Lo recuerdo como si fuera ayer. Aun puedo sentir el calor de las brasas y oír el crepitar de fuego consumiendo la madera y todo a su paso. Aun puedo oír los berridos de las madres de mi clan y más aún los gritos de dolor de los mestizos siendo descuartizados, desgarrados, devorados y apuñalados. Aun puedo sentir el dolor infernal de las ampollas en mis pies descalzos después de haber corrido durante tanto días, los músculos de mis piernas contraídos, casi desgarrados y tensados hasta casi estar tiesos, el dolor en mis pulmones como agujas gigantes entrando y saliendo, el ardor de las heridas abiertas en mis brazos, espalda, pecho y piernas, el sudor recorriendo mis sienes teñido de rojo por las heridas en mi cabeza, el ardor en mis ojos por las lágrimas que no paraban de brotar, el miedo y la incertidumbre, la necesidad de hacer lo que fuera a quien fuera, solo para proteger a mis hermanos, y finalmente la ira, la frustración, y el deseo de venganza en contra de los perpetradores de todo aquel infierno que viví hace siete años.
Tenía doce, mi hermano Noah once, Tomás y Mateo tenían diez, y finalmente Hope y Faith tenían nueve años. Aquella noche era especial. Los líderes de los clanes Phoux y Raven, visitaban nuestra casa. Una casa enorme, digna del líder del clan mestizo más poderoso. Ubicada en el centro del complejo residencial donde todo nuestro clan residía. Mis padres eran los anfitriones de la cena y la reunión de los tres clanes principales llevada a cabo cada cuatro meses. Esa noche después de cenar, Natalia Raven, hija mayor de los líderes de su clan, y Blaze Phoux, igualmente hijo mayor de los líderes de su clan, quienes acompañaban a sus padres, se encontraban conmigo y mis hermanos en la sala principal de la casa, jugando y divirtiéndonos entre tanto nuestros padres hablaban sobre la reciente frecuencia con que los místicos traspasaban las barreras dimensionales hacia nuestro mundo.
Esas criaturas infernales a quienes la orden de los cazadores nocturnos llamaba oscuros. Esos inútiles cazadores nocturnos no eran más que un montón de debiluchos controlados por una mestiza muy poderosa que quería dominar este mundo. Esa mestiza hasta dónde sabíamos, era Morgana reencarnada.
Lo mestizos tenemos la historia más compleja, larga e impresionante que cualquiera haya escuchado jamás. Estábamos en este mundo casi desde sus inicios, igual que todas las criaturas místicas, y del mismo modo que ellas, los más poderosos de nosotros también dejaban un legado que perduraba por todas las generaciones siguientes. Morgana era una de esas mestizas con el suficiente poder como para dejar un importante legado luego de su muerte. Uno tan importante que más allá de ser simplemente un legado, era ella misma reencarnando para vivir una nueva vida que siempre acababa del mismo modo.
Básicamente nuestra historia contenía cada trozo argumental que le faltaba a la historia de la orden de los cazadores nocturnos. Bueno… al menos desde unas cuantas generaciones anteriores, los cazadores sabían todo esto, pero la mayoría de sus miembros hoy, desconoce la verdad sobre Morgana y Merlín. De hecho, todos mis antepasados fueron testigos de cada épico enfrentamiento entre estos dos grandes. Los últimos mestizos verdaderamente poderosos que seguían reencarnando sin importar cuantas veces se mataran entre sí.
Mi clan tenía la responsabilidad de monitorear cada enfrentamiento de ellos y recopilar toda la información de lo ocurrido para documentarlo.
Y es que los mestizos más poderosos de la historia, tenían la habilidad de reencarnar en hombres o mujeres de una próxima generación después de siglos de su muerte. Pero desde el final de la guerra mística y la distorsión dimensional se suponía que ya no había ninguna necesidad de que los más poderosos recurrieran a la reencarnación.
Morgana y Merlín fueron la excepción.
