La noche había traído consigo un rumor que no tardó en extenderse como el fuego por los rincones del clan de la Sombra. Elara lo escuchó de labios de un emisario, quien parecía disfrutar entregando el mensaje con ese tono mordaz que usaba cuando tenía malas noticias que comunicar. Kael, el Alfa del clan de la Luna Roja, había tomado una concubina. Elara se detuvo en seco, sus ojos de ámbar se oscurecieron mientras intentaba asimilar aquella humillación. La noche que compartieron, el fuego que ella había sentido en su piel, había creído que era compartido, que había algo allí, aunque mínimo, que le daba significado. Pero, aparentemente, para Kael no había sido más que una distracción pasajera, y ahora se reafirmaba en ello tomando a otra mujer para satisfacer sus caprichos. Apretó los puño

