Dormía casi siempre en su espalda -envidiable- y casi nunca roncaba, si acaso lo hacía era solo cuando estaba muy cansado. Le encantaba andar desnudo cuando la casa estaba vacía, o cuando sabía que no había mujeres cerca, se atrevía a nadar sin ropa cuando no había moros en la costa o de noche, cuando era difícil notar si alguien traía ropa o no. Las únicas y pocas ocasiones en que se le veía nervioso o con miedo, las demostraba rascándose la nuca, siempre con la izquierda y lentamente, como masajeando el lugar de más tránsito en la carretera de comunicación entre el corazón y el cerebro, a modo de descongestionarlo.
Su habitación y pertenencias siempre ordenadas y limpias; nunca se le vio clavándose en su mochila como sus compañeros tratando de encontrar algo, porque él sabía el lugar preciso donde estaba cada cosa, y si en efecto estaba ahí o no. Sus notas escolares alineadas y claras, libros y materiales en perfecto estado, como nuevos; y la forma en que cuidaba hasta los más mínimos detalles era impresionante: usando un lápiz con tal precisión y economía que el mismo le duraba más de un año, nunca un milímetro de la punta gastado en algo que no fuese escuela, por ejemplo, si éste pertenecía a los útiles escolares.
Además de su cartera, y solo a veces, nunca cargaba algo más en sus bolsillos: algunas monedas y rara vez una servilleta o un amuleto, una piedra extraña, una resortera, o algo más que le impidiera sentirse libre y cómodo. Rara vez usaba suéter o chamarra, y nunca un paraguas o gorra, mientras menos cargara, mejor para él.
—Ya estuviste con ella ¿verdad? Jaime miró a Mario, interrogando con una sonrisa.
—No sé de qué me hablas. —Miró a otro lado evitando continuar la frase —quiero decir, sí sé, y sí, ya estuve con ella, pero no en la forma que piensas.
—Ni me importa, lo único es saber si ya lo hicieron.
—Ya estuve con ella, pero nunca hemos c- —hizo una pausa y aclaró su garganta. —Nunca hemos hecho el amor, o algo siquiera cercano a eso… así.
—Ay, vamos, bien sabes que no me importa —hablaba en serio. —¿No puedes ser honesto al respecto?
Mario continuó algo nervioso. —J, Te diría y bien lo sabes. Es solo que…
—¿Qué?
—Que yo…
—¿Tú qué?
—No puedo hacer algo cuando estoy a solas con ella —se avergonzó bastante, —es tan poderosa y bella. No puedo explicarlo.
—Noté anoche el gesto para que la siguieras. Creyeron que no estaba viendo, pero supe lo que su expresión indicaba —hizo una pausa. —¿Vas a decirme que nada hicieron durante toda una hora a solas?
—Nosotros no… yo no pude —Mario miraba sus zapatos cual si hubiera robado algo muy valiosos y estuviera muy apenado.
—Pues, está raro…
—J, para ya —Mario cayó en cuenta súbitamente de que estaba enojado más que incómodo. —No puedo continuar haciéndote saber lo que siento o quiero hacer o no puedo hacer con tu hermana.
Y se quedaron juntos sin intercambiar palabras por media hora. Solo juntos.
Ambos eran más como hermanos que como amigos; la característica un club exclusivo de los dos era la forma en que se saludaban, gritaban, y señalaban el uno al otro. Cualquiera que fuera la razón, era su sello personal, puesto que la mayoría del pueblo no podía pronunciar tal expresión apropiadamente, y aquellos que podían les parecía raro: —¡Añe! Mario.
—¡Añe! J ¿Vamos hoy al río?
Era tanto un saludo como aprobación, aceptación o reconocimiento de todo y cualquier cosa que alguno de los dos hacía. Por ejemplo, si Jaime golpeaba muy duro en la tercera jugada de shanghai, las expresiones de los demás eran Wows, órales, y aplausos, pero de Mario sería un fuerte y claro: “¡Añe!”
Sabiendo que Mario había obtenido una calificación de A+ en el examen de matemáticas, el “¡Añe!” de Jaime era el sonido más dulce y la mejor recompensa que Mario podía recibir. Era exclusivo del par, si alguien más trataba de usar la palabra, ellos no lo aceptaban, y los demás se reirían ante tal arrojo. Era una de esas cosas para las que no existen reglas o palabras para explicarse. Casi toda las aventuras y juegos de adolescencia de Jaime, incluso los tiempos ‘fáciles’ fueron en la compañía de Mario.
