Al día siguiente, con puntualidad propia de un inglés llegamos mi mamá y yo a casa de los papás de Leo. Era una casa a la que había ido infinidad de veces pero ahora todo se sentía diferente.
No sé explicarlo, quizá la sensación era parecida a la que tienes el primer día de clases con un montón de compañeros nuevos, es la misma escuela pero se siente a la vez como si fuera otra.
Tocamos el timbre y doña Cuca nos abrió de inmediato para acompañarnos al lugar donde sería el desayuno, cruzamos el hermoso y cuidado jardín de la entrada, siempre parecía haber sido cortado y medido con regla, me recordaba los jardines de las casas del vecindario de esposas desesperadas donde ninguna hoja podía desentonar para dar la bienvenida a los invitados. A nosotras a diferencia de un invitado cualquiera, que podía llegar directo a la terraza por un costado de la casa, nos dirigieron por la entrada principal.
Cruzamos el umbral de esa puerta inmensa de madera con cristal, y apenas pusimos un pie dentro, vi bajar a Leo por las escaleras, no pude evitar sonreír al verlo, saber que era él con quien compartía esta etapa, ayudó a calmar mis nervios y me dio confianza, su presencia siempre lograba tranquilizarme. Leo saludó a mi mamá y a mi me abrazó con mucha ternura, como si fuera Bori, su osito de peluche favorito.
–Gracias Cuquita yo las acompaño. –mi prometido entrelazó su mano con la mía y caminamos juntos. Escuchamos a lo lejos —¡Bienvenidas!— era la voz de Liz que nos contagió su alegría y la vimos ponerse de pie para saludarnos y después tomar nuestro asiento.
Esa terraza había sido remodelada apenas un par de meses atrás, a veces pensaba que los únicos proyectos de la mamá de mi novio eran hacer mejoras innecesarias a su casa, pero había que reconocer que la señora sabía como hacerlo. Detalles que podrían parecer insignificantes eran el toque que ella ponía para volver cualquier rincón, un lugar inolvidable. Tan solo en Navidad esa casa podría ser la envidia de la señora Claus.
Me di un instante para admirar la hermosa vista que tenían al bosque, me llené de esa paz que transmitía el paisaje, era la sensación de estar en otro lugar fuera del estrés de la ciudad.
Un mesero nos sirvió de inmediato café y nos preguntó si queríamos jugo, yo pedí de toronja y mi mamá pidió verde.
—Bueno señoras, las dejo para que platiquen a gusto –Leo se despidió de nosotras y yo sonreí enamorada, parece que comenzaba a hacerme la idea que pronto me convertiría… ¿en una señora? Pasé saliva cuando lo pensé otra vez.
—Amor nos vemos al rato –me dio un inocente beso en los labios y se marchó.
—Ay que romántico verlos hija, me recuerdas a mi y a tu padre. —mi mamá y Liz sostenían su taza de café mientras me observaban con una enorme sonrisa, sus ojos me traspasaban como si pudieran revivir sus recuerdos a través de mi.
—Muy bien, pues si la boda se llevará a cabo con la llegada de la primavera creo que lo primero que tenemos que apartar es la catedral, lo más probable es que las fechas estén saturadas, pero ya hablé con el padre Peter para que se hagan los ajustes necesarios y tengan disponible la fecha y la hora perfectas, definitivamente no nos pueden quedar mal con eso. —parecía que Liz estaba planeando la tercera guerra mundial, había mucha determinación en sus palabras, ojalá yo me sintiera la mitad de lo convencida que sonaba ella.
—Liz que bueno que ya pudiste organizarlo, yo también había pensado hablar con el padre Aurelio para que nos apoyara… tenemos el tiempo encima pero si el padre Peter ya te confirmó nos quitamos un pendiente.
—Se lo iba a dejar a la wedding planner pero la verdad, no creo que tenga los mismos contactos que tenemos nosotras… ya sabes querida.
—Estoy de acuerdo, es más sencillo si nosotras lo hacemos. —ambas guiñaron un ojo en complicidad y dieron otro sorbo a su taza de café.