Otro ejemplo de esto fue el primer mestizo de nuestro clan en llevar mi nombre. El gran Lucas Rayder tenía la capacidad de reencarnar en alguien de ser necesario, para evitar una posible quinta guerra mística. Resulta que después de milenios, el gran Lucas Rayder reencarnó, y yo soy su reencarnación. He allí el por qué tengo este poder tan diabólico al que me atrevería decir que le temo. He ahí el por qué los místicos intentaron asesinarme aquella noche. Wyrm el décimo sexto, tenía miedo que pudiera ser un problema para sus planes, así que ordenó mi ejecución y la de todo mi clan. Esa noche, mientras Nat, Blaze, mis hermanos y yo, jugábamos, nuestro clan fue atacado por sorpresa. Las casas fueron incendiadas y destruidas. Jamás había visto tantos místicos reunidos en un solo lugar. No solo había demasiados místicos, sino que todos eran muy poderosos. Tan poderosos que ni mis padres pudieron contra ellos.
Desafortunadamente, los mestizos ya no éramos lo que solíamos ser. La mayor parte de nuestra fuerza, nuestro legado, se quedó atascada en el tiempo después que se separaran las dimensiones. Nos volvimos cómodos, arrogantes, y finalmente débiles. El tiempo y el paso de las generaciones solo debilitaron más nuestras fuerzas, al punto tal que los cazadores nocturnos, ese montón de debiluchos, eran más fuertes que nosotros, que los grandes y poderosos mestizos. Nuestros días de gloria habían acabado con la última guerra mística.
Esa noche, mis padres murieron frente a mí y mis hermanos, protegiéndonos, así como protegiendo a Nat y a sus padres. Los padres de Blaze y él mismo, fueron asesinados por los místicos, pero no murieron realmente. Gracias a sus poderes, volvieron a la vida poco después. Mis hermanos y yo huimos de casa en cuanto tuvimos la oportunidad, viendo como todo a nuestro alrededor se derrumbaba. Oyendo cada grito de dolor y cada llanto desconsolado de los miembros asesinados de nuestro clan. Todo nuestro clan fue exterminado esa noche, y el único en pie que podía proteger a mis cinco hermanos, era yo. Era pequeño, débil y temeroso, pero la situación me obligo a volverme fuerte y valiente.
Con mi cuerpo lleno de heridas por doquier, las manos de mis hermanos que temblaban de frío y miedo, el sudor que recorría mis sienes mientras avanzábamos a toda la velocidad que nuestras cortas piernas nos permitían y mi propio dolor y frustración por no tener la fuerza necesaria para enfrentar a los desgraciados que me arrebataron a mi familia, hice todo lo que estuvo en mis manos para proteger a lo único que me quedaba.
Yo llevaba de la mano a Tomás y Mateo, mientras que Noah llevaba a las gemelas. Lo único que podíamos hacer era correr tanto como nuestros propios pulmones nos permitieran antes de quedarnos sin aliento.
Recuerdo el dolor que sentía en mis brazos y piernas, producto del cansancio y todas las heridas que habíamos recibido en nuestro intento por escapar. Las ascuas de fuego que se esparcían por el complejo quemaron mis pies cada vez que las pisaba porque inevitablemente debía pasar sobre ellas. No había otro camino que seguir además de ese.
Parecía que llevábamos una hora o más tratando de salir del lugar. El tiempo se había hecho muy lento mientras corríamos y parecía que nunca se iba a terminar nuestra huida. Pero justo cuando estábamos en la recta final, todas nuestras esperanzas por escapar se fueron al caño.
Los mismos místicos que atacaron mi casa, nos emboscaron fuera del complejo residencial, pero resultaron ser más débiles de lo que creía.
No.
Me corrijo. No eran débiles. Esas cosas eran realmente fuertes. Tenían que haberlo sido para haber podido eliminar a mis padres tan fácilmente. Sino no tendría sentido que mis padres hubieran muerto en batalla contra ellos. Al principio no lo comprendía, pero el detalle estaba en que yo tampoco era ningún debilucho. Ni yo mismo era consciente del inmenso poder que poseía. Si no fuera por Noah, y luego por los dragones, jamás habría entendido como fue que maté a cinco místicos clase S, tan fácilmente.
Resultó que, al momento de estar en un verdadero peligro, mis poderes reaccionaron por voluntad propia. Mi instinto de supervivencia y mi deseo perenne de proteger a mis hermanos, fueron más fuertes que cualquiera de ellos, y según cuenta Noah, me convertí en un licántropo de más de metros y medio, que era mucho más alto en comparación con mi estatura real. No recuerdo exactamente lo que pasó, solo sé que, cuando reaccione, tenía la cabeza de uno de esos místicos en mi mano y todos los demás estaban desmembrados, a medio devorar, o partidos por la mitad. Cabe resaltar que para aquel entonces no sabía que yo era la reencarnación de mi antepasado más poderoso.
