La noche abrazaba el hermoso bosque misterioso por el que ambos caminaban bajo la luz de la luna y otras cuantas luces extravagantes que se hacían manifiestas de manera incomprensible para el Huargo más poderoso de todos. Luces casi mágicas de colores violeta, amarillo, verde, y azul, llenando aquel hermoso bosque de vida. Esto acompañado de los aromas más increíbles que el lobo hubiera olfateado jamás con su nariz tan especial, y al mismo tiempo viendo animales que se asemejaban a los que él había visto en su mundo, pero que, al igual que los colores, los olores y las plantas que allí encontraban, eran sencillamente mágicos… místicos en realidad, para ser mucho más específico.
Lucas, el joven mestizo que ahora había aparecido proponiéndole una alianza a Jeargo, miraba a este último analíticamente, esperando encontrar alguna señal de lo que estaba pensando el Huargo.
- Entonces… Jeargo… – el joven mestizo albergaba mucha curiosidad por saber un poco más sobre el Huargo y quería saberlo de sus propias palabras.
- Eres peligroso – escupió el lobo Huargo de repente, mirándolo con toda la desconfianza que se le pudiera tener a alguien y no era para menos. El poderoso rey de los Huargos tenía un olfato inigualable y su olfato le decía lo terriblemente peligroso que este joven resultaba ser, sin que nadie pudiera darse cuenta a simple vista.
- ¿Y tú no? – Le replicó el muchacho con mucha calma y cierto desprendimiento de sorna en sus palabras, como si no le diera miedo provocar al peligroso recientemente proclamado como el más poderoso entre los de su especie, el temido rey carmesí.
- No puedes compararte conmigo. Existe una gran diferencia entre tú y yo.
- No creo…
- Yo controlo mis poderes, tu no – refutó Jeargo con una tranquilidad y apacibilidad que solo mostraba por qué él era el más poderoso entre los suyos. Parecía muy calmado, pero sus palabras eran más frías que el mismísimo polo norte, y mucho más afiladas que una Katana en manos de un buen espadachín – lo cual es bastante decepcionante teniendo en cuenta que ni siquiera con el entrenamiento de tus dioses dragones pudiste dominar ese poder. Aunque, en ese sentido, tampoco puedo culparte del todo. En este caso es responsabilidad de ellos. Siendo prácticamente deidades, su responsabilidad debería ser controlar un poder como ese… en fin… parece que hay muchas personas irresponsables entre nuestros mundos… todo esto lo causaron un par de mestizos irresponsables después de todo.
Aquellas palabras eran tan solo una pequeña muestra de lo más sincero y directo que podía llegar a ser una persona, en este caso él, y al mismo tiempo una aclaración respecto a su disensión en contra del mestizo a quién apenas si conocía. El meticuloso y cuidadoso Huargo lo estaba analizando. Observando con detenimiento cada detalle, cada movimiento, cada palabra que el muchacho decía.
- ¿Te refieres a Morgana y Merlín? – Preguntó Lucas.
- ¿Qué comes que adivinas compañero? – Respondió Jeargo sin mirarlo y en su lugar, apreciando el paisaje a su alrededor.
- ¿Entonces lo sabias? – Cuestionó el muchacho un poco asombrado por aquella declaración puesto que el Huargo se había dado cuenta de lo que probablemente era el secreto que lo hacía tan peligroso – ¿Sabías de mis poderes y mi entrenamiento con los dragones? – Jeargo asintió – ¿Por qué no confiar en mi si lo sabias? ¿Por qué pelear conmigo sabiendo que perderías? – Volvió a cuestionar, algo fascinado a la expectativa de la respuesta que Jeargo había de darle.
- Mi olfato podría ser mi arma más poderosa – le respondió el inigualable rey de los Huargos, con toda la calma que pudiera transmitir mientras que caminaba lentamente alrededor de aquel bosque, observando todo sin mirar a Lucas en ningún momento, luego regresó para acercarse a él cautelosamente después de haber dado unas cuantas vueltas por aquel hermoso bosque para admirar el paisaje simplemente paradisíaco – me permite ver cosas del pasado, del presente y del futuro. Justo en el momento que te vi, olfateé todo el dolor que llevas guardado por dentro. El odio, la ira y la frustración por la muerte de tus padres. Supe todo por lo que has pasado. Todo lo que has tenido que soportar y vivir durante estos siete años. Incluso esos dioses dragones que te entrenaron a medias para controlar tú poder, ya que aún no lo controlas del todo. Es un poder increíble el que llevas acumulado dentro de ti, y es una lástima que sea alimentado por tanto odio.
