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1978 Words
La conciencia de Nathalie empezó a actuar cuando la mano de Steve se posó sobre la suya. Se encontraban cenando en un lujoso restaurante de la ciudad, y la chica del cabello naranja disfrutaba de una trucha al ajillo mientras el hombre se complacía con el sabor de un salmón al vapor. El día les había servido para pagar la matrícula de la universidad, ponerse al día con el arrendamiento, y hacer un mercado que sobrepasó todas las expectativas de ella. Ahora, que los motivos de su estrés eran algo del pasado, Nathalie empezaba a apreciar las bondades de aquel hombre con quien había pasado la noche. –Nati, no soy alguien que no entienda las necesidades de los demás, y sé muy bien, o por lo menos me imagino, los momentos difíciles por los que estás pasando… se te nota en la cara, a pesar de que intentes ocultarlo. –¿En serio? ¿Tanto se me nota? –Sé que has tratado de disimularlo, pero es evidente que te encuentras bajo mucha presión. Se habían conocido a través de Tinder, tan solo tres días antes, y solo bastaron un par de sesiones de chateo para que se conocieran personalmente en la cafetería de un centro comercial, charlaran por un par de horas y terminaran en la cama, todo esto sin que ella le hubiese contado acerca de la trágica muerte de sus padres. –Bueno… Tal vez no soy tan buena para la actuación… –Solo dime lo que en realidad te sucede. Nathalie, quien pensó que podría empezar a confiar en aquel hombre, gastó los siguientes diez minutos de su vida contándole acerca de sus desgracias mientras veía cómo a Steve se le humedecían los ojos. –Pero entonces has quedado completamente sola… –dijo él cuando ella concluyó su relato y antes de llevarse un trago de agua a la boca. –Solo hay un tío, hermano de mi mamá, pero vive en Miami, nunca me hablo con él. Steve negó con la cabeza y dijo: –Pero supongo que al enterarse de lo de tus padres… –Asistió al funeral, me dijo que podría contar con él si algún día decidía vivir en la Florida, pero que estando yo en Vancouver y él en Miami le era muy difícil ayudarme, que no tenía suficiente dinero para enviarme y que solo podía ofrecerme su pequeña casa si algún necesitaba de un techo. –Y es claro que para eso tendrías que renunciar a tu universidad aquí en Vancouver. –Obvio, además de que odiaría vivir con mi tío. Natalie arrugó los labios. –¿Tan malo es? –Era normal, contaba mi mamá, hasta que en uno de sus viajes conoció a una mujer muy extraña, como una especie de bruja o algo así, en algún lugar de Suramérica… –Eso suena por fuera de lo común –Steve mostró una leve sonrisa. –MI tío tiene un velero, dicen que es muy bonito, pero no es un velero que él utilice por placer, es su trabajo, lo alquila a grupos de turistas, y dicen que en una ocasión llegó a las costas de Colombia con un grupo de gente de Montreal, estuvieron allí tres días y fue donde conoció a esa mujer que lo cambió por completo… –Una colombiana… –Así es, una mujer joven, como de veinte años, y mi tío ya tiene como cuarenta y cinco. Nathalie le dio un bocado a su trucha. –Bueno, no está lejos de lo que nosotros nos llevamos –dijo Steve antes de soltar una corta risa. –Lo sé, pero el problema es que la mujer parece que lo hubiera embrujado o algo así, pues según contaba mi mamá, y ahora no ha vuelto a ser el mismo, parece que solo le obedece a ella, hace todo lo que ella le pide. –Tal vez solo está enamorado, para hombres como nosotros, que estamos en el cuarto piso, no es difícil caer rendidos a los pies de una chica de veinte, o pregúntamelo a mí que estoy sentado frente a una de dieciocho a la que estoy empezando a querer. A Nathalie, a pesar de haber estado desnuda frente a este hombre, se le subieron los colores a las mejillas. El sentimiento de la noche anterior empezaba a cambiar: ya no era el hombre mayor al que podría explotar, ahora se empezaba a convertir en alguien a quien podría llegar a apreciar, y por qué no… a querer. –Me imagino, pero yo no soy ninguna bruja, en cambio esa colombiana parece que sí lo es. –¿Pero te refieres a hechizos reales o cosas de ese estilo? –Steve, te hablo de maleficios, pociones mágicas, cosas como esas. –¡Wow! Eso es diferente. ¿Y ella vive con él en Miami? –Eso creo, pero a veces lo acompaña en sus viajes en el velero. Steve mostró una pequeña mueca, tomó un sorbo de su copa de agua y volviendo a agarrar la mano de ella dijo: –Nati, no quiero que te preocupes por tíos hechizados, por brujas maléficas y mucho menos por gastos de arriendos, universidades o mercados; todas esas cosas quedan a mi cargo a partir de hoy. Pero a un precio bastante alto, pensó Nathalie, pues tendría que acostarse con él siempre que este lo requiriera. Además, con el tiempo terminaría impidiéndole salir con muchachos de su edad, a lo cual no estaba dispuesta a renunciar. –Hablas como si fueras mi papá. Steve rio antes de volver a hablar. –Sé que por mi edad podría serlo, pero solo quiero que lo tomes como una oportunidad de salir adelante, de que no te veas forzada a renunciar a tus estudios, a irte a vivir a casa de tu tío y de la bruja malvada. –Claro, todo eso suena muy bonito, pero a cambio de qué… ¿A cambio de