Yo era el mayor de mis hermanos, y era quien tenía más conocimientos. Siempre fui el más independiente, el más fuerte, inteligente y centrado. Mis papás salían mucho de casa y me dejaban a cargo de mis hermanos porque yo siempre había sido el más responsable y por ser el mayor también era el futuro líder del clan, así que esa era su forma de prepararme para dirigir y proteger a nuestra familia. Al final no sirvió de mucho para proteger a todo el clan, pero al menos me sirvió para proteger a mis hermanos.
Me encargué de cuidar de ellos y educarlos por mi cuenta, lo cual, pese a tener solo doce años, lo hice muy bien. Lo hice lo mejor que pude, a decir verdad. Nadie hubiera podido pedir más de mí y agradezco que mis hermanos lo entendieron todo este tiempo. No fue nada sencillo tomar las riendas y comportarme como un adulto siendo solo un niño.
Tuvimos una infancia muy difícil. Al menos Noah y yo. Él, por ser el segundo, siempre estaba detrás de mí, y, a decir verdad, me ayudó mucho en la tarea de cuidarlos a todos. Incluido a él. Gracia a su apoyo pudimos darles una infancia medianamente sencilla a los gemelos y lo mismo para las gemelas.
Durante casi tres años vivimos en las calles, y durante todo ese tiempo me dediqué a hacer cosas de las que no me siento orgulloso, solo para darles algo decente de comer. Muchas veces tuve que entrar a hurtadillas a los restaurantes y salir de allí corriendo con la comida robada. Muchas otras hice trabajos pesados para que me dieran la comida honradamente y en ocasiones tuve que trabajar para delincuentes con tal de conseguir algo de dinero.
Pero, a fin de cuentas, nada les faltó a mis hermanos durante todo ese tiempo hasta que, un día, Palace Phoux, la esposa del líder de dicho clan, me encontró mientras robaba comida de uno de los restaurantes más costosos de aquella ciudad dónde estábamos. La verdad ni siquiera sabía en dónde me encontraba.
Había perdido la noción de mi ubicación después de tanto tiempo viviendo en las calles. No fue sino hasta después de unos meses que, me enteré que Palace Phoux había visitado esta ciudad solo porque había oído de un niño cuya descripción era exactamente igual a la del hijo mayor de los Rayder.
Ella pensó que, si yo estaba vivo, lo mejor sería encontrarme antes que lo hicieran las criaturas místicas, y finalmente, cuando me encontró, sus ojos se llenaron de lágrimas de felicidad y alivio. Me abrazó tan fuerte que oí como todos mis huesos crujieron. Había estado realizando trabajos forzados durante mucho tiempo y cuerpo estaba resentido.
Ella, después de un poco, nos convenció de llevarnos a su casa. El complejo residencial del clan de los Fenix era tan grande y bonito como solía serlo el de los Rayder. Incluso, solo poner un pie en la entrada a dicho lugar, me hizo recordar inmediatamente a mis padres y los gritos de dolor, así como el aroma a carne quemada, muerte y destrucción que destilaba por el aire aquella noche.
Una imagen vivida de aquel panorama, así como el aroma del fuego quemando las casas, llegó a mi mente tan rápido como un rayo y tuve que morderme los labios para controlar la ira que estaba sintiendo.
Después de la primera vez, las transformaciones vinieron cada vez que sentía ira. Hubo una ocasión en la que, mientras trataba de conseguir algo decente de comer para mis hermanos, unos adultos me hicieron enojar. No fue porque me despreciaran ni mucho menos. De hecho sabía que lo mínimo que podían hacer conmigo por robar comida, era despreciarme. Nunca fui un niño violento, pero cuando despertaron mis poderes, fue como si aquel instinto hubiera cambiado mi personalidad. Ya no era yo mismo y no me molestaba. Sabía que necesitaba eso para proteger a mis hermanos.
