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EL ASESINO DEL OCASO

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Blurb

La mente humana esconde muchos secretos, dónde por cuestiones del destino, una persona no es lo que aparenta ser. Esta historia narra la vida de un simple conserje, residente de la Ciudad Oscura, llamado Jack Miller, el cuál vive muy afectado por traumas del pasado; qué está lleno de maltrato, injusticia, violencia y abuso.

Él se esconde, en las paredes de un condominio, ubicado en un edificio, llamado Cosmopolitan, esté es uno de los más adinerados de la ciudad. Y ¿por qué no?, del país; las personas que viven ahí esconden sus secretos, (como todos los seres humanos), pero estos secretos afectan, o han afectado a más de un inocente. Es decir, a las personas que tienen a su cargo. (como ancianos y niños pequeños, miembros de su familia, o simplemente a su cuidado).

En esta trama, Jack, quién narra en primera persona, ha padecido en carne propia todos estos agravios, quiere hacer justicia, quizás, no de la forma más adecuada. Pero, en su esquizofrenia, y psicosis, es la única que viene a su trastornada mente, pues para él: “Si no existe quien maltrate, no seguirán formándose asesinos como él”. Con ese motivo, él escoge ese camino, asesinar a los “culpables”, como él mismo los llama. Haciendo “justicia”.

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El inicio del Asesino del Ocaso.
Hoy como cualquier otro día, en la ciudad oscura, todos sus habitantes salen a cumplir con sus cotidianas actividades, aunque, es una ciudad muy pequeña, en ella, viven, grandes magnates de negocios, y personas de mucho poder a nivel nacional, muchas habitan en un hermoso condominio, ubicado en uno de los edificios más altos y lujosos de toda la ciudad, denominado; Torre Cosmopolitan. En el, vive un hombre, de edad adulta, quien, por momentos, se pierde en sus fantasías. Su nombre: Jack Miller.  — ¡Yo soy Jack Miller! — (Quién les narra esta patética historia)Sí, yo vivo en ese condominio, no por ser rico, como los demás habitantes. Soy el esclavo, quien les sirve, solo un simple conserje. Parecerá un poco tonto, pero alguien tan insignificante, tan poca cosa, “como yo”  Le daré, la vuelta completa, no solo a la vida de los habitantes del condominio, sino a toda la ciudad. Ya entenderán el por qué… Todo comenzó aquel día de verano, en la ciudad oscura. Yo la veo más, como una ciudad de porquería, dónde lidera la corrupción, la injusticia, la maldad; dónde él que más tiene dinero, es, quien tiene el poder, y hace lo que quiera. Y sí, donde las personas, así como yo, somos nadie, valemos nada, no le importamos a nadie, no hay dolientes, ni siquiera de los más inocentes... Suena la alarma y con voz irritante gruño: — ¡No! Otro día. Bueno, tendré que volver a mi aburrida vida. —  Me dirijo a hacer mi trabajo, mi aburrido y triste trabajo, no es nada lejos, trabajo en el mismo edificio donde vivo, sí, parece un día normal, otra vez a aguantarme las humillaciones de mi jefe, (si así se le puede nombrar, al mal nacido ese). Como les decía, aquí el que más tiene, más violenta, el poder es de los adinerados, todo lo compran con billete. Y no existe nadie, aquí, en esta podrida ciudad que quiera poner fin a eso, o simplemente no existe el valiente, el vengador. Pero en realidad yo no tengo ni medios, ni soy quien para llegar a ser nada como muchos, a los que nos toca quedarnos callados. Es importante mencionar, que mi trabajo me hace saber cómo es la oscuridad de los habitantes del condominio. Se sorprenderían todo lo que uno ve. — Y sí, eso pasa en mi trabajo. En éste edificio de mierda, donde vivo. Y por desgracia trabajo.  