—Emma, olvidé decirte que hoy visité a una de mis mejores amigas y le conté sobre ti, por eso está muy ansiosa por conocerte y nos invitó a comer ¿Te gustaría ir? solo si quieres—le comente expectante por su respuesta.
—Claro, me gustaría ir—sonrió y luego solo salió corriendo a la habitación.
—Con cuidado, no te caigas—le advertí y tomé mi celular, tenía dos llamadas perdidas de Nate así que lo volví a llamar.
—Hola—dijo del otro lado.
—Hola—le respondí.
—Lo siento ¿estabas ocupada? Solo quería saber cómo están—hablaba en un tono de voz muy bajo, podía escuchar muchas más voces que provenían del fondo.
—Claro que no, lo siento es solo que no tenía mi teléfono cerca y no oí las llamadas. Estamos bien, Emma está en la habitación jugando, ¿quieres hablar con ella? —pregunté caminando hasta Emma.
—No hay problema Elena. Y si, si ella quiere, pásamela por favor—respondió ahora hablando normal y sin ruido de fondo.
—Emma, es tu papa y quiere hablar contigo— le dije y la niña corrió hacia mi dejando todo lo que estaba haciendo solo para hablar con su padre.
—Hola papi— dijo la niña más feliz que nunca.
—Hola princesa—oí que el contesto porque la llamada estaba en voz alta. —¿Cómo te la estás pasando? Cuéntame sobre la escuela y todo.
—Tengo amigos nuevos papi. En la habitación de Elena hay muchas muñecas, me encanta estar aquí. Elena también me hizo mi sándwich favorito—dijo ella apenas tomando un respiro, reí al escucharla tan emocionada, como si hubiera tomado una taza de pura azúcar.
—Qué bueno que lo estés pasando muy bien princesa, sigue portándote bien con Elena ¿sí? —le dijo el riendo un poco.
Los deje hablando solos y yo fui a buscar la ropa que me pondría para ir a casa de Sam, luego le daría un baño a Emma.
—Papi te envía saludos y besos—dijo Emma viéndome desde la puerta con mi teléfono en la mano.
—Qué bueno cielo—le dije. —¿Quieres ir a bañarte mientras yo busco que ropa ponerte?
—Está bien Elena—me sonrió ampliamente y me acompaño hasta el baño, donde comencé a prepararle la tina con muchas burbujas.
—Ya está lista, ya puedes entrar. Yo estaré en la habitación y dejaré la puerta abierta para que me llames si necesitas algo ¿Si? —pregunté dejándole una toalla cerca de su alcance.
—Si.
Volví a mi habitación y entré a mi baño, me di una ducha sumamente rápida porque temía dejar sola a Emma. Al salir me cambie y fui hasta la habitación de Emma, allí estaba ella ya cambiada con el vestido color bordó que deje sobre su cama.
—Me gusta este vestido—dio un giro para que yo la vea mejor.
—Tienes razón, se te ve muy hermoso cielo—le sonreí y tomé su mano para que me acompañara a mi habitación. Al llegar, la cargué y la senté en una silla frente a mi tocador. —Hoy es tu día de suerte, ganaste un pase a la peluquería privada de Elena—comencé a jugar mientras tomaba un peine.
—Si—saltó emocionada desde su asiento, haciendo énfasis en su ‘’si’’. —Entonces voy a querer dos trenzas por favor.
—A sus órdenes—puse a Taylor Swift sonando en mi teléfono mientras comenzaba con el pedido de la pequeña. —¿Te gustan? —le pregunté terminando de atar la última.
—Me gustan mucho, nunca me habían hecho trenzas Elena, gracias —ella volteo para verme y abrazó mi abdomen muy feliz.
—No hay de que, puedes pedírmelas cuando quieras.
Me senté a su lado para comenzar a peinarme yo, mientras ella me veía por el espejo y tarareaba ‘’Lover’’.
—Mi papi ama esta canción, aunque lo niegue—susurró lo último como si hubiera alguien más para escucharnos, a lo que me reí.