Aquella vez, esos hombres me hicieron enojar por el simple hecho de haber insultado a mis padres… dijeron que probablemente mi madre era una ramera y que mi padre era solo otro bastardo al que no le importaba dejar su semilla a donde quiera que fuera.
Por supuesto yo sabía que nada de eso era cierto. Yo mejor que nadie lo entendía, pero fue indignante oír que sacaran esas conclusiones solo por verme robar comida. Me sentía indignado y molesto conmigo mismo. Sentía la necesidad de hacer algo al respecto. De solucionar lo que yo mismo había provocado, pero la ira que sentía era tanta, que no pude contenerla. Noah cuenta que acabé transformándome en Lycan y asesiné a todos los adultos del restaurante.
Aquella vez conseguimos para comer durante al menos un par de semanas. Recuerdo haber visto las noticias sobre los cuerpos que fueron hallados mutilados en el restaurante. La policía lo clasificó como los métodos de alguna mafia nueva que estaba comenzando a operar en la ciudad. Luego de eso, seguí transformándome involuntariamente y también a voluntad, hasta que, poco a poco, con ayuda de Noah, comencé a controlarlas, hasta el punto de poder contener mi ira lo suficiente como para no cometer un error. La solución había sido bastante simple. Solo tenía que morderme los labios o perforar mi propia piel con las garras que comenzaban a salirme de los dedos, y así menguaba el instinto sanguinario que provocaba aquella transformación tan peligrosa.
Al llegar a casa de Palace, todos se sorprendieron cuando nos vieron a todos con vida. Éramos los últimos miembros con vida del clan Rayder y se trataba nada más y nada menos que de todos los hijos de Lance, comenzando por mí. Así que el líder de los Phoux no se lo pensó dos veces y decidió apoyarnos en todo lo que necesitáramos y cuidarnos como si fuéramos sus propios hijos.
Puedo admitir tranquilamente que, fue un bastante agradable ver una cara amiga como la de mi mejor amigo, Blaze, y también la de sus padres. Yo sabía que podía confiar en ellos. Para lo que fuera que necesitara, no dudaba que ellos harían lo necesario para protegernos. Pero no solo necesitábamos protección. Yo particularmente necesitaba aprender a dominar mis poderes, todo porque mi sed de venganza crecía conforme yo lo hacía en edad.
La casa de los líderes Phoux no era algo muy ostentoso, pero si era bastante agradable a la vista y era lo suficientemente grande como para que todos pudiéramos vivir con tranquilad. Había espacio suficiente para mi y mis hermanos, así que no podíamos pensar que podríamos ser un estorbo.
El tiempo en casa de los Phoux pasó y yo ya tenía quince años. Sin embargo, el paso del tiempo no había aminorado mis deseos de venganza, tal y como lo hubiera querido Lance Phoux. Lo único que realmente quería con todo mi ser, y eso no iba a cambiar sin importar cuanto tiempo pasara, era poder vengar a mis padres y acabar con el bastardo que ordenó el ataque. Yo sabía que las criaturas místicas no habían actuado por su cuenta. Sabía que seguían las ordenes de su desquiciado líder. Un Lycan que odiaba a muerte a mi clan.
Los Phoux nos cuidaron y educaron durante un año y poco más. Hasta una noche por la madrugada, cuando escuché una voz susurrando mí nombre. Al principio creí que se trataba de un Creeper, ya que estas criaturas suelen usar este tipo de trucos para engancharnos, pero me di cuenta de inmediato que no era un sueño. Alguien de verdad me llamaba. Y parecía estar llamando a mis hermanas también. Fuimos atraídos los seis hasta una brecha dimensional en medio de un bosque y por inercia entramos y fuimos a dar por primera vez, a la dimensión mística. La voz seguía susurrando mi nombre y el de mis hermanos, guiándonos hasta un precioso valle en la cima de una gran montaña. Era el valle de los dragones y justo sobre el lago en medio de aquel enorme valle, se encontraban nueve dragones reunidos en torno a uno enorme y de colores grises azulados. Este dragón era Primal, el dragón del dominio y los demás a su alrededor eran, Wings del aire, Ryoka del fuego, Thunder del rayo, Raimbow del agua, Cataclismo de la tierra, Helios del sol, Zardock del tiempo y el espacio, Roghan de la vida y por último el dragón de la luna llamado Jonsu. Este último era a quién los Huargos veneraban y conocían como la diosa Luna. Jonsu era una dragona.