- Parece que sabes más de mí que yo de ti – le dijo el joven con sorna en sus palabras y Jeargo simplemente lo miró con los ojos entrecerrados – entonces, de nuevo ¿Por qué molestarte en hacer todo esto en lugar de simplemente aceptar ayudarme?
- Sé que tu familia ha estado vigilando a la mía por mucho tiempo. Y sé que quieres que me involucre en una guerra por tu venganza personal. Por eso no confío. Involucrarme, significaría involucrar a mi manada, la que como sabrás, es la más grande y poderosa de todos los tiempos. Has peleado y sobrevivido, pero no has estado en una guerra, teniendo que dirigir a un ejército de hombres leales a ti, directo a su muerte. Muchos buenos guerreros mueren en las guerras, y ya estuve en una hace muy poco. No puedo llevar a mis hombres a otra guerra solo para que puedas librar esa venganza contra Wyrm. La última vez que pelee, un buen hombre y amigo murió.
- Lo sé. Vi los registros. El chico era bueno…
- ¿Bueno? – Cuestionó el Huargo casi ofendido por aquella pobre declaración respecto a lo valeroso del hombre de quién estaban hablando - ¡Por favor! Nick ha sido el mejor guerrero que he conocido por mucho – le replicó un Jeargo hastiado por la tranquilidad con la que las palabras salían de su boca – él se sacrificó por mí y por mi esposa. Fue el mejor guerrero.
- No me sorprende que Arturo lo escogiera como reencarnación – dijo el mestizo con cierta fascinación por el fallecido mejor amigo de Jeargo – el gran Arturo fue el último mestizo con un verdadero poder. El último que se quedó a proteger a la humanidad, aún después que esta nos hizo lo que nos hizo – le dice el joven y ambos se quedan en silencio mientras la caminata a través del bosque místico se suscita – tengo otra pregunta – dijo luego de unos segundos - ¿Por qué tomarte la molestia de hacer todo esto a sabiendas de todo lo que me acabas de decir? – Jeargo le sonrió sospechosamente y se detuvo.
- Estoy esperando que me des una sola razón para arriesgar a mi manada – le dijo desconcertándolo – no solo olfateo maldad en ti – le dijo y él lo miró confundido – muy en el fondo existe una bondad y una nobleza con la que me siento identificado y espero poder utilizarla para sacar de tu mente ese deseo de venganza que solo te llevara a la destrucción de los que amas y por consecuente también la tuya – le explica después y el joven Lucas lo mira con una sonrisa – en tu interior existe el deseo perenne de proteger a los tuyos a como dé lugar. Es algo que tenemos en común. Haré lo que sea por proteger a los míos.
- Está bien… si eso te motiva a apoyarme en esta guerra, cooperaré tanto como pueda para que consigas tu objetivo, con tal de poder lograr justicia para mi familia y paz para este mundo.
- No me sirven tus palabras. No me sirven tus promesas. Necesito que tus acciones sean las que me den una buena razón para pelear.
- No puedo prometerte eso Jeargo… veras… soy un tipo, ¿Cómo decirlo?, impulsivo. A veces tengo problemas para controlar mi ira. Otras veces ni siquiera quiero controlarla. Hay días en los que quisiera perder el control y acabar con todo. El único motivo porque el que me mantengo cuerdo, son mis hermanos. Si yo pierdo el control, ellos mueren. Si yo muero, ellos mueren. Si no peleo, ellos mueren. No importa lo que haga, ellos morirán. Mi única alternativa es asesinar antes a todos los que representan una amenaza para ellos. Especialmente Wyrm.
- No entiendo Lucas. ¿Por qué le tienes tanto miedo a Wyrm? ¿Tan poderoso es?
