Catalia. —¡¿Qué te importa mi nombre?! Desquiciado, ¡casi me matas! Irene se quejó de un dolor en su tobillo, Emmanuel estaba asustado, la cargó en sus brazos para su sorpresa, ella luchó, pero el dolor la hizo quejarse, la subió a su auto. —Si me dices donde está un médico te llevaré para que te curen, lo siento mucho, nunca fue mi intención lastimarte, pero, seamos honestos, cruzaste la calle sin mirar. Irene le miró con rabia. «No estoy enojada con él, solo desquito mi rabia, él tiene razón, yo crucé sin pensar» —Es verdad. Pero, no quiero ir al hospital, quiero… «Debo volver», pensó —Llévame al lugar donde estoy viviendo, al menos acercarme lo más que puedas, no voy a ir contra tu destino. Emmanuel subió a su auto, estaba frente al volante, escuchó sus palabras, sonrió. —No