Los dragones nos acogieron bajo su cuidado y nos educaron y entrenaron durante tres años, puesto Wyrm estaba formando un ejército para invadir el mundo humano y recuperar lo que ellos creían que por derecho les pertenecía, y de cierta forma si les pertenecía. Wings, el dragón del aire, me explicó por qué los místicos atacaron mi hogar precisamente, contándome que yo era la reencarnación del mestizo más poderoso que jamás existió.
Dijo que mi destino era detener al licántropo más poderoso después de Wyrm el primero y que por eso mi antepasado me había elegido como su reencarnación. Me enseñaron a controlar la primera fase de mis poderes, y la segunda fase a medias puesto que después de cierto punto, perdía completamente el control. A Noah lo enseñaron a controlar su transformación también, que después de cierto tiempo apareció, y lo enseñaron a sellar mis poderes en caso que se salieran de control. Después de años de entrenamiento y aprendizaje con los dragones – tres concretamente – volvimos al mundo humano y a la casa de los Phoux. Recuperamos la herencia que nuestros padres nos habían dejado y compramos una casa cerca de donde los Phoux vivían.
Cuando volvimos, todos hicieron demasiadas preguntas, las que no podíamos responder debido a una orden impuesta por los dragones. Y finalmente fue cuando Lance Phoux nos habló de unos registros que mi padre llevaba respecto a los Huargos. Una r**a de místicos que se había vuelto muy poderosa y numerosa. Los Huargos eran descendientes de muchos Rayder que abandonaron el clan tras el final de la guerra. Concretamente me llamaba la atención uno de ellos. Un Huargo con poderes y capacidades únicas. Y mi padre estaba muy interesado en esa familia en particular pues sus guerreros eran muy poderosos. Lo vigilé durante un tiempo, e investigué sobre sus orígenes, pues el muchacho era casi inmortal. Este joven Huargo no solo era poderoso, era descendiente directo de la rama principal del clan Phoux.
Se trataba de los mismos registros que documentaban cada batalla que Morgana y Merlín habían tenido. Lo más interesante de toda la información recopilada sobre estos Huargos, era el hecho que Merlín había elegido como su sucesor a aquel muchacho tan interesante, sin llegar a convertirlo en su reencarnación.
La verdad es que no alcanzo a comprender del todo cómo funciona ni el por qué, pero ese muchacho era el sucesor del último mestizo que reencarnó numerosas veces en esta dimensión luego de la distorsión. Y si eso no fuera suficiente, sus capacidades eran increíbles solo por ser también descendiente de la rama principal de los Phoux.
Para cuando volvimos hace unos meses, la guerra entre los místicos y cazadores nocturnos bajo las órdenes de Morgana y esta misma, contra los Huargos, ya había terminado. El joven no solo tenía la capacidad de no morirse con nada, sino de convertir a otros en Huargos. Definitivamente ese muchacho era el aliado ideal que necesitaba para librar esta guerra que comenzó hace siete años atrás. Cuando Wyrm envió a sus místicos a masacrar a mi familia y matarme a mí, me declaró la guerra directamente, y su declaración fue bien recibida por mí. Dije que no me quedaría de brazos cruzados. Usaría esta oportunidad para destruir al místico que destruyó a mi familia. Me prometí a mí mismo que mataría a Wyrm con mis propias manos y de la forma más dolorosa posible. En todos estos años el deseo de venganza me hizo más fuerte y sigue latente allí.
Esta guerra que estoy librando, mi guerra, es una guerra de venganza. Recuperaré la gloria de nuestra r**a y devolveré a los místicos a donde ahora pertenecen. Protegeré a los estúpidos humanos que quisieron destruirnos alguna vez y haré todo lo que esté a mi alcance para darles un poco de justicia a mis padres.
Si no fuera por los humanos inútiles y su absurdo miedo a nuestro poder, los cazadores nocturnos jamás hubieran existido y nuestra especie jamás se hubiera vuelto tan arrogante como para debilitarse hasta el punto de no tener lo necesario para enfrentar a las criaturas místicas. Jamás debimos haber dejado la guerra contra las criaturas místicas en manos de los cazadores nocturnos. Esa imitación barata de nuestra especie no es suficiente para librar y ganar esta guerra.