Empecé a ver la escena desde afuera… ahí estaban dos señoras de a penas cincuenta años, hablando como si estuvieran planeando su propia boda, en ningún momento alguna me volteó a ver, en ningún momento me preguntaron mi opinión, fue como si me hubiera vuelto invisible, en ese instante me quedó claro que estaba conociendo el ciclo de la vida… a ellas les habían organizado sus bodas y ahora era su turno de planear la mía. Entonces entendí, que a mi me tocaría planear mi boda aproximadamente en 25 años… cuando fuera el turno de la boda de mi hija.
Ensimismada en mis pensamientos; comí mi fruta en silencio, escuchaba a lo lejos lo que ellas seguían platicando hasta que mi nombre fue pronunciado.
—¿Barbie que piensas de eso? —mi mamá me veía atenta y yo tomé jugo para ganar tiempo mientras mi cerebro corría a toda velocidad intentando recordar que era lo último que habían mencionado. ¡Claro era algo del vestido!
—No, aún no tengo alguna idea del vestido. —fue lo único que pude responder y era cierto, no sabía como lo quería porque no había imaginado que lo tendría que elegir tan pronto.
—Yo creo que lo mejor es irnos por lo que ya sabemos que tiene garantía… hagamos citas en todas las casas españolas, sinceramente siempre he creído que son mejores por más de moda que se esté poniendo ir a buscarlo a Estados Unidos.
—Estoy de acuerdo contigo Silvia y esas reservaciones las tenemos que agendar de inmediato para que el vestido alcance a llegar de Europa, no queremos vernos presionadas y el vestido es un highlight que seguro se verá precioso en el cuerpo de Barbie —Liz me volteó a ver embelesada— Pareces una muñeca hija —las dos suspiraron mientras sonreían y yo casi me atragantaba con el omelett que recién me acababan de servir.
Empecé a sentir que el aire me faltaba, como si toda esa platica y esos planeas me estuvieran asfixiando, era la misma sensación de cuando tienes puesto un corset muy apretado y de pronto incluso beber agua parece una hazaña… ahí estaba yo intentando tomar un poco de aire, cuando una brillante idea me llegó y parecía ser la tabla de salvación del titanic.
—¿Y si voy por el vestido a Europa? —no acabé de decirlo y mi mamá ya estaba a la defensiva.
—¿Pero por qué irías? ¿No podríamos acompañarte a tus citas? ¿No te veríamos con él puesto? —solo faltó que agregara ¿acaso te volviste loca?.
–Ma, pues podemos hacer una videollamada… o ¡ya sé! podría buscar allá los nuevos modelos, preguntar cuando llegan a México y probarme aquí los que haya visto como mejores opciones —estaba decidida a tomar un tiempo fuera y necesitaba convencer a esas señoras para que por favor me dejaran dar un respiro—¿Cómo ven? —mis ojos brincaban de una a otra con la esperanza de que dijeran que sí y en mi mente estaba cruzando los dedos.
–Pues no me parece tan descabellada la idea Silvia, aparte nos aseguraríamos de que Barbie lleve un modelo único con muy pocas probabilidades de que lo use alguien más, para esas fechas también está confirmada la boda de Ana Pau de la Torre y de Marianita Corcuera, creo que incluso puede ser una buena idea la propuesta de Barbie.
–No sé, no lo tenía considerado… pero hija ¿Cuándo te irías? Y ¿Quién te acompañaría? Yo tengo el bazar de la caridad para el fin de año y mi agenda está saturada, no sé si justo ahorita puedo irme contigo.
–Ma, relájate me puedo ir con Elena, ella se tiene que regresar esta misma semana, puedo irme con ella y me regresaría una vez que haya encontrado el vestido perfecto… ¿Qué dicen?
–Pues creo que sí, creo que es una buena idea ¿Tú que opinas Liz?
–Sí también creo que es una buena idea —su voz no era totalmente convencida, pero escuchar que estaban de acuerdo fue lo único que necesité para avanzar con mi plan.
Suspiré aliviada, irme con Elena era lo que me hacía falta para agarrar fuerza y continuar con esta aventura que apenas estaba comenzando…
–Señoras buenos días, perdón la tardanza, ya estoy aquí. —la voz de Susana Baltazar, la wedding planner por excelencia en los eventos de la ciudad, nos interrumpió, llegó acompañada de doña Cuquita y de inmediato le ofrecieron jugo y café.
–Susy que gusto que hayas podido hacer un espacio en tu agenda para acompañarnos.
–Sí, estamos felices porque podrás apoyarnos con la boda de mi Barbie.
