Estaba llegando y los nervios aumentaban más que la velocidad de mi auto. Estacioné donde un hombre me indicó y luego entré al lugar con la posibilidad de huir, pero no, yo quería conocer a la persona por la que mi padre me abandono. Vi la mesa y rápidamente identifiqué a Marcus que me miro sonriente, yo me acerque y él se levantó. —Te ves preciosa—dijo antes de acercarme la silla para que me sentara. —Gracias—respondí. —Él es Adam. Adam, ella es Elena—nos presentó Marcus —Hola—lo saludé sonriente, no pude contenerme, siempre quise un hermano, pero esta no era la manera. —Hola—hizo lo mismo y luego miro al suelo. —No lo puedo creer—dijo nuestro progenitor explotando de felicidad. —Ni yo—dije, pero no con la misma emoción que él, sino un poco más incómoda. —Bueno Elena ¿cómo te va