—d4. Como te gusta —era el turno de Mario al comenzar el juego de ajedrez.
—d4, ¿eh? —Jaime sonrió. —¿Estás seguro? Entonces como no te gusta: d5.
La regla principal era que a quien le tocara tirar podría hablar, pero solo antes y mientras se hiciera la jugada: —Ni idea tienes cómo no me gusta: Cf3.
A veces se juntaban solo a platicar. Sus temas eran siempre variados e interesantes. Algunos días, principalmente en domingo, cuando el clima era malo y no había mucho que hacer, se iban por el pueblo jalando una carretilla pidiendo y recogiendo juguetes rotos; los llevaban al taller de papá a fin de arreglarlos. Los etiquetaban a modo de no confundirlos y poder regresarlos a los agradecidos y sonrientes niños. Eran muy organizados, por ejemplo, si alguno de los juguetes no tenía arreglo o era muy difícil repararlo se le hacía a un lado para usar las partes, anotando también a quien pertenecía el juguete PEA; si la única solución para dos juguetes similares era sacrificar uno para poder hacer funcionar el otro, el sacrificado era anotado también, de modo que la próxima vez, el dueño tuviese prioridad.
Jaime pensó un poco en la apenas iniciada apertura del juego y su respuesta, no característico en el —Creo que será entonces Cf6.
El orden de pegamentos, pinturas, clavos, papel, tornillos, hilazas, cartón, y herramientas era perfecto y todo estaba alineado; como un verdadero taller de juguetes. Los amigos discutían siempre algún tema de actualidad o de algo más allá del entendimiento de la mayoría. Esta vez simplemente ejercitaban sus cerebros.
Mientras Mario mezclaba un par de tonos azul obscuro y amarillo claro a fin de obtener un verde que encajara con el de un carrito de madera, contestó rápido —Fácil, e3.
Jaime atornillaba y pegaba un robot muy raspado y usado —Entonces, ¿pensaste lo que Julian dijo? c5.
—Lo hice, —Mario vaciló en ser exacto en la respuesta —de hecho, muchas veces y mucho antes que él lo mencionara. Te arriesgas demasiado, Ae2.
—¿Y? e6.
—Pues… sabes que es arriesgado. Para ti sería más fácil, —volteó a mirar a Jaime —no me refiero a lo físico ¿sabes? Mi mamá y eso. 0-0.
—Ya sé —esa era una réplica difícil. Continuar la conversación también era un reto. Una buena pausa antes de balbucear la respuesta. —¿Te crees a salvo ahora, eh? Ad6.
—Creo —Mario habló despacio, —si de verdad ustedes quieren ir a la playa pueden ir sin mí. Cbd2.
—¿Que qué? ¿Bromeas? ¿Cómo me divierto si nada más voy con Julian? ¿Aparte de la aventura y todo eso… de qué platico con él durante todo el viaje? —la dificultad comenzaba a incrementarse en el tablero y piezas imaginarias de ajedrez —Cbd7.
—La méndiga cosa es, que no sabemos cómo le haremos para cruzar la frontera. Han mencionado los lugares donde es posible y seguro hacerlo y todo, pero, ¿cómo llegamos hasta allá sin un vehículo? —Mario hizo una pausa de varios segundos, requiriendo más pensada —Y aparte, ¿cómo llegamos a la playa desde ahí también? ¿A pie? —aún más pensada. —c4.
—¿Tienes miedo? cxd4.
—¡Claro que no! —se sintió ofendido —Solo pienso en la preocupación de mamá, nada más. Cxd4.
—Me refería a la jugada: no te atreviste a avanzar el peón. Demasiado tarde para eso ahora: Dc7.
—Bueno, pues es parte de la estrategia; a partir de aquí comienzas a perder —Mario cambió su tono a uno más calmado. —Iría si formáramos un buen plan, con fechas, lugares y todo: cxd5.
—¿cxd5? Espera, ese no eres tú pensando —el hecho era que Jaime estaba sorprendido e incómodo. Le llevó varios minutos contestar. —Uh, Axh2+.
