21
–¿Podemos ir a almorzar una hamburguesa? Es que siempre estamos en restaurantes súper costosos y elegantes –le dijo Nathalie a su novio. La pareja, acompañados por Michelle, viajaban en la camioneta de Steve.
–Donde ustedes quieran, solo quiero que celebremos que las dos obtuvieron sus premios.
Habían dejado el auto de Michelle en al estacionamiento de la universidad y volverían más tarde a recogerlo.
–A mi me da igual, pueden llevarme a donde quieran –dijo Michelle.
–Perfecto –dijo Steve–. Pequeña, escoge tú el lugar.
Al rato estacionaron frente a un lugar de hamburguesas y perros calientes. Las chicas descendieron del auto seguidas por Steve, y fue él quien se encargó de ordenar en el mostrador lo que ellas previamente habían mencionado que querían. Michelle y Nathalie se sentaron en una apartada mesa y fue la de cabello castaño con ojos azules quien primero habló.
–¿Llevas mucho con él?
–No, solo cinco días.
–¿En serio? ¡Estás en plena luna de miel!
–Se puede decir que sí –Nathalie mostró una sutil sonrisa.
–¿Y… y él te da todo lo que quieres?
Qué chica tan chismosa, pensó Nathalie.
–¿Por qué preguntas eso?
–Perdona, pero es que…
–Ya sé, ya sé, lo dices porque piensas que es muy viejo para mí y que solo lo estoy explotando.
–No, no es eso, bueno, es que…tú sabes…
–Sí, yo ya sé que está de moda tener un sugar daddy, pero ese no es mi caso, yo a él lo quiero de verdad.
Nathalie se sorprendió a sí misma al reconocer que le estaba confesando a otra persona su creciente amor por Steve.
–En serio que me alegro por eso…
–¿Y vives en los dormitorios de la universidad?
–No, yo vivo en mi propia casa.
–¿Con tus padres? –preguntó Michelle.
–Sola, ellos murieron en un accidente aéreo, hace casi un mes.
–Lo siento mucho –Michelle arrugó los labios y bajó la mirada.
–Gracias… ¿Y tú con quién vives? –si me va a averiguar mi vida, yo también puedo averiguarle la de ella, pensó Nathalie.
–En el momento me estoy hospedando donde una amiga; mi papá es casi que un maltratador profesional, así que tuve que irme de casa.
–También lo siento, yo en cambio me la llevaba muy bien con mis padres.
–Nadie tiene nada completo… pero dime, ¿en realidad lo quieres? Me refiero a Steve, pues después de tan solo cinco días que llevas con él… –dijo Michelle moviendo levemente la cabeza en la dirección del mostrador.
–¿Por qué no habría de quererlo? ¿Porque es muy mayor?
–Perdona, pero pues sí, él debe tener como cuarenta…
–Tiene cuarenta y dos y yo dieciocho, y él es lo mejor que me hubiera podido pasar después de la muerte de mis padres, así que ni te atrevas a tener un solo mal pensamiento con él.
Michelle abrió los ojos y arrugó los labios antes de decir:
–No te preocupes, no lo haré. Una de mis reglas es no salir con nadie que tenga más de veintidós.
–Siempre hay una excepción que confirma la regla.
Nathalie se daba cuenta de que Michelle era una chica simpática y amigable, de carácter llevador, y así mismo reconocía que era ella quien estaba actuando de manera antipática. Pero todo se debía a la belleza de Michelle, digna ganadora del concurso de belleza de la universidad, lo cual la podría convertir en su rival si Steve decidía fijar su atención en ella.
–Lo sé, pero puedes estar ciento por ciento segura de que este no será el caso.
Fue el momento en el que Steve llegó a la mesa con la bandeja de hamburguesas, papas a la francesa y refrescos.
–Ya me estaba haciendo falta esto –dijo Nathalie después de haberle dado el primer bocado a su hamburguesa.
–No es lo mejor para mantener la línea, pero después de todo lo que me ha pasado, creo que merezco darme este gusto –dijo Michelle.
–Creo que ninguna de ustedes dos tienen que preocuparse tanto por lo que coman o dejen de comer, a esa edad no afecta tanto como a la mía –dijo Steve, pero a Nathalie no le gustó para nada la manera como le sonreía a Michelle y mucho menos como la miraba. Sin embargo, pero decidió guardar silencio, pues era enemiga de armar escenas y mucho más en lugares públicos.
Acabadas las hamburguesas, salieron del restaurante y llevaron a Michelle a recoger su auto. La despedida entre las muchachas no fue muy expresiva y se diferenció de la manera como se despidió Michelle de Steve, quien no dudó en abrazarlo y en agradecerle, con palabras que a Nathalie le parecieron demasiado emotivas, lo que había hecho por ella para recuperar sus premios.
–Deberías invitarla a salir –le dijo Nathalie a Steve una vez se encontraron a una cuadra del lugar donde habían dejado a Michelle.
Steve sonrió antes de voltearla a mirar y decir:
–¿A quién? ¿A Michelle?
–Sí, es una chica preciosa, simpática…
–No lo es más que tú.
–No digas lo que no es, acaba de ganar el concurso de belleza de la universidad, no hay nadie como ella –dijo Nathalie, mirando por la ventana lateral.
–Si lo ganó fue porque tú no te inscribiste.
Nathalie giró la cabeza para fijarse en el perfil de Steve.
–Solo lo dices porque andas conmigo.
–Lo digo porque es verdad –Steve le volvió a sonreír.
–¿Entonces por qué la mirabas y le sonreías de esa manera?
–¿De qué manera?
–¿Siempre tratas así a todas?
–Pequeña, creo que estás celosa –dijo Steve al detener el auto en un semáforo.
–Pero ¿quién no lo estaría? La mirabas como si ella fuera una aparición divina venida de los cielos.
Steve no paraba de sonreír.
–¿Siempre has sido así de celosa?
–No, solo con los que me dan motivo.
–Nena, ¿qué quieres que haga para demostrarte que solo me gustas tú? Lo que sea…
–¿Lo que sea? –preguntó ella antes de mostrar una sonrisa maliciosa.
–Ya lo dije, solo pídelo.
–No lo sé… Es solo que no te quiero perder –dijo Nathalie con los ojos humedecidos.
Steve la abrazó, paso su mano por su cabeza, la acarició y dijo:
–No me vas a perder, siempre voy a estar para ti.
Horas más tarde, después de habérsele entregado, Nathalie, acostada en la cama de su novio, y escuchándolo respirar uniformemente en medio de su sueño, no podía dejar de pensar en su futuro: ¿hasta cuándo podría vivir a costas de este hombre?, ¿lo podría querer igual si sus padres aun estuvieran con vida?, ¿o solo era un sentimiento que empezaba a crecer gracias a sentirse sola y desprotegida? Steve lo tenía todo, pero no se lo imaginaba acompañándola a una fiesta de jóvenes en la universidad o a un concierto de la música que estaba de moda. Las diferencias existían por más que se trataran de ocultar o de disimular, y sabía que tarde o temprano saldrían a relucir. Con el paso de los minutos llegó a la conclusión de que debería ser práctica, vivir el momento, aprovechar la generosidad de él, hacer lo posible para mantenerlo contento, rogar para que le fuera fiel, tratar de mantener alejadas de él a las mujeres hermosas, estilo Michelle, y al mismo tiempo no olvidar que en cualquier momento, ojalá más tarde que temprano, podría cansarse de ella y abandonarla para irse en la búsqueda de otra.