–Por supuesto que no dejaría este evento, al contrario señoras mil gracias por confiar en mí. —sonreía complacida dándole un sorbo a su café sin azúcar.
Todas hablaban con tal falsedad, que se me revolvió el estómago. Susana era la más reconocida wedding planner y aunque era muy buena en su trabajo yo pensaba que estaba sobrevalorada y sus costos eran excesivos por tan solo decir que ella había participado en el evento.
Mi mamá no dejaría pasar la oportunidad de comentar en todas las revistas de sociales que Susana llevaría la batuta de la fiesta y Susana no desaprovecharía la oportunidad de estar relacionada con la boda del hijo del próximo gobernador, así que esas 3 damas estaban ahí sentadas en busca de su propio beneficio y la aprobación de los demás. Sentí como si lo más importante fuera lograr la boda perfecta y no celebrar el amor que Leo y yo nos teníamos, quizá yo era demasiado cursi o demasiado joven, pero en mi corazón estaba segura que había cosas más importantes que lo que ahí se estaba tramando.
–Sí Susy, Barbie se va esta misma semana a España en busca del vestido perfecto. —mi mamá ponía al corriente a la señorita Baltazar de la propuesta que les acababa de hacer.
–Ay Barbie me encanta la idea, estás tan hermosa que seguro todos se te verán divinos, voy a necesitar que lo más pronto que puedas, me digas el estilo que vas a elegir, porque tenemos que hacer un perfect match entre todo y un detalle básico será el vestido. Es muy importante saber el estilo y si será de encaje o de tul, con plumas o piedras… todo lleva relación y nada se nos puede salir de control –Susana hablaba con los ojos tan abiertos pero yo no lograba entender si los tenía así de abiertos por la sorpresa y emoción del evento o por el exceso de botox en su cara, así que solo hice lo que venía haciendo desde ayer… asentir con la cabeza.
–Perdón, tengo que tomar esta llamada, es Elena. —me disculpé mientras tomaba mi celular y caminé rumbo al jardín.
–Me salvaste —me dije en cuanto contesté el teléfono.
–¿Qué pasa, todo bien?
–¿Bromeas? Las estrategias de la guerra en Irak se quedan cortas con lo que está pasando en casa de Leo, mi mamá y mi suegra se volvieron locas, no paran de planear y encima llegó Susana para alterarlas diciendo que no hay tiempo y que tenemos que decidir todo de inmediato, están estresadas y a nadie se le ocurre que podemos relajarnos y escoger otra fecha. —hablaba con mi amiga sin entender todavía porque no podíamos esperar un poco más.
—¿Y por qué no les dices justo eso? —Elena lo preguntó con tan buena intención que yo me empecé a reír.
—Amiga, si les digo eso, me van a cortar la cabeza y a menos que quieras que me vea como Frankinstein con el cuello cocido el día de mi boda, creo que lo mejor, es guardar silencio. —entonces las dos nos reímos imaginando la escena.
—Pero que bueno que me llamas porque tengo algo que preguntarte ¿Cuándo te regresas a Madrid?
—Mañana en la noche ¿Por?
—Por que me voy contigo Elenita
—¿Queeeeeé? ¿De qué hablas Barbie?
—Sí, se me ocurrió ir a buscar el vestido allá, para tomar un respiro.
—Wow…¿Y te dijeron que si?
—Sí, solo quería saber tu vuelo para buscar lugar en el mismo, mándamelo por mensaje más rápido que inmediato porque ya tengo que regresar al campo de batalla. —nos reímos y colgué metiéndome a mi correo, me urgía confirmar el vuelo, no fuera que se arrepintieran y entonces sí, no aguantaría tantos meses con ese nivel de estrés que estaba explotando desde el día uno.
—Elena se regresa mañana, voy a buscar lugar para poder irnos juntas. –informé en cuanto volví a la silla que había dejado vacía en la mesa y me metí en mi celular buscando un asiento, pero… ¡Oh no! el vuelo estaba saturado.
—¿Qué pasa Barbie? —me preguntó mi mamá en cuanto vio que arrugué el entrecejo.
—No hay lugares hasta el vuelo del martes, parece que tendré que irme sola.
—Ay hija pues si encuentras, cómpralo de una vez .
Compré el boleto y pensé ¿Qué podría pasar si me voy sola?... era obvio que jamás lo pude haber imaginado…