—Tu padre tiene buenos gustos—le sonreí antes de pararme y volver a tomar su mano para que me acompañara a bailarla. —Can I go where you go? —acompañamos a Taylor Swift en su canción mientras hacía que Emma girara y no parara de reír, hasta que se tiró sobre mi cama exhausta. Yo por lo tanto me puse mis zapatos y un bálsamo labial.
—Bien Emma, creo que ya es hora de irnos cielo—le sonreí al verla así, pero en cuanto ella me vio su mirada cambio y no supe reconocerla. —¿Que pasa pequeña? —pregunte extrañada.
—Eres muy bonita—me sonrió. —Un día quiero ser tan bonita como tú Elena.
—Gracias cielo, pero ¿sabes qué? —pregunte y ella se acercó, la cargue y la senté en mis piernas. —Tu eres y siempre vas a ser más bonita que yo, no solo por fuera. Es más importante que nuestros corazones sean bonitos y el tuyo es el más precioso que haya visto.
—¿Lo dices enserio?
—Por supuesto que sí, jamás te mentiría—alcé mi meñique frente a su cara y ella lo entrelazó con el suyo.
Ambas nos paramos y yo tomé mi bolso antes de dirigirnos hasta el auto. La ayudé con su cinturón y luego yo me lo puse en mi asiento. Comencé a conducir hasta la casa de Sam, ósea que nos tomó una fracción de segundo llegar hasta allí, así que detuve el auto y bajamos. Emma me tomo de la mano y caminamos hasta la entrada, toque el timbre y espere que nos abrieran.
—Hola de nuevo— me sonrió Sam al verme y luego a Emma. —Tú debes ser la pequeña Emma, escuché mucho sobre ti. Pasen—dijo dándonos lugar.
—Hola Sam—la salude con un beso en cada mejilla.
—Hola—me imitó Emma.
Emma y yo tomadas de la mano caminamos hasta el comedor mientras Sam cerraba la puerta.
—Siéntense, la comida ya va a estar lista. Y disculpen a Mark, hoy no vendrá a cenar, tiene una junta muy importante—dijo todo eso desde la cocina, mientras tanto yo sentaba a Emma y tomaba mi lugar.
—No hay problema alguno—le respondí cuando ella ya estaba entrando al comedor nuevamente con la lasaña en sus manos.
—Espero que les guste— dijo ella dejando mi comida favorita frente a mis ojos.
—Se ve delicioso, extrañaba mucho que cocinaras para mí— le dije dramáticamente a lo que rieron.
—Gracias amiga—Sam nos estaba sirviendo a cada una.
—¿Cómo va el bebé? —pregunte emocionada.
—Es muy inquieto, pero todo va de maravilla—dijo mirando su vientre de 4 meses ya.
La cena transcurría tranquila entre buenas conversaciones y risas, Emma aportaba mucho a la charla y eso me hacía creer que por suerte estaba cómoda. Luego de la deliciosa lasaña, llego el postre, por supuesto era helado así que nos devoramos todo antes de que a Emma le de sueño, lo noté al verla cabecear en su silla.
—Creo que ya es hora de irnos Sam, alguien debe dormir—me señalé a mí y ella me sonrió entendiendo que protegía a Emma. —La pasamos muy bien, gracias por todo—le susurré tomando a la pequeña ya dormida entre mis brazos.
—Yo también la pasé genial, gracias por venir. Y tenías razón, Emma me recuerda a la pequeña Elena de hace muchos años—se emocionó al decir eso. —Discúlpame, son las hormonas—secó algunas lágrimas con sus manos y me reí de ella.
—Gracias Sam—me enterneció su reacción. Ella me abrió la puerta y pude salir. —Adiós amiga.
—Adiós—saludo con su mano desde la puerta.
Cargué a la niña y luego entre yo al auto, en todo el camino Emma no abrió los ojos ni por un segundo. Al llegar a casa, la llevé hasta su cama y la arropé.
—Quédate conmigo— ella agarro mi mano aun sin abrir los ojos.
—Claro cielo—me acosté a su lado.
Puso su mano en mi mejilla y yo acariciaba su cabello.
—No quiero que seas mi amiga—me dijo ahora si con sus ojos abiertos y clavados en los míos. —Quiero que seas mi mamá—acababa de dejarme sin aliento.