Tiene 12 pisos. Soy el encargado de limpiar las asquerosidades de todo el lugar. Claro, existe más personal, pero yo soy el permanente, él que vive aquí. Y al que tratan más, como una basura. —  Mantengo mi diálogo interior maldiciendo el lugar. Vivo, en un pequeño cuarto, en el sótano como una rata, donde me metieron, con la excusa de “ayudarme”, pues no tenían como pagarme más, y tampoco tenía más opción. Era esto, o por mi condición mental, “controlada por medicamentos”, irme a la calle a pedir limosna. — Por eso mismo, se aprovechan y no gano un sueldo, tienen más de cinco meses que no me dan ni un billete, el efectivo, el poco que he tenido en mis, bolsillos, me lo dan los residentes, a manera de ayuda, por hacerles, cualquier favor, que no va con mi trabajo, eso, sin que se entere la miseria de Jefe que tengo, pues, si él sabe, se me acabaría la poco ayuda que recibo externa. —  Peleó en voz alta porque no tengo quien me escuché. Tal cual, solo vivo de la Caridad de algunas personas, la excusa es -que vivo aquí, y me dan algunas migajas de comida- de lo que recoge la junta de condominio, -pero eso si no ven las horas que trabajo, algunos días me ha tocado trabajar más de 16 y 18 horas continuas-. Sí vivo es verdad, -vivo, esclavitud post modernidad, pero como dicen por ahí, ¡al menos tengo trabajo-. Como les venía diciendo, voy a mi trabajo, y debo comenzar a limpiar. Sale el presidente de la junta de vecinos, a quejarse conmigo. Y a tratarme mal. No saluda, solo comienza a insultarme: — ¡Eres un parasito!, no sirves para nada Jack. Los baños del piso tres están sucios, ha basura en  el piso diez… ¡Eres un inútil! No sirves para nada. — Y como si eso no fuese suficiente añade: —¿De qué sirve que esté aquí? Si tú no haces nada, no sirves para nada. ¡ERES SIMPLEMENTE UN VIVIDOR! — Tuerzo los ojos y tengo que aceptar, porque si no me ha pegado físicamente le ha faltado poco, creo que si fuera mujer, ya lo hubiese hecho. Ustedes dirán pero ¿Por qué  solamente a mí? Y no al otro personal. Es que el personal no dura,  aguantan poco tiempo y se van. ¿Por qué creen? Se cansan del maltrato, y del poco sueldo  Pero por lo menos a ellos les pagan, poco, pero les pagan. A mí nada, por ahí, gracias a la caridad, como ya lo mencione de algunos vecinos, no todos son iguales, algunos le gusta ayudar. Aunque la mayoría lo ven a uno como un animal, como algo inservible, perdón, no me puedo comparar con los animales, pues ellos a sus animales, los tratan bien… Subo para acomodar lo que me exige mi jefe, y escucho de nuevo los gritos. Es increíble ver cómo maltratan a esa niña, a nadie parece importarle, ni siquiera, a su mamá, todos los días la escucho gritar, no sé si le pegaran, o que maltrato le estarán haciendo, solo se le escucha gritar y suplicar: — ¡No más por favor no me hagas más daño! — Bueno, siempre está llorando y gritando. No hacen nada, porqué, el tipo, el padrastro de ella, es político, y tiene un alto cargo en el gobierno local, y mucho dinero, por eso, aquí todos se dejan comprar por uno o dos favores. Sí, yo creo que le tiene mucho miedo a su padrastro, afuera se ve tímida, lo mira con miedo, yo me acerque una vez a saludarla,  y vi mis ojos en su mirada, la misma mirada que reflejaba yo en mi infancia, como ya lo dije, aquí nadie hace nada, en esta ciudad de porquería, simplemente no hay dolientes... Sale el tipo ese, de su apartamento, como si yo no hubiese escuchado nada, saluda con tanta amabilidad y educación, cualquiera que lo vea y no lo conozca, pensaría es “todo un señor”. Si supieran de verdad, el monstruo qué es y cómo hace sufrir a esa pobre niña-.Pero, aquí a nadie le importa lo que le pasa a los demás. Pero pienso que ¡Algo tendrá que pasar para que ya esa niña deje de sufrir! Bueno no sé, digo yo. Les contaré un poco de lo que ha sido mi vida nada interesante, nada de importante, pero al fin, y al cabo mi vida. Yo también, sé que es sufrir, y que nadie le importe, mi madre: una tremenda cualquiera. lo único que importaba era el polvo blanco que pasaba