- Me atrevería a decir que justo ahora Wyrm es mucho más poderoso que yo, puesto que no puedo usar mi verdadero poder. Como ya dije, si lo decidiera usar todo mi poder, perdería el control y podría acabar asesinando a alguien que amo accidentalmente.
Jeargo lo observó en silencio por un par de minutos. Lucas no dijo otra palabra después de esto, pero el Huargo estaba convencido que tenía que hacer algo. Era la misma sensación que había tenido cuando lo vio en la cumbre. Esa sensación de miedo, pero también de compasión hacia él.
Podía olfatear el dolor y la tristeza acumulada en su interior. Podía olfatear toda la frustración y también la necesidad de proteger a sus hermanos. La venganza era solo un peldaño en ese objetivo, aunque era probablemente uno de los más altos. En realidad, lo que Jeargo sentía, era como si la obscuridad estuviera intentando engullir al bondadoso Lucas que quería proteger a sus hermanos, alimentándose de su odio y su ira, y también de su dolor y tristeza.
- Me resulta preocupante saber que alguien con un poder como el tuyo, podría perder el control. Estoy consciente de las repercusiones de un evento como ese. Hace aproximadamente poco más de quince años hice una promesa y mi promesa me obliga a no dejarte a tus expensas. No puedo, así que, esto es lo que haremos. Tú cooperas conmigo para quitar ese deseo de venganza de tu mente y yo colaboro contigo para que puedas ganar esta guerra.
- Entonces… ¿Me ayudarás en serio? – Preguntó Lucas un poco sorprendido. Él pensó que le tomaría mucho más trabajo convencer al Huargo.
- Simplemente me aseguraré de que no pierdas el control… que eso sucediera sería peor a que Wyrm decidiera invadirnos. Mis hombres son lo suficientemente fuertes como para pelear con la mayoría de las criaturas místicas y yo soy prácticamente inmortal. Una batalla contra Wyrm sería una pelea de desgaste en la que él se agotaría antes que yo. Estoy bastante seguro. Solo debería apostar a mi regeneración y a mi resistencia en una situación como esa. Así que, mi trabajo ahora consiste en vigilarte y ayudarte a controlar tu poder. Mientras lo hago, mis hombres estarán a tu disposición. Pero tendrás que poner de tu parte y abandonar tu venganza como primera condición. Si estás de acuerdo con eso, entonces será un trato y tendrás mi apoyo en tu guerra.
Hemos llegado – dijo Lucas deteniéndose frente a una cueva – y… tenemos un trato Jeargo. Te doy mi palabra.
- Perfecto. Eso me basta.
Atravesaron aquella cueva que, en principio, estaba totalmente a oscuras. Pero luego de haber recorrido unos cien metros, comenzaron a ver un brillo de varias tonalidades que poco después se convirtió en una luz de diferentes y vivaces colores que iluminaban el resto de la cueva. Jeargo se acercó a las paredes para sentir con sus propias manos la textura de aquellos minerales que se hallaban incrustados en las paredes, casi cubriéndolas por completo. Algunos eran de colores cristalinos, otros de colores azules metálicos, otros de colores rojos, violetas, amarillos y también verdes.
- ¿Estos es…?
- Diamantes, si – le dijo Lucas con una sonrisa – yo tampoco lo podía creer la primera vez que los vi… este mundo está lleno de minerales muy valioso. De hecho, lo que estás viendo es una versión primitiva y mucho más valiosa del diamante que conocemos. Estos son minerales místicos. Es decir, minerales que contienen concentraciones de energía mística. Algunos, dependiendo del color, poseen más energía mística que otros. Además, estos diamantes poseen altas concentraciones de mercurio. De aquí nacieron las Soul Reapers originales. Las más poderosas Soul Reapers fueron forjadas con los minerales místicos más poderosos que fueron encontrados. La poderosa Excalibur y también las espadas gemelas Black y White Hunter, fueron forjadas directamente con trozos de mineral místico dorado, blanco y n***o. Estos son los tres minerales místicos más poderosos.
Siguieron caminando hasta vislumbrar luces más tenues y un hermoso paisaje. Habían llegado a un hermoso y majestuoso valle muy lejos del umbral entre ambas dimensiones y bastante alejado del alcance de los Mystykap y de cualquier mestizo que no conociera el camino. En el centro del valle se hallaba un hermoso y enorme lago cristalino cuyo fondo brillaba con luces violetas y azules debido a las rocas brillantes que crecían en el fondo del lago. Las cuales también eran minerales místicos.
