Capítulo 3: A un paso de la ciudad

3054 Words
El sonido de los pasillos es algo habitual para quien esta siempre dentro de ellos, escuchando los murmullos y las cantidades excesivas de gritos cuando las tragedias llegan hasta el lugar. Algunos murmuran mientras que otros susurran, algunos permanecen dormidos en las sillas cuando otros pasan atareados por sus costados. No todos están acostumbrados a lo ajetreado de una vida que casi siempre está en movimiento y cuando te toca enfrentarse a este mundo de sucesos es cuando te cuestionas sobre tu vida. Algunos momentos son buenos, como aquella blusa que te compraste a mitad de precio pero que te encanto y presumiste, o como aquel par de botas en oferta y no dudaste ni un segundo en pasar tu tarjeta para darte el gusto que siempre habías anhelado. Gastar el dinero es tan fácil cuando sabes que lo que compraras te servirá para una cena o quizás para una cita ansiada, gastarlo para una deliciosa comida con unos amigos y unas cervezas, pero cuando te ves en la situación de que tu dinero se debe gastar para tu salud, es cuando todo comienza a complicarse. La mayoría de las horas pasan mientras otros se complacen, mientras otros ríen o mientras otros lloran, pero aún más cuando los pasillos de un hospital comienzan a llenarse de casos que en algunas veces la solución no existe. El chillido de unos zapatos deportivos se entremezclan entre los sonidos de azulado pasillo, algunas personas se giran a mirar a quien correr por el suelo ya pulido, el cabello se ondea mientras que aprieta su cartera con fuerza para que nada se caiga de ella. En su otra mano una bolsa con diferentes medicamentos apretados en su puño, la angustia se desliza como gotas por sus costados mientras su mandíbula se aprieta con gran cantidad de dolor, nadie espera llegar y recibir malas noticias, pero el optimismo en estos lugares casi nunca es accedido. -Señora Stone- el hombre vestido de bata blanca hace que la mujer se detenga, su pecho sube y baja con la respiración acelerada, su cabeza se gira pero no logra ver nada cuando encuentra las persianas cerradas. -¿Qué ha pasado?- pregunta aunque su respiración no logra regularse con normalidad. Otros sonidos de zapatos chirriantes aparecen detrás de la mujer. Un hombre se detiene detrás de ella mirando hacia el mismo lugar causando que encuentre las persianas igualmente bajas. -Señores Stone- vuelve a decir el doctor mientras toma su tabla de anotaciones que había estado reposando minutos antes en la parte inferior de la cama de la paciente –Los signos vitales…- sus palabras estaban casi en la punta de su lengua y aunque los años de experiencia lo han hecho un poco frio para dar noticias tan duras, aun se encontraba el sol en su frio corazón. -¿Qué pasa con sus signos vitales?- la voz gruesa del hombre hace que el doctor ahora lo mire. -Yo creo que es mejor que pasen, le hablen e incluso, pueden rogarle a Dios- el doctor abrió la puerta de la habitación para dejar ver a la mujer acostada en aquella cama. La madre estiro la bolsa hacia el doctor y este la tomo antes de cerrar la puerta. El sonido del pitido era ensordecedor incluso aunque estuviera al mínimo, el silencio de ambas personas allí adentro era mucho más abrumador como el sonido de sus corazones sin saber exactamente qué hacer. La piel pálida hacia ver aún más fuerte el castaño rojizo de su cabello, sus mejillas ya no tenían el característico rosado causado por las largas jornadas de risas, por su boca había un tubo que llegaba mucho más allá de su garganta, las cintas cubren los costados para mantenerlo en su sitio. El característico camisón azul permanecía pulcro en su cuerpo, como si nunca se hubiera movido de aquel lugar, y sus manos encima de la suave sabana color blanco ya deban entrever el color azul verdoso de las venas. Su dedo anular ya no tenía ese característico anillo que siempre había llevado con su hermano, ahora solo estaba cubierto casi en su totalidad con el oximetro de pulso color azul. Algunas pocas marcas de tonalidad negra casi en sus antebrazos por la cantidad de inyecciones que había recibido. Su cabeza estaba en alto y sus ojos aun cerrados, parecía que estaba durmiendo aunque sus signos estuvieras decayendo. El sonido de las bancas dentro de la habitación hace compañía al de las maquinas, ambos se sientan a mirar a su hija, la mayor de ellos, su primogénita a punto de perder la vida. -¿En dónde estará Jordán?