por sus narices, y complacer a sus amantes,  si nada deseable. No se mucho sobre esas leyes que quieren aprobar hoy día las pro abortistas, pero si son madres como la mía, hubiese preferido que me hubiese abortado. — ¡Si amigos, mi madre era una tremenda basura! Permitía que cualquier persona, hiciera conmigo, lo que se le daba la gana. Dicen que tengo que perdonarla, que al fin, y al cabo era mi madre. Bueno, eso dice mi psiquiatra. Pero no, simplemente hay cosas que son imperdonables. — Me estremezco al recordar cada una de esas cosas. Ese día comenzó la verdadera historia, ese día comenzó mi verdadera misión, la verdadera pasión que yo tenía por dentro. Porque, esos vecinos del piso tres donde me toco subir a volver a limpiar, por “quejas” de que no estaba limpio me hicieron conseguir mi camino. Me encontraba terminando de volver a limpiar ese piso, y veo una de las peores escenas de mi vida, una de las más horribles. Luego de que sale ese fulano, a los diez o veinte minutos, no sé exactamente, sale la niña, tan solo una pequeña con su ropita interior llena de sangre y llorando del dolor, me dice: — Señor JACK, me duele mucho, mi padrastro me lo acaba de hacer y mi mamá, no se levanta, hiede a alcohol. — Abrí mis ojos de par en par sin poder creer eso que estaba ante mis ojos y le dije: — Pequeña, ¿Qué te acaba de hacer? — Ella con la cara abajo me responde: — ¡Volvió a abusar de mí! Pero esta vez me dolió mucho, y me hizo sangrar. —   Llamo, de una vez, a emergencias, llegan al edificio, ella, ya cansada de tanto abuso, y apoyada por una trabajadora social cuenta lo sucedido, se la llevan en una ambulancia, y llega la policía más o menos a la hora, que ya se han llevado a la niña, se acercan y comienzan a interrogarme. Yo les digo: — Señor agente la verdad no sé, la niña salió del cuarto sangrando. Y solo me dijo que necesitaba ayuda. — Se alejan y me dejan solo, pero, yo, ya sabía que debía hacer, pues en el fondo tenía claro que ellos no harían nada. A los minutos, llega el padrastro, veo que saca un sobre marrón de su abrigo, y, se los da a los que se supone nos deben cuidar, es decir, a los efectivos policiales, en ese momento.  Se dirige hacia donde estoy yo, y me dice: — ¡Es mejor que haga como si no hubiese visto nada! Tomé aquí, esto es su recompensa, y sabré, seguir ayudándolo mucho mejor, por su silencio. Porqué, así es, aquí no ha pasado nada. Y en un rato, vuelven a traer a mi hija, ella está un poco mal de la cabeza, y ya los médicos lo determinaron, al final tendremos, que su mamá, y yo recluirla en un hospital psiquiátrico. — Dice, el depredador de mierda ese y se aleja. —¡Este si me cree bien pendejo, yo sé perfectamente lo que vi! — Y tal como soborno a estos payasos de aquí, tuvo que hacer lo mismo con la trabajadora social, y el personal médico donde llevaron a la pequeña de urgencia. Se retira también, pero en sí, yo sabía, quién era el tipo, y sabía lo que iba a terminar de hacerle a la pobre niña, antes de continuar, debo aclarar algo, por el trastorno que supuestamente tengo, me recetaron unos medicamentos, y el psiquiatra insiste en que no debo dejarlo, debo tomarme una de esas pastillas de récipe rosado, todos los días a las ocho de la mañana; pero la verdad, como no me dan dinero, no tengo para comprar la medicina. En nuestro país, la salud mental no es una prioridad, en cambio, darle dinero a tipos como el abusador de la pequeña, a eso sí, en eso es una aliciente, pero eso mismo me permite sentirme más motivado y eufórico, y esto despertó cosas dentro de mí que nunca había sentido, un éxtasis, un clímax, que tenía que calmar de alguna forma, y esta forma era haciendo justicia. Todo esto se me viene a la cabeza, y me estremece por dentro, siento ganas de ahorcarlo. Lo imagino de rodillas suplicándole perdón, a esa podre niña, y necesito hacer algo. No puedo permitir, que