Había todo tipo de peces en el agua y alrededor del lago todo tipo de animales parecidos a los que ya conocía en el mundo humano, pero siempre con su toque de misticismo. Algunos siervos cuyas astas brillaban como un arcoíris… liebres en cuyos pechos se arremolinaba un flujo de una energía de color casi transparente que era nada más y nada menos que la propia energía mística, y cuya cola resultaba ser una esponjosa flor que florecía con la luz de la luna, pero con la luz del sol se suponía que cerraba sus petalos para alimentarse y al mismo tiempo protegerse.
Aunque en este mundo no brillaba el sol. O al menos eso parecía. Siempre parecía que era de noche, pero en realidad el sol salía en un estado lo más parecido a la hibernación. La luz del sol no alcanzaba a ser tan potente como para esclarecer el panorama y hacer parecer que fuera de día. De hecho, no se podría diferenciar entre el día y la noche a no ser que tuvieras uno de estos conejos a tu lado, ya que el mecanismo de defensa de su cola se activaba apenas salía el sol.
Esta fuente de luz producía una iluminación tenue exactamente igual a la luna y por eso siempre parecía que era de noche. Simplemente se trataba de algo que era lo más parecido a una ilusión óptica.
Así mismo, por otro lado, había toda clase de animales que tenían estas características especiales. Y en un lugar apartado de aquel valle, junto a una enorme cascada que descendía con los colores antes mencionados, justo en la orilla del lago, se hallaban los hermanos de Lucas, a quienes Jeargo ya había visto en los recuerdos de Lucas, y de quienes no tenía ninguna disensión porque su olfato le decía que, a diferencia de su hermano mayor, ellos si eran de fiar.
- Ven… te presentaré… ellos son mis hermanos, Noah, Tomás y Mateo, y Faith y Hope. Muchachos… él es el Huargo del que les estuve hablando. Él es Jeargo.
- Es un placer Jeargo – dijo Noah acercándose a él, y a diferencia de Lucas, Jeargo le dio la mano con tranquilidad, ya que su verdadero problema era con ese poder incontrolable que sentía en Lucas. Y mucha razón tenía de temer. El mismo Lucas le tenía miedo a su propio poder.
Un poder que podía consumirlo todo en un abrir y cerrar de ojos. Un poder que podría arrebatarle lo más preciado para él y ni siquiera sabría lo que sucedió. Un terrible poder que se hacía más fuerte cada día y no había una lógica explicación para esto, pero era cada vez más difícil de mantener a raya para no dejar salir a la bestia sanguinaria y cataclismica que se escondía muy en el fondo del joven Mestizo.
- Lo mismo digo Noah. De cierto modo ya los conocía a todos – le respondió Jeargo con una sonrisa. Hasta ese momento, ellos tenían toda su atención.
Pero entonces, en lo alto de aquella cascada y alrededor del hermoso lago, emergieron las más hermosas y majestuosas criaturas que el Huargo hubiera visto jamás. Enormes como nada, increíbles y sencillamente tremendas. El joven Jeargo podía olfatear y darse cuenta que su poder estaba fuera de la compresión de cualquiera de los que se encontraban allí. Aquellas criaturas eran literalmente las deidades del mundo místico, y por qué no, también del mundo humano.
- El rey de los Huargos – dijo Primal con una voz que resonó como un trueno. Aquel dragón majestuoso de colores grises metálicos se alzó por encima de la cascada y descendió lentamente de la manera más épica imaginada por cualquier mente. Y mientras se acercaba al Huargo y a los mestizos presentes, sus hermanos, el resto de los dragones, también hicieron su acto de presencia y se reunieron en un círculo alrededor de ellos, todos observando con especial sorpresa al poderoso rey de los Huargos – Jeargo Crimson. Es un placer tenerte en el mundo místico… mi nombre es Primal… soy el dragón aspecto del dominio… el mayor de mis hermanos y también el líder y regente del gran valle de los dragones.