La respuesta de Mario fue obviamente instantánea. —Rh1
—Bueno, ¿entonces por qué no lo planeamos? Lo único que necesitamos es preguntar a quienes ya han ido, que nos digan con más exactitud… Órale, siento como si nunca antes hubiéramos tenido una posición semejante… y me siento raro también… ¿se me pasó algo? —hizo una pausa larga. —Ta’ bueno, creo que ésta es la mejor: Cxd5.
No solo los juguetes tomaban más tiempo en ser reparados, el par Añe también pensaba en la posición y las posibles respuestas del oponente, aparte de eso, contemplaban la posibilidad de ir al mar por primera vez. Después de diez minutos Mario sonó convencido: —Necesitamos planearlo de verdad ¿sabes? En serio sentarnos y trazar un plan con tiempos y todo. Estás en graves aprietos, mon ami, no debiste haber comido ese peón: e4.
Para la mayoría de la gente era asombroso que pudieran jugar a ciegas al mismo tiempo que reparaban juguetes; era aún más increíble que encima pudiesen platicar acerca de algo más sin necesidad de ver un tablero real. Jaime era muy osado y lo demostraba.
—Eso no me espanta, nada tienes. Mira ¿no es ese carrito del hermanito de Herman? ¿Qué no lo arreglamos hace un mes? Ae5. Tómala.
Por supuesto que la tomo. Creo que es uno distinto. Recuerdo su sonrisita y la ¡Ay! La sonrisa y la risa, de verdad le gustaba ése ¿eh? Era azul, ya recordé —Mario también necesitó minutos extra para la respuesta, y entonces se le iluminaron los ojos. —Ja-ja, aquí vamos: Cb5.
—Sale. ¿Por qué no lo platicamos en serio mañana? Puedo pedirles a todos que vayan al campo viejo; tomamos notas y hacemos buenas preguntas —el juego se hacía más complicado. Vaciló en responder. —Dd8, ¡No! Espera, quiero decir… si, Dd8.
Papá algunas veces, y luego Brody por lo menos cinco, vieron el proceso con atención. Grabaron todas las jugadas para replicarlas en un tablero real, sin embargo, después de darse cuenta que no había defectos y el juego sucedía en la mente de Jaime y Mario tal y exactamente como lo dictaban, simplemente dejaron de anotarlo.
A Mario le llevó un par de minutos contestar simplemente porque la pieza que estaba pegando requería de mucho cuidado: —Mañana no, mejor el martes. Recuerda que mañana algunos de ellos van a las lecciones vespertinas. Estás desesperado. Tu méndiga caída ya viene: Cf3.
—¿Cómo puedes asegurar eso, taradito? Apenas comenzamos, y a pesar de mi falta de movilidad has perdido un peón. No veo amenazas, así que no engañes. —Sin embargo, Jaime sabía sus piezas en posición inferior. —Bueno, intentemos el martes tons. Cf4.
—Este tanque es exactamente como uno que tengo en alguna caja en algún lugar, el cañón siempre se dobla hacia abajo y las orugas siempre se salen y rompen. Creo que las pegaré de modo que no se muevan, es mejor a que se salgan y quiebren de nuevo. ¿Crees que necesitemos mucha plata? —Mario se escuchaba preocupado —¿Crees que la haríamos con enlatados y pan? Cxe5.
—No creo que necesitemos mucho dinero si llevamos lo básico. Si acaso para dar mordida, pero no mucho. Esto se pone complicado. Cambiaste tu estilo ¿sabes? Ahora eres temerario, así que cuídate de las consecuencias. Aquí está mi reacción, sin misericordia para ti: Cxe2.
—¡Ja! ¿Es eso lo único que tienes? Puedo hacer tantas cosas aquí… déjame ver… —le llevó unos cinco minutos terminar de arreglar y pegar las orugas del tanque mientras pensaba la mejor jugada posible —Qué bueno que no me ofreciste más misericordia: Cd6+.
—Oye Mario, podríamos no regresar si no podemos. Eso lo entiendes ¿verdad? Recuerda a los Whales —estaba serio y concernido, por el juego y por el posible viaje. —Debemos hacer saber a nuestras madres ya que estemos listos a partir. Rf8.
—¿Qué tienen que ver las ballenas? No ent… notó que Jaime iba a decir algo, así que con la mano le indicó. —¡Añe! Quieres decir los hermanos ¿cierto? ¿Cómo se llamaban? De cualquier modo, el reyecito huye… arrodíllate y pide clemencia para ti: Dxe2.