VALERIA No sé qué cara puse, pero Leandro me miró como si hubiera dicho la cosa más absurda del mundo. Me daban ganas de gritarle que no me hiciera esto más difícil. Solo necesitaba una respuesta sincera. Algo claro. Pero él solo parpadeaba, desconcertado, como si no supiera dónde estaba. La situación cada vez se ponía peor. —¿Qué estás diciendo, Valeria? —balbuceó, confundido. Se llevó la mano a la nuca, incómodo, y dio un paso. —No hay sentimientos aquí. Si siguiera esto, solo estaría jugando contigo —dijo. Sentí el golpe como un puñetazo seco en el pecho. Me quedé sin aire. Un suspiro escapó antes de que pudiera contenerlo. ¿De verdad pensaba que yo esperaba algo romántico de su parte? Tal vez sí. Tal vez, muy en el fondo, había una parte de mí que lo deseaba. Pero escucharlo decir