- Siempre supe que había algo más grande que todos nosotros ahí fuera. Pero jamás imaginé que fuera esto – confesó el lobo.
- No pareces tan sorprendido de vernos – le dijo Ryoka, el dragón del fuego. Un dragón cuyo cuerpo brillaba de color rojo con una intensidad como la del fuego abrasador que consume todo a su paso.
- Los vi en el pasado de Lucas. Puedo ver el pasado a través de mi olfato.
- Esa es una habilidad impresionante – comentó Wings, el dragón del viento, exhibiendo un cuerpo de color gris con alas blancas, al mismo tiempo que se arremolinaba la forma del viento en aquellas majestuosas alas como una forma característica de aquel dragón.
- Lo es… completamente digna del más poderoso Huargo de todos los tiempos – siguió Primal – hay un gran poder en ti muchacho, y no es ninguna casualidad que Lucas te quiera como aliado.
- ¿A qué se refiere? – Preguntó Jeargo mientras que Lucas se limitaba a observar y escuchar todo un poco confundido.
- Lucas no se ha dado cuenta, incluso Noah lo ignora, pero tú eres su plan de respaldo para cuando pierda el control. Llegará ese momento en que nadie pueda detenerlo, ni siquiera Noah, y solo tu tendrás las fuerza para someterlo entre tanto que Noah sella su poder – le dijo el gran dragón que se alzaba por sobre todos sus hermanos como el más fuerte e importante de los diez dragones.
- ¿Eso es…?
- Si Jeargo. Es una profecía. ¿Tu olfato ya la vio cierto? Aunque creíste que se podría evitar, pero no. Ese momento es algo inevitable, y alguien morirá. Ya sabes quién. No podrás evitarlo, pero podrás evitar que destruya a todos los demás.
- Wow, Wow, Wow, aguarden… ¿De qué están hablando? – Preguntó Lucas un poco alterado – si es una profecía, entonces no puede ser inevitable. Debe haber una forma de evitarlo.
- No miente – dice Jeargo – lo olfatee en el momento en que te vi. Por eso no podía confiar en ti. Quería creer que podría evitarlo. Pero Primal dice la verdad. No se puede evitar. Solo podemos prepararnos para cuando llegue el momento.
- La línea del destino es algo con lo que no se debe jugar… como dragón del dominio, la línea del destino determinada por la energía mística es mi responsabilidad… alterar la línea para evitar algún acontecimiento necesario, repercute en otro acontecimiento igual o peor que ese. Es una norma. Si eliges salvar a alguien que está destinado a morir, otro debe tomar su lugar – explicó Primal.
- ¿A quién voy a matar? – Preguntó Lucas con una mirada seria. No se notaba a simple vista, pero su pecho subía y bajaba y sus manos temblaban. Su corazón estaba palpitando con mucha fuerza. Tanta que el Huargo casi se sentía aturdido por aquellos feroces latidos que podía percibir con sus oídos de lobo.
- Eso es algo que no podemos decirte. Sabemos quién es, pero decirlo no cambiara las cosas. Aunque le dijeran a esa persona que va a morir, para intentar que se aleje de ti, aun así, morirá intentando detenerte cuando pierdas el control – le dijo Primal – y como dije antes… aun sí lograses salvarle la vida, otra persona morirá en su lugar, y no será alguien insignificante. Será alguien igual de importante que aquel cuyo destino era la muerte.
- Tengo una pregunta – dijo Jeargo – ya sé que soy el Huargo más poderoso. Me queda muy claro el alcance de mi poder, pero… Lucas está muy por encima de mí. Su poder me supera con creces… si llegase a perder el control, como sabemos que sucederá ¿Cómo se supone que voy a poder detenerlo? Por lo que puedo olfatear, ya tienen algo en mente. Quisiera saber qué es.
- Te regresaremos tu verdadero poder muchacho – le respondió el imponente y majestuoso dragón del dominio – ese poder que llevas escondido dentro de ti desde tu nacimiento… acércate.