- susurra la mujer mientras deja su cartera encima de la mesa y acerca sus manos a la mano derecha de su hija, deja un beso suave en ella y hace círculos con su dedo pulgar por el dorso de la ya huesuda mano. -No lo sé, tampoco sé si quiero saberlo. Pero él nunca nos ha abandonado y si lo ha hecho, algo debe estar tramando- dice el hombre pasando su mano por el pies de la mujer acostada en la cama. Dejo caer su cabeza y su mejilla toco la cama de hospital, su mirada estaba entre su esposa y su hija que yacía más muerta que viva. -Tengo miedo de que busque a quien hizo esto- murmura la mujer girando su rostro hacia su esposo para luego volver a ver la piel pálida de si hija. -¿Qué es lo que te da miedo realmente? ¿Qué los encuentre?- pregunta el hombre dejando salir un suspiro de resignación. -Que él los mate- cierra sus ojos con dolor, molestia e ira. -¿Segura que es eso lo que te molesta? Sabes que yo sería capaz de matar a quien le hizo esto a mi hija, mis manos pican y arden por ponerlas en el cuello de quien acabo con la vida de mi bebé- dijo el padre casi en un susurro, su voz destellaba ira y furia. -Me molesta que no seré yo quien los mate- termino de decir la mujer para besar la frente de su hija. -Es un Stone y su sed de venganza no la saciara solo-   Alejados Estados Unidos…   Pasos resuenan de un lado a otro, las cabelleras rojizas estaban buscando cada una de las pertenencias mientras que los hombres que estaban en la casa trataban de ubicar cada una de las cosas que las mujeres les estaban dando. Y aunque pareciera que estaban haciendo mucho más las mujeres, era erróneo esto, los hombres parecían desesperados por toda la casa, porque en ciertos momentos no lograban entender nada de los que las hermanas estaban ordenando. Rubén parecía un desastre pero aun así lograba entender mucho mejor lo que Elle Russo estaba ordenándole, los años de estar trabajando para ella no eran en vano y estaba seguro que si lo hacía mal, su jefa estaría pensando muy mal de él, algo que siempre se había asegurado de mantener en alto. -¡Rubén!- la voz de Elle hizo que el latino dejara lo que estaba haciendo y se girara hacia su jefa. Esta movió su cabeza hacia un lado haciendo una mueca, Guillermo y Jordán vieron como él en silencio salió de la casa seguido por Elle Russo. Hellen seguía haciendo cada una de las cosas que había estado haciendo junto a su hermana hasta que una voz la interrumpió. -Sé que tú y Rubén están saliendo pero ¿No te da algo cuando él se va con Elle Russo?- la pregunta de Stone hace que ella se gire a mirarle y ladear su cabeza –Es decir, ya sabias que el había gustado de ella, entonces ¿Cómo lo haces?- Guillermo se queda un momento pensativo y no aparta la mirada de la pelirroja. -No tengo porque mal pensar de mi hermana o de Rubén. Esta más que claro en lo que tú mismo estas respondiendo Stone- aquello dejo un poco descolocado al ex oficial logrando que mirara de reojo a el juez , que estaba un poco tan perdido como él. -Yo…- el ex oficial no sabía que responder o mejor dicho, no había entendido la respuesta. -Lo que te quiero decir es que Rubén ya pudo haber estado con Elle, y aun así no es la situación. Si antes no estuvo, porque tener miedo de la única persona que realmente estuvo con mi hermana además de la mujer quien la acogió cuando lo necesito. No necesito pruebas de amor para tener seguridad de algo que se me pertenece- alzo su ceja al muy estilo Elle Russo dejando a los hombres allí mirándose fijamente, para luego girarse y seguir con sus obligaciones. -¿Qué ocurre señora Russo?