La vida continuó por algunas semanas sin cambios notorios en la rutina. El mismo calor, las mismas tareas, los mismos domingos estáticos y aburridos, y así. Toda la gente vino a reajustarse con su estilo de vida y costumbres anteriores, excepto Jaime, quien andaba constantemente en la nueva casa ayudando a Phil y Gretel, no solo traduciendo las difíciles conversaciones a los demás, sino también sintiéndose cómodo conversando con cualquiera de los dos, quienes a cambio le ayudaban con su pronunciación y a aprender nuevas palabras cada día. Cuando no había necesidad inmediata de saber algo o aprender rápido, les platicaba anécdotas de la gente de Kundust y las famosas que sabía de São Mikhail, el poblado más cercano; por supuesto les contaba principalmente las propias y las de la pandilla. E