Jeargo caminó hacia el lago en medio del valle mientras los dragones descendían a pocos metros de altura de él. Parado frente a los dragones, Jeargo se quedó en silencio esperando que ellos hablaran. Un ritual comenzó y luego de un par de minutos una luz cegadora se cernió sobre él, arropándolo completamente hasta dejarlo fuera de la vista de todos. Cuando la luz desapareció, había un licántropo de dos metros y tanto. Tan alto como Lucas en su forma Lycan. Los dragones le habían devuelto sus poderes a través de la flor lunar. La misma flor que separó ese poder de sus ancestros. Pero la diferencia era que la flor lunar que crecía en el mundo místico poseía todas sus propiedades, y podía devolverle los poderes licántropos a los Huargos en lugar de solo hacerlos más fuertes.
El licántropo de Jeargo era imponente, tanto como el de Lucas. De color rojo y blanco respectivamente. Músculos prominentes y fauces terroríficas. Se veía tan poderoso que se parecía al aclamado y despiadado Lycan, Wyrm, a tal punto que infundía temor en el mestizo y sus hermanos por igual, como si se tratase del mismísimo demonio lobo en persona. La melena de pelo rojizo blanquecino en su cabeza brillaba como si fuera una melena de fuego encendida para consumir todo a su paso y sus ojos tenían ese brillo de rojo fuego como una llama ardiente también.
- Eres un hombre de guerra, un hombre poderoso – le dijo Primal – ahora tienes contigo tu verdadero poder y no habrá nada que te detenga de usarlos al cien por cien. Solo espero que no tengas problemas para dominar semejante fuerza después de obtenerla de golpe.
- No existe motivo para preocuparse – dijo Jeargo mirándose y escrutando todo su cuerpo con detenimiento antes de volver a su forma humana totalmente desnudo y seguir mirando sus manos, piernas y brazos, sintiendo como el poder estaba fluyendo por todo su cuerpo, tal y como la sangre que corría por sus venas – ya he pasado por algo similar antes de esto. No tendré problema en dominar esta fuerza. Mis instintos no me dominan. Por eso soy el más fuerte… llegado el momento cumpliré mi rol y detendré a Lucas.
- Sé que así será – le dijo Primal expresando una confianza increíble hacia Jeargo – pero… antes de marcharte… quisiera saber… parece que tienes alguna disensión respecto a mí y mis hermanos.
- No me sorprende que lo hayas notado – dijo Jeargo – puede que para Lucas y sus hermanos y para el resto de mestizos, ustedes sean las grandes deidades que rigen nuestros mundos, pero para mí, honestamente, no son más que unos irresponsables egoístas. Todo esto comenzó porque decidieron involucrarse y tienen que recurrir a personas como yo para hacer el trabajo que ustedes deberían y no pueden hacer porque evidentemente tienen que seguir sus propias reglas… no te preocupes Primal, lo comprendo, y precisamente por eso no siento la necesidad de ser formal contigo… ya he olfateado mucho de lo que hay en sus mentes y conozco las restricciones que tienen respecto a su participación en los acontecimientos de nuestros mundos, pero es precisamente por eso que comenzó todo esto. Porque fueron muy lejos en razón a cuanto se involucraron en la guerra entre los humanos y las criaturas místicas. Controlar el poder de Lucas es su responsabilidad, no la mía. Ustedes se lo buscaron, pero al no poder involucrarse más, ahora lo convierten en mi responsabilidad a sabiendas que no la rechazaré.
- Ya veo... no sé hasta que nivel alcanzarás a sorprenderme, muchacho. Por ahora márchense al mundo humano y preparen todo. Pronto comenzaran los ataques de Wyrm – dijo Primal.
Lucas y sus hermanos, así como Jeargo también, hicieron una reverencia al mismo tiempo y luego se marcharon. Caminaron por el bosque místico de nuevo, pero esta vez en completo silencio y una vez que habían cruzado el umbral dimensional entre ambos mundos, Lucas se le quedó mirando fijamente a Jeargo, con ganas de hacerle alguna pregunta y cuando Jeargo lo notó, enarcó una ceja y gesticuló la curiosidad que sentía por como lo estaba mirando el mestizo.
- Eres un hombre de guerra. Ya una vez guiaste a tus hombres a la guerra. Sé que eres buen estratega y como dijiste, no he estado en una verdadera guerra, así que necesito que me ayudes a planificar una estrategia para la pelea.
