Fue un beso urgente, impulsivo, como si todo lo que habíamos guardado por tanto tiempo, todo lo que habíamos reprimido, saliera de golpe. La chispa que recorrió mi cuerpo fue como un fuego, algo intenso que me hizo olvidar nuestro alrededor. Y algo dentro de mí, me dijo que ella también lo sentía. El calor de su cuerpo, la suavidad de sus labios, todo era como una corriente que me arrastraba. No pensé en nada más. No en el qué pasará ni en lo que podría venir después. Solo existía ella y yo. Cuando me separé un poco, todavía la tenía cerca, con la respiración agitada, y sus ojos grandes mirándome. Estaba confundida, sí, pero también había algo más, algo en su mirada que no pude identificar del todo. —Sé que esto fue una locura —dije entre jadeos, con una sonrisa torcida—. Pero no podía