haga, lo que se, que va a hacer: Callar por siempre a esa niña. Pues, así escuché de su propia boca que lo dijo en días pasados. Su lema es el siguiente: —¡Estoy aspirando a un cargo político mejor, y cualquier cosa que pueda evitar que llegue a conseguirlo lo voy a quitar de mi camino! — Y entonces ¿Qué creen ustedes? ¿Cómo va a quitar ese obstáculo? Es decir, a la niña. Necesito saber con cuánto tiempo cuento, saber qué día regresará la pequeña, ¡sí estoy muy ansioso! Debo controlarme, antes de ejecutar mi plan. No sé cómo, pero lo tengo que averiguar, ¿Cuándo la traerán? En ese momento, todos se van, yo decido irme a mi cuarto. Necesito planificar bien los pasos a seguir, pero primero, antes de todo, debo averiguar, si la niña va a venir de nuevo al edificio, sería muy evidente, pero ya sé a quien decirle que averigüe. A Rosa, actual conserje de medio tiempo. Que más bien ha durado mucho para lo que duran los demás, ella sí que es buena para sacarle la información a la gente, y si le gusta saber la vida de los demás, tendré que no ser muy evidente y manejarla, para que ella se encargue de averiguar lo que yo necesito. Y sí, efectivamente lo logra, a la hora, llega a mi cuarto, toca, y me dice: — Jack, ¿Te encuentras enfermo? Tú nunca estás aquí a ésta hora, y si no terminas con la parte que te toca, te van a venir a molestar, como siempre lo hacen, la belleza de jefe que nos gastamos. Entonces respondo con el seño fruncido: — Sí, he estado un poco indispuesto. Por tal razón, hoy no puede terminar todas las tareas del trabajo, pero me importa un carajo. — Ella sorprendida me dice: — Tu nunca Te expresas así, pero imagino que debe ser ocasionado por el mismo malestar, tranquilo, Te entiendo, uno enfermo ganas de nada tiene. Si necesitas algo me dice, a otra cosa, sobre la niña del piso tres, te comento que hoy en las horas de la tarde-noche, ya le dan de alta me comento su mamá. Pues subí al apartamento, con la excusa de unas pastillas que le llegaron a la recepción, entonces me pase de amable, solo para que me confirmará eso, por cierto, ¿Por qué tu quieres saber eso?. – Me interroga y yo le digo: —¡No, es que me preocupo ver cómo salió, pero me contenta que todo esté bien! — Pero ella con ganas de sacarme información, porque sabe muy bien, que si alguien tiene conocimiento de lo que sucede en ese edificio, soy yo y recalca: — Pero ¿Tú has visto algo extraño en ese apartamento? Muchos dicen que ellos tienen muy malos tratos con esa niña. — Me hago, el que no es conmigo y le digo: — ¿Yo? Yo no sé nada Rosa, y la verdad no me siento nada bien, lo importante es que la niña esta mejor. Hoy día, no se le puede creer nada a los niños, seguro un ataque de pataleta de la niña, que no acepta al marido de su mamá, y te repito Rosa, no hay que meternos en los asuntos de los residentes, de verdad no me siento bien, me acostare a descansar un poco. — Ella se cree todo el cuento y se retira. Pero yo, ya comienzo, rápidamente a ingeniar mi sangrienta misión, necesito que no sospechen de mí, que todo parezca un accidente, pero que luego que investiguen, se sepa que alguien lo hizo, con qué fin. Necesito que todos los malnacidos, como el residente, del apartamento, trece C, sientan miedo, pavor pues serán los próximos. Lo más importante, es que debo matar dos pájaros de un solo tiro, es necesario, que ese par de degenerados: el padrastro por sádico y su madre por cómplice, mueran hoy mismo. Ya tengo todo listo, tengo muchas cosas que me son muy útiles, porqué como aquí me toca hacer de todo, a mi disposición tengo la indumentaria que necesito para la misión, y lo mejor, es que nadie sabe que yo conservo todas estas cosas así. Pues, para todos no es más que simple basura. Ya son las tres de la tarde. Necesito comenzar con mi plan, me dirijo a su camioneta, soy delgado, y en el espacio del asiento de atrás, es decir, en