- pregunta el latino cuando estaban ya casi en la mesa de madera. -Tu eres el único que sabe cómo trabajo, Hellen apenas comenzó a entenderlo pero tengo mis dudas, ya te lo había dicho- el hombre asiente a lo que su jefa esta queriendo decirle. -Ya no tiene que tener miedo aparecer- aquello le causo gracia a la pelirroja asintiendo a lo que él dice. -Pero mi departamento ahora es otro- termina de decir con gracia para completar lo anterior del chico –Pero ambos sabemos que las cosas no están de nuestro lado completamente- ambos rostros cambian drásticamente –Tú tienes a mi hermana y espero la cuide,  y sé que yo tengo a Guillermo pero no quiero que él se aleje de su cargo solo por mí, por otro lado esta Stone…- dio una leve mirada hacia la casa antes de volver a mirar al latino. -¿Todavía estamos desconfiando de él?- pregunta Rubén llegando a donde ella y luego miran hacia la hermosa cantidad de árboles con topes verdes. -Más que él, la que trabajaba con el- Rubén muerde el interior de las paredes de su boca asintiendo, la mirada va directo a los hermosos ojos azules de su jefa. -La oficial- ella asiente y niega con molestia. -Sé que algunos de sus familiares están dentro de la policía, su amiga la detective Caine que hasta ahora él no ha nombrado también me tiene un poco desconcertada- -¿No sabes nada de ella?- pregunta con incertidumbre el latino causando que Elle niegue. -Su trabajo es pulcro, pero ella está igual de incrédula de saber que Jordán no apareció más. Incluso estoy segura que ella no sabe nada sobre la hermana de Stone entonces ¿Realmente Caine es amiga de Jordán?- la mano pálida de la mujer pasa por su cabello con algo de molestia por no tener todo sobre la mesa. -Señora…- la voz de Rubén no la hace girar, pero es evidente por la forma en que sus puños se aprietan que la molestia es lo que ella está sintiendo en este momento. -Debemos volver a la ciudad lo antes posible, algunas cosas deben ser investigadas y no puedo hacer todo por medio de Guillermo- ladea su cabeza. -Es muy perfeccionista para eso, señora- ella asiente a lo que él le dice pero no abre la boca por un momento. Ambos se acercan a la mesa y se dejan caer en las bancas para mirar hacia los árboles. -Tengo algunos puntos que investigar cuando lleguemos y entre ellos esta saber sobre la verdadera familia de Jordán Stone y porque en lugar de recurrir a ellos vino a nosotros- el latino asintió y se levantó para volver a ingresar a la cabaña. Su boca sellada como un sepulcro siguió con sus obligaciones bajo la mirada de los tres presentes. -Terminen de empacar, el tiempo corre y mi jefa tiene planes- la mandíbula se tensó cuando comenzó a subir las escaleras aún bajo la mirada de todos, la intriga recorriendo por cada una de esa miradas. La puerta de la habitación que tenía llave fue abierta por Rubén, luego el sonido suave de ella cerrándose dejo claro que el hombre estaba dentro de ella y esperaba que nadie lo molestase, por lo menos no alguno de los que estaba aún en el living, pero todos sabían quién podía y ahora estaba cruzando la puerta de entrada para comenzar a subir las escaleras, solo que ella abrió la puerta de la habitación de las niñas. Ambas estaban terminando de empacar hasta que sintieron la puerta cerrarse. Las niñas tenían sus mejillas sonrosadas por las tantas risas que ellas mismas estaban creando dentro de aquella pequeña habitación. -Tía Elle-la primera en hablar fue la pequeña Emilia que salió corriendo hacia su tía, mientras que Mía la abrazo por su pierna. -Prometo volver a encontrarnos- la sonrisa en los labios les hizo saber a las niñas que la mujer podría cumplir esa promesa siempre que pudiera. Ella alzo su dedo meñique e hizo la promesa con cada una de ellas –Y prometo llevarlas a Disney ¿Si?- ambas se lanzaron a los brazos de su tía –Pero necesito que terminen de empacar rápidamente que el tiempo esta corriendo- dejo un beso en sus frentes y salió de la habitación de las niñas para cruzar toda la cabaña y llegar a donde estaba Rubén. -Lo que dijo Guillermo es verdad, he visto los documentos- el latino se gira y extiende unas fotografías que estaban dentro de un sobre amarillo, el suspiro que soltó la mujer dejo en evidencia que la situación estaba más peliaguda de lo que se puede pensar. -No es que tenga uno encima, el problema es tenerlos a todos- su mandíbula se apretó en molestia y abrió la puerta –Guarda todo, nos vamos- el asintió y casi salió corriendo detrás de su jefa. -¡Niñas!