Los mestizos necesitan levantarse a pelear nuevamente y recuperar este mundo. Los humanos nos necesitan y me encargaré de demostrárselos.
***
Finalmente, después de mucho tiempo, ahora he puesto mis planes en marcha. Estoy a punto de contactar con el Huargo más fuerte de todos. Lo necesito para poder avanzar en esta guerra, ya que no hay ningún mestizo que sea tan fuerte como él. Esta guerra no puedo ganarla si no tengo aliados poderosos. Sin importar cuan poderoso pueda ser, no soy suficiente para llenar los zapatos de un ejercito y enfrentarme al enorme ejército de Wyrm.
Me estoy arriesgando un poco con este Huargo. Lo poco que he podido ver me sirve para entender que no es alguien con quien se pueda jugar. En general puede ser un sujeto pacífico, pero debo tener cuidado con mis palabras. Podría acabar provocándolo, aunque quizá lo haga solo para ver que tan fuerte es realmente. Algo en mi me pide a gritos que lo provoque.
Por eso he venido a buscarlo dónde nadie podría encontrarlo. Sé que aparecerme frente a él en un lugar al que se supone que nadie puede llegar, le causará al menos un ápice de desagrado.
Ahora acabo de entra a un lugar que llaman la cumbre. Es una guarida secreta de los cazadores nocturnos. Se supone que solo ellos pueden entrar, pero esa “magia” en realidad proviene de los mestizos. Mi r**a. La orden está siendo liderada por este muchacho que además de ser un Huargo de sangre pura también tiene sangre de cazador.
No deja de sorprenderme que este sujeto está en todo. Parece como si fuera parte de todo y de nada al mismo tiempo. Es alguien realmente impresionante. Creo que puedo decir con libertar que siento cierta admiración por él y por como ha dirigido a su especie desde que su padre le entregó la batuta de la manada que lideran.
Aparecerme frente a ellos quizá no es la mejor manera de presentarme, pero por algo se empieza y así es mucho más divertido.
- Hola – les digo con una sonrisa condescendiente.
- ¿Quién eres? – Preguntó él con recelo.
- Solo soy un amigo.
- ¿Cómo entraste aquí? No eres un cazador, solo los cazadores podemos entrar a la cumbre – dijo la mujer a su lado. Una joven muy hermosa de cabello n***o brillante y extremadamente largo. Usaba ropas poco holgadas y que resaltaban perfectamente su figura. Tenía los ojos azules y una mirada penetrante igual a la suya. Ella era su esposa.
Ambos eran muy jóvenes. En realidad, él tenía la misma edad que yo, pero los Huargos acostumbraban a casarse muy jóvenes si ya habían encontrado a su pareja destinada.
Leí mucho acerca de su especie antes de venir aquí a hablar con él y la verdad es que son muy interesantes. No son humanos, tampoco son místicos… de hecho son lo más cercano a un mestizo.
- Señorita Black – murmuré lo suficientemente fuerte como para que me oyeran – o ¿Debería decir Crimson? – Corregí – nada es como usted piensa que es. Encontrará que… en este mundo, hay mucho que desconoce. Este mundo está lleno de sorpresas.
- ¿A qué te refieres? – Preguntó él con el ceño arrugado. Se le notaba que no estaba feliz con mi forma de presentarme.
- Bueno Jeargo, ahora que estoy aquí, y que ya rompimos el hielo, creo que es momento de presentarme – dije con una sonrisa. Él levantó una ceja dejando notar su desagrado fácilmente – mi nombre es Lucas Rayder, soy un mestizo – su mirada confundida fue inevitable y sonreí de nuevo para explicarle con orgullo – los mestizos somos una r**a de lo que ustedes llaman oscuros. El verdadero nombre de nuestra especie es místico. Licántropos, Huargos, Vampiros, Gárgolas, Sirenas, Unicornios. Todas esas criaturas que llaman oscuros, responden al nombre de místicos. Soy el último superviviente, junto a mis cinco hermanos, del clan más poderoso de mestizos que jamás existió, aunque para cuando mi clan fue destruido, ya no éramos ni de cerca los más poderosos. Resulta Jeargo, que el mundo como lo conocen, no es nada comparado a lo que realmente es. Este mundo, los místicos, todo es mucho más complicado de lo que jamás podrían imaginar. Jeargo, eres descendiente directo del clan Rayder, de mi clan. Tus antepasados comieron la flor lunar, una flor que solo debería existir en el mundo místico.
