Capítulo 4: Nunca te importe

2079 Words
-¿Qué es lo que están haciendo?- la voz fuerte de un hombre dentro de la oficina hace a los demás saltar de sus asientos, uno de ellos incluso se resbala y termina cayendo en el suelo con un estrepitoso ruido que causa la risa de algunos inquilinos. El lugar esta oscuro, las paredes no son más que de un color blanco con toques de turquesa, y aunque se vea ese leve reflejo de luz, es todo lo contrario. Los pisos son de n***o pulido porque el concreto es lo que está debajo de ellos, el espacio carece de cerámica pero aun así, los estantes que antes debían poseer libros ahora son solo repisas que están cayéndose y que a ninguno de los presentes parece importarle. Los hombres dentro de ese cuarto no dejan de mirar hacia la puerta y la forma tan fuerte que fue azotada. Pero aunque sus ojos no demostraban nada agradable, no era muy diferente a lo que los otros hombres tenían reflejado en los suyos. -Samuel por favor, no entres de esa forma- la sonrisa del causante fue más que cínica y sus dientes se mostraron entre sus labios. Arrogancia es lo que desprendía por los poros de su cuerpo antes de sacar la silla y sentarse de lado de ellos, llevando uno de sus brazos hacia el espaldar y dejarlo colgando del mismo. -¿Cuáles son los nuevos planes?- la pregunta del hombre robusto causa que las sonrisas se comiencen a formar. -Tenemos algunas sobre la mesa ¿Deseas chequearlas?- este muerde su labio luego de pasar la lengua para humedecerlo. El asiente con satisfacción acercando su silla hacia el escritorio rodeado de hombres. El sobre amarillo es acercado a él, todas las miradas comienzan a repasar el rostro para poder verificar las facciones y expresiones sobre las decisiones, la sonrisa se extendió por la del hombre luego de pasar varias fotografías y tomar la que más le parece. -Cada uno saque la suya- el principal dice sacando la fotografía junto a los otros para dejarlas en encima de la mesa. Para la sorpresa todos habían tenido la misma opción. -Sorprendente- susurra el último en llegar pasando sus manos por encima de la fotografía, lo mojado de sus labios se intensifica mientras siente como su boca se hace agua con mirar una simple fotografía. -No será fácil- uno de ellos habla dejándose caer en el espaldar de la silla con una sonrisa de satisfacción. -Pero no imposible- suelta uno de los tantos sentados allí. Cada uno se va levantando dando un total de 15 hombres rodeando el escritorio, todos mirándose los unos a los otros con sus miradas alternas entre la fotografía. -¿Cuándo empezamos a idearlo?- pregunta uno de ellos arreglando su erección. Su dedo índice pasa por encima del labio en la plana fotografía. -Nos reuniremos el día de mañana, los planes van a seguir sobre la mesa y espero que todos ustedes sigan la orden tal cual como les digo- habla el principal arreglando su sombrero y su chaqueta de traje color marrón –Y el que no esté dispuesto, me lo puede decir ahora- La amenaza es lanzada sobre la mesa, pero en lugar de escuchar alguna queja sobre lo que estaba por hacer, todos asintieron como de costumbre entre ellos y comenzaron a salir de aquel pequeño y desagradable lugar, dejando sobre el escritorio 15 fotografías de la misma mujer. La hermosa detective Calleigh Caine. **   En el avión destino Estados Unidos.   -Tú- la sutil voz del ex oficial hace que la mujer se gire, su hermana esta en los asientos traseros hablando con Rubén, Guillermo a un costado tratando de ordenar unos papeles sobre el próximo juicio que tenía en mano, y por el cual el había tenido que estar constantemente viajando de Reino Unido para estar con Elle, a Estados Unidos a cumplir con su puesto en la corte. -¿Qué ocurre?