esa parte entro perfectamente, y tan solo, en el pequeño morral cargo todo lo que necesito, es tan profundo ese espacio, que no se darán cuenta que voy aquí. Efectivamente, se montan los dos adelante, van hablando de cómo deshacerse de la pequeña, lo ven, no estaba equivocado. Solo necesito, que la busquen, y comenzare con mi plan, escucho una niña llorar, esa debe ser ella, debe estar muerta de miedo, y en mi mente repito: — ¡Tranquila! No te desesperes, ya está por llegar el fin de tu sufrimiento, la hora de la justicia. Ella se monta. El sujeto, prende la camioneta, y solo le dice: —¡Ya vas a ver! Como vas a pagar lo que nos has hecho pasar. Yo me levanto sigilosamente, ella me ve, pero le hago señal que se quede callada y lo hace, la mamá va tan drogada que no se percata, que ya salí de mi escondite y el tipo en ese momento va conduciendo, y hablando por teléfono al mismo tiempo. Me acerco a su cabeza, coloco un arma de juguete, pero con apariencia muy real ¿Cómo va a saber él, qué mi arma no es real? Y le digo: —¡Sigue ese camino solitario! — Después de varios minutos, le ordeno que detenga el auto, tengo unas esposas, que me conseguí, en uno de los edificios de un residente, que hacia prácticas sexuales inusuales, y le ordeno: — Ponte las esposas y te vas a apresar al volante. —  Luego mientras él accede sin chistar, muy fuerte grito: —¡Bájate niña! — Pero la tipa, esa que dice ser su madre, también intenta bajarse entonces me acerco con un químico muy fuerte, que duerme a cualquier persona, y se lo coloco en su nariz, a ciencia cierta no sé que es, pero funciona perfectamente, cae en un profundo sueño. El sujeto en cuestión, intenta persuadirme, yo delante de él, comienzo a rociar gasolina en toda la camioneta, observo hacia afuera, y si, es perfecto, el sitio donde estamos estacionados, está completamente solo, y ¡Se ve la salida del Ocaso! El momento perfecto, para lo que va a suceder. Momento que este par de insectos jamás hubiesen querido que llegara. Él intenta forcejear conmigo, pero aunque la pistola es de mentira, es muy similar a una real y le doy un fuerte cachazo, la sangre derrama de su cabeza, y comienza a gritar, con risa malévola le digo: — Solo es un poquito de lo que has hecho llorar a esa pobre niña. -- Me súplica: — Por favor, te daré lo que quieras, hare lo que quieras, pero no nos mates, te estarás condenando de por vida. – Ni para implorar perdón sirve, así que me vuelvo a reír a carcajadas y le digo: — Como se nota, que ustedes no saben, sino lo que ven, alguien como yo desde hace mucho tiempo, ya está condenado. — El tipo intenta zafarse, de todas las formas posibles y pienso, “que bien fabrican esas esposas, para prostitutas, tendré que comprarme unas cuantas así” La niña ve todo y yo le digo: — ¡Nena, si quieres correr, lo puedes hacer, a ti no te voy hacer nada, si más bien esto lo hago por ti! — Ella la me mira no sé si con ojos de miedo, o de admiración, pero sale corriendo. A lo mejor me delate, no sé, que pase lo que tenga que pasar, ya lo hecho, hecho está. Prendo un cerillo, y lo lanzo a la camioneta, veo como se expande el fuego, de una vez y lanzo las pocas cosas que traía para que se eliminen, es decir, la evidencia, no hay nada que el fuego no borre. Escucho los gritos, el dolor de ese par de desalmados, no sé pero no siento ningún remordimiento, siento placer, siento paz, siento justicia. Ya se fue completamente el sol, llega la noche, pasó el ocaso, y con él, la vida de estos dos pecadores, verifico, que no quede nada, que me pueda inculpar, dejo mi insignia, un trébol de 4 hojas, de madera, hace un tiempo, hice un pequeño curso de madera y los fabrico muy rápidamente, tendré que tener más así. Me voy caminando tratando de buscar como volver a mi edificio. — ¡Pero ya no soy yo, de eso estoy seguro!

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