- la voz de Hellen hizo que las pequeñas salieran con sus maletas listas solo para que Jordán las ayudara a bajarlas. Uno detrás de otro comenzaron a salir de la casa para que Elle fuera la última en cerrarla. Y aunque pareciera que estaban incomodos, lo más sensato en ellos es ir todos en grupo. La camioneta que portaban estaba con la matricula del país bajo el alquiler de un hombre que seguramente había muerto hace muchos años atrás y que nadie tenía la idea de que eso había sucedido. Rubén estaba de conductor y al lado de él como copiloto estaba Elle, encima de ella estaba Mía, en los asientos traseros estaba Guillermo, Hellen que llevaba a Emilia encima y en la otra puerta estaba el ex oficial Jordán Stone. Rubén comenzó alejarse poco a poco del pequeño paraíso frio para enfrentarse en la verdadera realidad.   Elle Russo.   Mis manos comienzan a temblar, una de ellas estaba haciendo círculos encima de mi jeans color n***o, la otra está apoyada al filo de la ventana de la camioneta y sus dedos estaban acariciando mi frente. Se supone que cuando inicie esto es para que todo quedara allí, era buscar a los diez y un poco más y asesinarlos, saldar mi deuda con mi niña del pasado a la que se le arrebato la vida. Lastimosamente para llegar allí tuve que enfrentar más de lo que creí, un marido abusivo que asesine junto a Rubén que estaba al tanto. Rubén, Rubén ha sido esa persona que siempre esperas tener a tu lado, fiel, callado y seguidor. La perfecta persona para mi descarado y malévolo plan, conseguirlo fue una suerte que no pienso desaprovechar, ahora todo se está volviendo un poco más tenso de lo que pensé en un inicio. Un policía obsesivo que me estuvo buscando junto a una compañera peor que un perro buscador de droga, luego Rubén y su sobrina y ahora tengo al policía obsesionado por mí de mi lado. Ni en mis peores sueños de mis 17 años me hubiera dado cuenta que en mi futuro estaría en esta situación. La espalda de Mía se encuentra con mi pecho y ella se relaja mientras, mis ojos se cierran por lo cansado que esta mi cuerpo. Descansar siempre fue mi opción, y ahora no creo poder conseguirlo. No sé qué puede ser peor, tener a Jordán de mi lado o tirarme a medio mundo por él, aun no sé lo que hare y espero que Rubén, el único que realmente ha entendido mi cabeza desde que lo conocí, me ayude. Giro mi rostro y lo veo a él, un semáforo nos detiene y él se gira a mirarme, su pose es tan parecida a la mía solo que él está mordiendo su dedo índice pero no aparta su mirada de mí. Los otros pasajeros en el auto nos quedan mirando antes de que ambos volvamos a girarnos y seguir el camino. El silencio era algo que esperábamos incluso cuando estacionamos el auto en la misma casa en donde habíamos dejado a Emilia la primera vez, en donde sus abuelos paternos. Guillermo se baja del auto para que mi hermana pueda bajarse junto a Emilia, Jordán y él se quedan al lado del auto mientras que Rubén va junto a Mía, y obviamente yo hacia la casa. La madre de Mía aparece por la puerta y la niña corre a los brazos de su madre bajo nuestra mirada, Emilia salta a los brazos de su abuela. Veo de nuevo todo alrededor. -Señores- la pareja adulta se acercó y me estrecho en un abrazo al igual que a Hellen, Rosa no deja de mirarme ni de mirar a mi hermana, sé que está viendo al fondo en donde están los dos hombres mirando hacia nosotros, es inevitable no sentir la mirada de Guillermo a la distancia. -No sabía- dice Rosa casi en un susurro llegando a mi lado. -Tampoco pensé que apareciera- ella asiente tomando la maleta de Mía y dejándonos a los tres poder irnos. Ahora dentro del auto y en silencio siento de nuevo la mirada de Rubén, y de camino al hangar en donde estaba mi avión privado junto a Cristina esperándome, mi voz hizo eco en todo el auto. -Quien cuestione lo que hare le dejo claro que puede irse, pero si me delatan, les recuerdo como han quedado todos aquellos que han hecho el mal delante de los ojos de Dios y yo los he descubierto- les digo casi con un recuerdo y con aquella advertencia, todo queda en silencio.
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