- pregunta la pelirroja hacia el hombre frente a ella. El vaso de jugo estaba empezando a mojar sus manos, el frio cambiando a uno caliente en el delicioso jugo de mora que había pedido y que casi empezaba hacer un desperdicio. Elle no dejo pasar desapercibido como el limpiaba sus manos por encima de su jeans, el hombre giro su rostro para ver las espesas nubes debajo de ellos y luego volver a la mujer que no dejaba de mirarlo con esos intenso y poco olvidadizos ojos azules. -¿Cómo son tus planes?- el hace la pregunta casi inocente tratando de sacarle un poco de conversa a la mujer que lo cautivo por un muy largo tiempo, por no decir la que lo dejo casi loco. -No puedo decírtelo- la voz es tajante y un poco tenue, aun así ninguno de los que estaban cerca podían haberla escuchado, pero solo una persona lo hizo y es a quien iba destinada la frase. El hombre había tragado hondo sintiendo la vergüenza teñir sus mejillas. -Lo siento- murmura con un poco de miedo por el rechazo de la mujer. -No puedo decirte nada porque no tengo nada de ti. Eres un hombre que hizo mi vida de cuadritos cuando había descubierto mi verdad, y que aun con ella decidiste casi encerrarme al punto de volverte loco, y que luego de la nada apareciste frente a mi cabaña ¿Estás seguro que quiero decirte algo por voluntad propia?- las palabras eran fuertes pero seguras, al mejor estilo de Elle Russo. La mujer que estaba allí sentada tenía la perspectiva mucho más clara de lo que cualquiera en su sano juicio podría tenerla, y era algo que el sabia a la perfección. El inicio fue excesivamente bueno para todo lo malo que se tornó en el camino. -¿Nunca te importe?- pregunta el ex oficial a la pelirroja. La pregunta la descoloca un poco pero aun así ella ladea su cabeza pensando en la respuesta. -Jordán- su voz es suave y casi inaudible. El trago hondo del hombre sabe que quizás lo que escuche lo destroce pero ¿Podía estar peor? –Cuando te conocí lo hice por conveniencia, quería tenerte de mi lado y lo logre. Te lo confieso ahora porque tú yo del pasado se aferró tanto a eso que ni siquiera tenía la opción de verte sin que tu locura saliera a flote- -Entiendo- baja su cabeza y pasa sus dedos por las gotas que resbalan en el lateral del vaso –Nunca te importe- hace una mueca en sus labios y alza la mirada. -Lo hiciste, me importaste, pero no era momento de ser débil o suave. Estaba asesinando a los  hombres que dañaron mi vida ¿Realmente creías que podía tener uno en ese momento? suena cruel Jordán, pero ni con Rubén llegue a sentir algo más allá que la amistad- el asiente mirando detrás de ella hacia el latino que jugaba un video juego con la hermana de la señora Russo. -Pensé que cuando tu y yo…- trago pesado con ayuda del jugo. -¿Cuándo nos besamos?- la sonrisa apareció en los labios de ella –El día siguiente fue el peor que tuve y no hablo por tu beso, porque eso me hizo llorar. Solo que los sucesos seguidos a ese día me dejaron inestable- -Señora- la voz de Cristina hizo que la pareja dejara de hablar. El perfecto traje n***o con rayas doradas que estaban ahora estrenando sus trabajadores del avión les hacía ver mucho más profesionales, y el aumento de sueldo también era una ganancia extra para ellos que viajaban a diestra y siniestra. -Cristina- la pelirroja giro el rostro para ver a su principal mano derecha en su avión privado. -¿Tengo un momento de su parte?- la ceja de Elle se alzó inmediatamente asintiendo. -Disculpe- asintió hacia el ex oficial que fue atendido por la otra azafata mientras aun miraba hacia el fondo del pequeño avión privado en donde se encontraba la mujer acompañada de su trabajadora. La mirada de Guillermo se posó en Jordán y este chasqueo los dedos causando que Hellen e incluso Rubén miraran hacia él. -Espero que mantengas tus comentarios a raya- al finalizar de decir aquello se volvió a girar y siguió en su mundo de papeles y política. El ex oficial ladeo sus labios y miro a Rubén que estaba con una sonrisa arrogante. -Siempre pensé que estarías con ella- lanza la acusación logrando que Guillermo vuelva a levantar la mirada y ahora se gire a Rubén, alza sus hombros y le resta importancia causando que el latino se carcajee casi en las narices de Stone. -Ese es el problema oficial, usted siempre cree lo que le parece- **   En la parte trasera del avión privado de Elle Russo.   -Tenemos una alerta señora Russo- la voz suave de Cristina estaba casi en un tono agudo de la desesperación. Las manos de Elle se posaron en los hombros de la mujer para tratar de calmarla. -¿Alerta? ¿Qué alerta?- alza sus manos y las lleva a las mejillas de su azafata para volver a tranquilizarla. Ella pone sus manos encima de las de su jefa. -El avión ha sido reportado, quieren que aterricemos de emergencia- -¿A qué se debe? ¿Quién lo ha autorizado?- la voz de la pelirroja no es nada alterada, es como si hubiera estado esperando que esto pasara con más entusiasmo. -La policía de Estados Unidos- dice ella un poco atareada, la sonrisa de Elle comenzó aparecer en sus labios y negó. -Estamos en otro territorio, no te preocupes por ello- la azafata vuelve a negar y comienza a mirar hacia los costados. -No tenemos que aterrizar obligatoriamente en suelo Estado Unidos. Habla con el piloto y dile que aterrice en otro país que este antes de llegar, de lo demás me encargo yo- la mujer sale rápidamente de la cercanía de su jefa y va hacia la puerta de separación. La pelirroja llega a los asientos en donde está su hermana. -Ven- la menor no hace ninguna pregunta y pasa por el frente de Rubén que mira con intriga a las hermanas antes de que siga a la mayor. -¿Cristina está bien?- mira hacia la puerta por donde desapareció la azafata con el ceño un poco fruncido y quizás unos pasos más inestables que los de costumbre, que realmente eran ningunos por lo profesional que podía ser la mujer. -Estamos por aterrizar de emergencia, la policía al parecer quiere el avión así que al bajarnos otro estará a tu nombre ¿Bien?- dice con total calma. -Elle yo…- la mayor se gira y sonríe –Porque pienso que esperabas que esto pasara ¿Estamos en problemas- niega restándole importancia. -No lo estamos, por lo menor mientras que yo esté viva siempre tendremos la solución a nuestros problemas- dice con suavidad apartándole la preocupación a su hermana -Solo necesitan tu firma para el nuevo avión- la menor asiente sin mediar palabras antes de levantarse e ir de nuevo a su puesto junto al latino. Elle se levanta y va hacia los asientos delanteros, ve el de Guillermo desocupado y se sienta en el que está al lado de la ventanilla, deja caer su cabeza en el hombro del mayor y besa su mejilla. -¿Todo bien?- pregunta con calma cuando firma algunos papeles antes de encarpetarlos. -Creo que tendremos que aterrizar un poco antes- su ceja se alza pero no gira la cabeza sino unos segundos después para ver los hermosos orbes azules mirándoles fijamente desde abajo. -¿Puedo saber a qué se debe? ¿Debo ayudar o intervenir?- vuelve a preguntar pero Elle niega. -No creo que sea necesario, solo quería avisarte por si tenías que llegar en urgencia, aunque solo estaremos unos minutos antes de volver a volar- se encoge de hombros y el asiente. -¿Te están siguiendo?- la burla burbujea en sus labios. La menor asiente y este borra su sonrisa frunciendo su ceño de preocupación. -Pero no te preocupes por mi cariño, desde mis 15 años nadie me ha podido atrapar- dice mordiendo su labio inferior para luego besar a Guillermo que tiene una sonrisa en sus labios al besarla. Él toma la mano de ella y sigue hojeando los papeles encima de la pequeña mesa mientras que ella se pierde en un suave sueño con el aroma del juez, su juez.
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