un par de las Ilterendi, y el tilkal se tino de rojo en contacto con Melko, y esas trabas nunca desde entonces soltaron esas manos y esos pies. Pues la cadena está forjada para cada uno de esos miembros, y Melko tuvo que soportarlas mientras Tulkas y Ulmo destruían los portones de Utumna y apilaban montañas de piedra sobre ellos. Y las grietas y los lugares cavernosos bajo la superficie de la tierra están llenos todavía de los espíritus oscuros que quedaron prisioneros el día que Melko fue atrapado, y sin embargo muchos son los caminos por los que encuentran salida al mundo exterior: fisuras desde donde gritan con la voz de la marejada sobre costas rocosas, oscuras corrientes subterráneas que serpentean invisibles durante muchas leguas, o los arcos azules donde los glac

