aceptó estas cosas con naturalidad, pues su amor por los dos hombres más importantes de su vida le facilitó la aceptación. Entonces, el destino intervino una vez más, despertando el espíritu de una reina vampiro muerta hacía mucho tiempo en Rhianna y reuniéndola con su amado hermano y guardián, Gard. El mismo hermano que ahora estaba desaparecido en algún lugar de Europa junto con su compañera Sarayne. Caleb sabía que su Annie amaba a Gard con la misma pasión que a Rafe. Para ella, no había distinción entre ellos, sin importar que Gard hubiera vivido más de seis mil años y que su pariente de sangre fuera la reina vampiro que habitaba en su alma. Si perdía a Gard… si lo indecible hubiera sucedido y él ya no estuviera en el planeta… Caleb no sabía cómo reaccionaría ante esa pérdida. Solo sabía que necesitaba que él fuera fuerte por ella, y que él haría todo lo posible por estar ahí para ella. Aparcó el coche cerca de la puerta principal, rodeándola para abrirle la puerta al ver que no se movía. —Vamos, Annie. Extendiendo la mano, esperó a que ella lo saludara, esperando cinco minutos antes de tomarle la mano. —Entremos, cariño. Pareció salir de su ensoñación, su mirada preocupada escrutó su rostro por un momento antes de permitirle ayudarla a salir del coche. —Ella también es muy silenciosa. Es inquietante lo ausente que se siente, Caleb. Sabía a quién se refería y se tomó un momento para reflexionar en su interior, en el alma que anidaba en su cabeza. —¿Callain? Hubo una breve pausa y entonces la voz profunda del Rey Vampiro susurró en su mente y le provocó un escalofrío. «Déjala, Caleb. Deja que acepte lo que ha oído. Si reacciona por emoción… bueno, digamos que no queremos que lo haga. Consuela a Annie lo mejor que puedas. Si Anakatrine reacciona negativamente, prepárate para cederme el control para que pueda moderar su ira. Puede ser formidable cuando está sufriendo. No quiero que nadie salga herido porque esté arremetiendo contra el dolor. Date un respiro porque está pensando en este giro de los acontecimientos». La otra presencia desapareció tan rápido como apareció, y Caleb suspiró mientras abrazaba a Rhianna, con la necesidad primordial de proteger a su compañera. —Callain dice que es mejor dejar que Anakatrine acepte la situación y que no deberíamos presionarla hasta que esté lista para hablar con nosotros. Por ahora, estamos solos y son nuestras acciones las que debemos determinar. Ella asintió contra su amplio pecho, apretando su pequeño cuerpo contra sus brazos como si intentara meterse en su piel. —¿Crees… crees que son…? Caleb maldijo cuando se le quebró la voz y un fuerte sollozo la sacudió. La conmoción y el dolor finalmente rompieron el frágil control que había mantenido sobre sus emociones. Su hermoso compañero le entregó su corazón sin reservas, y eso significaba que, cuando las cosas salían mal, se rompía con suma facilidad. Tomando a Rhianna en brazos, entró en la casa y subió directamente a su habitación. Necesitaba sentirse segura, y no había lugar más seguro que su habitación. También necesitaba descansar, porque sin duda le exigirían mucho en los próximos días. —No, no lo creo, y no lo haré hasta que vea pruebas de lo contrario —gruñó, bajando a su compañera a la cama y envolviéndola con su enorme cuerpo, protector. No están muertos, Annie. Me niego a creerlo. Gard y Rayne han vivido demasiado tiempo como para ser fácilmente dominados. Algo ha sucedido, y aunque no sé qué es, estoy seguro de que siguen vivos en algún lugar de Europa. Cuando volvamos mañana con la manada, elaboraremos un plan para encontrarlos. Hasta entonces, intenta dormir, cariño. Sé que será difícil, pero necesitamos descansar y estar preparados para lo que nos depare el mañana. Caleb esperaba que ella se resistiera, pero en lugar de eso, se acurrucó contra él y cerró los ojos, como si quisiera que el olvido del sueño la abrumara para no imaginar todo tipo de pesadillas sobre lo que pudo haber sucedido en Europa. El temblor de su cuerpo era la única señal de que aún lloraba en silencio por Gard y Rayne, y él la abrazó hasta que esos temblores finalmente se calmaron y ella cayó en un sueño intranquilo. Cuando estuvo seguro de que estaba dormida de verdad, se levantó de la cama y la arropó con las mantas. Luego salió de la habitación, sacó su celular del bolsillo de sus vaqueros y marcó el primer número de marcación rápida. —¿Qué pasa?—, gruñó una voz masculina al contestar el teléfono. —Supongo que es algo de proporciones bíblicas, ya que me despiertas a estas horas intempestivas. La irritada respuesta dibujó una media sonrisa en los labios de Caleb. Si había algo con lo que siempre podía contar, pasara lo que pasara, Demetri Bozic nunca cambiaría. —Te necesito aquí ahora mismo—, respondió. —Hemos perdido contacto con Gard y Rayne, y esta noche hubo un ataque de vampiros contra la manada Armand-Hanlon. —Estaré allí en diez minutos —respondió Demetri, colgando tan pronto como terminó de hablar. Caleb no esperaba menos de su mejor amigo. Cuando las cosas se ponían feas, Demetri era el vampiro que querías tener a tu lado, y Caleb sabía que siempre acudiría en cualquier momento. Antes de Rhianna, Demetri había sido la única constante en su vida. Se habían mantenido unidos a pesar de encontrar a sus parejas y de que Caleb aceptara que llevaba el alma del Rey Vampiro en su mente. Empezó a preparar café, pero cambió de opinión y agarró una botella de vino tinto y dos copas. Estaba sentado en la casi oscuridad de su sala cuando se abrió la puerta principal. La luz del pasillo iluminó al otro hombre, aunque Caleb no la necesitaba para ver a su amigo. Era evidente que Demetri estaba durmiendo cuando lo llamó; su espeso cabello n***o estaba alborotado, como si se lo hubiera pasado con los dedos en lugar de cepillarse. Le caía suelto sobre los hombros; la camiseta y los vaqueros le daban la apariencia de un depredador letal. Unos ojos verdes lo buscaron y encontraron a Caleb sentado en la oscuridad. Demetri entró en la habitación para sentarse en el sillón frente a su amigo, extendiendo la mano hacia la copa de vino que esperaba en la mesa lateral. No habló mientras tomaba un trago de su vaso, su hermoso rostro carecía de toda expresión mientras esperaba que Caleb hablara.
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