capítulo 20

711 Words
estrellas aparecían en la angosta franja de cielo sobre la hondonada, despertaba ecos con el sonoro tañido del arpa. Un día, después de una larga y agotadora jornada, ya entrada la noche Kathla oyó un grito y no podía distinguir de qué criatura provenía. Entonces se dijo: Es un duende —y luego—, no, no es más que un animal pequeño que aúlla entre las roca. y luego le parecía que un pájaro desconocido lanzaba un silbido de singular melancolía que jamás había oído; y, como no había escuchado a ningún pájaro mientras avanzaba por la g****a Dorada, le alegró oír ese sonido aunque fuese lastimero. A la mañana siguiente oyó el mismo chillido sobre su cabeza y, al mirar hacia arriba, vio tres enormes aves blancas que se alejaban hacia el fondo de la hondonada con un impetuoso batir de alas y lanzando gritos como los que había oído en medio de la oscuridad. Eran las gaviotas, las águilas En esa parte del río había islotes rocosos en medio de la corriente y rocas sueltas cubiertas de arena blanca en la orilla de la hondonada, de modo que era difícil avanzar y, tras un rato, encontró por fin un lugar por donde podía escalar el acantilado. Entonces sintió que un viento fresco le daba de lleno en la cara y se dijo: -Esto es placentero como un sorbo de vino. pero no sabía que estaba cerca de los confines del Gran Mar. Mientras avanzaba más arriba de las aguas, la hondonada vol- vió a estrecharse y sus flancos se elevaron, de modo que siguió caminando por la cumbre del alto risco hasta llegar a un paraje estrecho donde se escuchaba un gran estrépito. Entonces kira miró hacia abajo y vio un paisaje incomparablemente maravillo- so, porque parecía que una marea de aguas enfurecidas subía contra la corriente por la estrecha hondonada, pero las aguas que bajaban desde el lejano bosque seguían avanzando y una muralla de agua se elevaba casi hasta la cumbre del risco, coronada sobre las que se oía a lo lejos el canto de los patos o de las gallinas de agua, en un pequeño bote con una proa que imitaba el cuello de un cisne y que había perdido el mismo día en que encontró el río oculto. Aún no había navegado en el mar, aunque su corazón lo incitaba constantemente a hacerlo con una extraña ansiedad que en las noches serenas, cuando el sol se ocultaba más allá del borde del mar, se convertía en un incontenible deseo.tenía maderos que habían sido arrastrados por el río oculto; y eran de buena madera porque los duende los cortaban en las florestas y se los enviaban flotando con especial intención. Pero lo único que había construido hasta entonces era una cabaña en un rincón bien protegido de la caleta que en los cuentos de los Eldar se ha conocido desde entonces como Flasquil. Poco a poco y con esfuerzo la fue adornando con hermosas tallas de animales y de árboles y de flores y de pájaros que ha- bía visto cerca de las aguas donde estábamos y entre ellas se destacaba la figura del Cisne, porque a Tuor le gustaba mucho ese emblema, que se convirtió en su distintivo, y, tiempo después, en el de su familia y de los suyos. Allí pasó mucho tiempo, hasta que la soledad de los mares vacíos se le adentro en el corazón e incluso. al ver esto despues de lo que paso con el demonio que casi me mata Kathla, Tacus y yo estábamos sorprendidos. el solitario, comenzó a extrañar las voces de los Hombres. Y eso fue en parte obra Una mañana, mientras contemplaba la costa —ya en los últimos días del verano—vio tres cisnes que volaban muy alto y con gran brío desde el Norte. -Nunca había visto cisnes en esas regiones, y pensó que se trataba de una señal y se dijo Tacus. mucho que mi corazón anhela emprender un viaje lejos de aquí, ¡y bien, ahora seguiré a esos cisnes!. He aquí que los cisnes se dejaron caer en las aguas de su caleta y, luego de nadar tres veces por su contorno, volvieron a elevarse y se alejaron lentamente
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