- El primer asedio intentara infundir tanto temor como sea posible, no solo en los humanos, sino en los mestizos. Enviaran a místicos los suficientemente poderosos para lograr esto. Entrena a tus mestizos, fortalécelos y prepáralos. Los Huargos y yo nos haremos cargo de este primer asedio. Tú iras al frente con nosotros. Pero tus hombres no podrán pelear hasta que estén preparados. De lo contrario, morirán todos. Cubriremos cada brecha dimensional que podamos cubrir y tú y yo nos posicionaremos en las brechas donde sea más probable el mayor asedio por parte de los místicos. Será una batalla de aguante, así que tendremos que poner trampas en cada brecha dimensional.
- Vaya… en serio que eres bueno en esto – comentó Noah mientras caminaba a un lado de su hermano mayor.
- Como le dije a tu hermano. Ya estuve en una guerra antes. No es un juego y si queremos ganar esto, tenemos que pensar no solo en cómo acabar con el enemigo, sino en cómo cuidar de nuestros hombres. Tantos más hombres salvemos de la muerte, mas fuerzas tendremos contra el enemigo. Y si quieres que tus mestizos estén preparados a tiempo, tendrán que entrenar con mis mejores guerreros.
- Muy bien… seguiremos tu estrategia. Ya ganaste una guerra, ganemos otra.
***
Por la mañana el joven mestizo se levantó temprano igual que todos los días. Noah, su hermano, lo acompañó a cumplir con las tareas de su apretada agenda y por última visitaron una hermosa universidad. La universidad de Oxford. Noah no podía comprender la razón por la que se hallaban en aquel lugar, pero no importaba, tampoco era como si Lucas le hubiera dado alguna explicación y el mayor de los hermanos Rayder sabía que su hermano no tardaría en preguntar.
- ¿Qué se supone que hacemos aquí Lucas?
- Estamos buscando a alguien.
- ¿A quién? – Cuestionó con las cejas levantadas.
- No lo sé. Lo sabré cuando le vea… – dijo el mestizo con una sonrisa en la cara que le causó preocupación a Noah.
***
Mi vida universitaria era tranquila. Más allá de pertenecer a una r**a de guerreros, podía darme el lujo de estudiar en un lugar como Oxford y rodearme de amigos. Hablaba con mis amigas más cercanas cuando una de ellas se quedó viendo hacia mis espaldas.
- Eh… ¿Nat? – Me miraba extrañada, así que me di la vuelta.
De la nada un muchacho más alto que yo, de cabello n***o y ojos azules, me abrazó fuerte y hasta me levantó del suelo. Ni siquiera lo había sentido acercarse, como si su aura hubiera estado oculta. Entonces sentí su aura, y me fue imposible de confundir.
- ¡Por Dios! ¿Lucas? ¿En serio eres tú? – Cuestioné mientras me aferraba a él en aquel abrazo. Pude sentir su sonrisa.
- Hola Nat… ha pasado mucho tiempo – dijo él y justo en ese momento un par de lágrimas rodaron de mis ojos.
- No sabes cuánto rogué todos estos años que estuvieras vivo – le digo al separarnos – no puedo creer cuanto has cambiado ¡Dios! Mírate que alto estas – él sonríe y puedo admirar el brillo en sus ojos. Se le nota muy feliz.
No puedo negar lo feliz que me siento la verdad. Por mucho tiempo pensamos que él y sus hermanos habían muerto, pero siempre tuve la esperanza que no fuera así.
- Han ocurrido muchas cosas. Tú también has cambiado mucho – dijo él con esa tierna sonrisa que de inmediato me recordó a nuestra niñez. Ese niño alegre que siempre estaba correteando por ahí conmigo y Blaze durante las reuniones de nuestros padres – pero tu aura es inconfundible.
- ¿Cómo fue que no sentí tu aura?
- Aprendí a ocultar no solo mi aura, sino mi presencia.
- Eh… Naty ¿Nos presentas? – Dijo Sarah.
- Ah, si si si, lo siento… chicas, él es mi amigo de la infancia Lucas. Lucas ellas son mis amigas, Sarah, Claire y Dayane.
- ¿Entonces él es el famoso Lucas? – Preguntó Sarah.