- ¿Mundo místico? – Cuestionó.
- Ah sí… lo había olvidado. Existen dos mundos. Este, y el mundo místico. Luego te lo explicaré más a detalle. Lo cierto es que, cuando tus antepasados comieron la flor lunar, separaron sus poderes y se quedaron solo con la forma de lo que hoy día son los Huargos. Dividendo sus poderes a la mitad y liberando a las bestias salvajes que son los licántropos sin mente ni raciocinio. Además de eso, también eres descendiente directo del clan Phoux, el clan de los fénix, conocido por su semi-inmortalidad. Por eso eres casi inmortal. Tu madre, Elizabeth, proviene de una rama del clan Phoux, que se separó de ellos hace mucho tiempo. Los Watson perdieron la habilidad de renacer de las cenizas, proveniente de su clan, pero cuando tu madre comió la flor lunar, esa habilidad despertó desde lo más profundo, salvándola y adhiriéndose a ti. La flor lunar despertó sus poderes le brindó la oportunidad de renacer como algo completamente nuevo. Como una Huargo.
- ¿Por qué estás aquí? ¿Por qué me cuentas todo esto? – Me preguntó él.
- Porque necesito tu ayuda. Se avecina una guerra, y el mundo humano corre peligro. Los místicos destruirán este mundo, a los humanos, y todo lo que se les atraviese en el camino, si no los detenemos. Quiero que seas mi aliado.
- ¿Por qué confiaría en ti y en que todo lo que me estás diciendo es real?
- Sé que eres un hombre de paz, pero también sé que la única manera en que entiendes es por medio de la batalla, así que hagamos esto. Pelea conmigo, aquí y ahora, y si gano, confiaras en mí, y me dejaras mostrarte lo que quiero mostrarte. Si pierdo, no tendrás que hacer nada de esto.
- ¿Qué te hace creer que puedes ganarle a mi Jeargo? – Preguntó April.
- No lo sabremos hasta intentarlo.
- Está bien Lucas, acepto tu reto, pero has de saber que, si gano, te matare.
- Me parece justo. Solo una advertencia. Usa todo tu poder contra mí, porque jamás has enfrentado algo como yo.
- Eso lo veremos – dijo y se dejó venir corriendo hacia mí.
Cargué a toda velocidad contra él y adopté la forma de un Huargo, lo que lo sorprendió sobremanera así que se vio obligado adoptar su forma también. Supongo que olfateó que no estaba fanfarroneando. La pelea fue de corta duración pues en cuanto hicimos contacto cambien a forma humanoide, lo cual dejó a todos con las bocas abiertas. Mi estatura era de dos metros y un poco más, lo suficiente como para atraparlo por la espalda y amarrarlo con mis brazos para someterlo. Él forcejeó y al instante volvió a su forma humana, quedando amarrado aun a mi torso. Y después de apretarlo un poco lo solté.
- ¿Cómo fue que…?
- Te lo dije. Justo ahora soy inalcanzable para ti. Puedo anular tus poderes y hacer que vuelvas a tu forma humana. Este es el verdadero poder de los hombres lobo. Este es el verdadero poder de las raíces de las que provienes. Puedo ser licántropo o Huargo, lo que quiera.
De pronto le vi hacer algo que ya había visto otras dos veces cuando lo observaba. Pero no tuve tiempo de reaccionar ante ello. Aquel soplido fue tan poderoso que sentí como todo mi cuerpo crujió incluso antes de estrellarme contra la pared y atravesar unos diez muros de concreto grueso.
Caí al suelo y no pude levantarme un par de minutos. El golpe me había dejado muy aturdido y un par de segundos más tardes, ahí estaba él, de pie frente a mi. Tenía una sonrisa en su rostro de victoria.
- Puede que tengas la capacidad de anular mi transformación, pero no puedes anular mis dones… lo sé porque, aunque volví a mi forma humana, podía sentir como mis dones seguían fluyendo… dicho eso, está bien Lucas… te escucho.