convertirme en tu mujer? Steve se mordió el labio inferior, miró para todos lados, mostró una pequeña sonrisa, enfocó su mirada en los ojos de ella y dijo: –No te voy a mentir, Nati. He salido con muchas chicas jóvenes, aunque todas mayores de dieciocho, pues no soy ningún pederasta ni tampoco quiero meterme en problemas con la justicia. Creo que podría contar más de diez en mi repertorio; también he disfrutado la compañía de algunas en sus treintas y otras cuantas de mi edad, pero ninguna me había cautivado como tú lo has hecho. Nathalie arrugó la boca, su trucha había llegado a su final pero eso no le impidió que su mirada se enfocara por algunos segundos en el plato, en el cual solo quedaba un bocado de puré de papa y otro de ensalada. –No tienes que decir nada –continuó Steve–, sé que esto debe ser toda una sorpresa para ti. Ya sabemos que muchos de los que buscan pareja a través de las r************* solo andan buscando un rato de placer, y teniendo en cuenta que nosotros nos conocimos en una aplicación de esas, bien podrías pensar que solo estoy aquí por aquello de la diversión… –¿Por qué te metes con chicas tan jóvenes? –lo interrumpió ella después de haber levantado la mirada. Steve soltó una corta risa antes de responder. –¿Crees que soy algo así como una especie de viejo verde o un depravado s****l? –No he dicho nada de eso, solo que me llama la atención que busques mujeres a las que les llevas más de veinte años. –Me imagino que el hecho de no tener hijos me permite verlo como algo un poco más… normal, pero te repito que nunca me metería con una menor de edad. –¿Pero si fuera legal lo harías? Steve tomó un sorbo más de su copa antes de responder. –No lo creo. Pienso que para llevar una relación medianamente seria se necesita estar con una persona que ya haya madurado un poco. –¿Eso me pone a mí como una mujer madura? –preguntó Nathalie antes de reír. –En estos dos días me he dado cuenta de que eres mucho más madura que cualquiera de las chicas de tu edad que he conocido… e inclusive más madura que las de veinticuatro o veinticinco. –Me imagino que la súbita muerte de tus padres puede llevarte a eso… Nathalie arrugó un cachete y se acomodó un mechón de su pelo por detrás de la oreja. –Lógico, son situaciones extremas que pueden producir cualquier clase de reacción en nosotros. –Y si no hubiera sido la chica supuestamente madura que dices que soy, ¿solo te habrías acostado conmigo y luego habrías desaparecido? –No lo creo, desde que empezamos a chatear me di cuenta de que trataba con alguien diferente, alguien que podría ser bastante interesante, alguien con quien valdría la pena tener algo… –Pero la mayoría de chicas de dieciocho años no son así… –dijo Nathalie. –Obvio que no. –Pero igual las buscas y te acuestas con ellas… Un nuevo sorbo de agua llegó a la garganta de Steve, se rascó detrás de la oreja y dijo: –Me haces sentir culpable, pero solo te puedo decir que en este momento solo sé que quiero tener algo serio contigo, algo que dure, algo que llegue a significar mucho para los dos. Nathalie soltó la carcajada provocando que las personas de las meas vecinas se voltearan a mirarla. –¿Tan jocoso sonó eso? –preguntó Steve, una sonrisa dibujada en su rostro. –La gente de esas mesas debe estar pensando que el papá le está contando chistes a la hija. –Y chistes demasiado buenos. –No lo dudes. –Mira, yo no sé si algo así resultaría, es que nos separan demasiados años. –Lo sé, pero entonces me entra una duda… –¿Cuál será? –¿Por qué pusiste un rango que llegaba hasta hombres de mi edad en esa aplicación? No podía decirle la verdad, sería una locura explicarle que solo buscaba un hombre mayor con el dinero suficiente para sacarla de su triste situación, pero que lo dejaría apenas hubiese pagado por sus gastos más urgentes. Pero Steve no solamente era un hombre apuesto, amable y de buena charla o de excelente comportamiento en la cama, también parecía ser un hombre sensible, comprensivo y lo más importante de todo, dispuesto a llevarla a disfrutar de una vida de lujos como ella nunca lo hubiese imaginado. ¿Pero podría enamorarse de alguien tan mayor? –Me imagino que quería probar, pero nunca me imaginé que algo tan serio pudiera resultar de todo esto, y sobre todo así de rápido… –Te entiendo… ¿Pero qué me dices de mi propuesta?, ¿te gustaría probar a ver qué sucede o necesitarías algunos días para pensarlo? –O te podría decir que no en este momento pero entonces no me llevarías a mi casa. –Jamás te dejaría aquí botada, así me dieras una bofetada o me patearas la espinilla. Natalie soltó una sutil sonrisa antes de decir: –Steve, déjame pensarlo. Además mañana tengo mi competencia de ciclo-montañismo en North Vancouver y no quiero botar a la basura la oportunidad de ganarme esos tres mil dólares… –¡Wow! Tres mil dólares… –la interrumpió Steve. –Sí, y no solo eso, también dan como premio un crucero en un velero por las islas del Caribe. –Eso suena divertido. –Más que divertido, y eso me obliga a que me vaya a la cama temprano… y sola. –Te entiendo, te llevo ya a tu casa, y me alegra muchísimo el que lo vayas a pensar, es una luz de esperanza en mi camino.
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