VALERIA Leandro se apartó de golpe, respirando agitado. —¿Qué dijiste? —se quedó parado, en shock, como si le hubieran dado un golpe en el estómago. —Que Iván es mi novio —repetí, aunque sabía perfectamente que me había escuchado la primera vez. Me ardían las mejillas y bajé la mirada, clavando los ojos en mis zapatos. No dijo nada. Levanté la vista, esperando encontrar algo en su cara. Error. Él parecía incluso más avergonzado que yo. —Quise decírtelo antes, pero... —intenté explicarme, con la voz hecha un desastre. No terminé. Él ya estaba dándose la vuelta, directo a la puerta de mi oficina. Me quedé helada. Me lo imaginaba tragándose la rabia, la decepción, todo eso que no estaba diciendo. —Señor, espere —le dije, tragando en seco mientras me acercaba. Él se volteó de golpe. —

