CAPÍTULO 9: LIAM HEASTINGS

2605 Words
POV LIAM Mi nombre es Liam Heastings soy el tercero de trece hijos, tengo 21 años y soy médico general recién graduado. Somos los herederos de la famosa cadena de hoteles que tiene por nombre nuestro apellido distribuidos por todo el mundo, solo que por el momento somos doce hermanos. Mi familia está marcada por un trágico suceso, mi hermano mayor fue arrancado de los brazos de mi madre cuando apenas nació, mi abuelo, aunque no sé si debería de llamarlo así, lo vendió como si de una bolsa de papas se tratara. Ese hecho que sucedido cuando todavía ni siquiera había nacido marco mi niñez a fuego, desde que tengo consciencia en mi casa faltaba una pieza del rompecabezas, mis padres no pararon de buscarlo y si bien se encargaron de que mis hermanos y yo no sufriéramos tanto por esa perdida, podíamos notar su alegría cada vez que había una nueva punta del ovillo de la cual tirar, pero también su tristeza cuando llegaban al final y no había resultados. Las opciones de encontrarlo eran cada vez más escasa, ya que mi abuelo falleció de manera dudosa unos meses después del parto. Todo esto marcó mi personalidad tanto para bien como para mal en algunos aspectos, mi familia lo es todo para mí y respeto a rajatabla cada uno de los valores que me inculcaron, pero que justamente mi propio abuelo haya dañado de esa manera a su propia hija hizo que no confiara en las personas. Mi círculo de confianza era muy reducido, contaba con mi familia, mi grupo de amigos y mi novia. A mi novia Érica la conocí cuando tenía 13 años en el mismo campamento de verano donde se habían conocido mis padres, teníamos la misma edad y estaba en una ya avanzada carrera de bailarina clásica y era realmente buena. Era alta y delgada, tenía el físico adquirido de toda la exigencia y rigurosidad de los entrenamientos. Sus ojos eran de color verde y su pelo n***o azabache. Tania una personalidad peculiar por decirlo de alguna manera, podía llegar a ser la persona más amable del mundo con sus allegados, pero al mismo tiempo y si la situación lo requería se volvía la persona más fría y calculadora del mundo, llegaba a parecer un témpano de hielo. En ciertos aspectos era muy similar a mí y creo que eso fue lo que hizo que me fijara en ella, también su constancia en conseguir lo que se proponía. Con ella había planeado formar una familia como la de mis padres, pensé que al habernos conocido en el mismo lugar que ellos era una señal. Con respecto a mi grupo de amigos, los primeros años de colegio estuvo conformado por Leonard, con quien era más cercano, Cam, Jason, Cody, Bill, Leah y Casey, pero cuando tenía 17 años las conocí a ellas: las primas Hale. Serena era la hija de un nuevo socio de mi padre, increíblemente se ganó mi cariño y confianza en cuestión de minutos, era el ser más puro y sincero que había conocido, siempre con una sonrisa y divertida, recuerdo esa noche en una de las fiestas de mi padre. Esa noche Érica estaba insoportable, tenía un humor de perros y parecía que se desquitaba conmigo. —Te dije que no quiero bailar — me grita mientras salimos fuera del salón. —Pero es solo un baile tranquilo — trato de tranquilizarla. —¿Qué parte no entiendes de que si algo me pasa no podré ir a mis audiciones? — comienza a caminar hacia la salida. —¿Qué es lo que puede pasarte bailando ahí dentro? — pregunto incrédulo. —Tú no entiendes nada, tampoco te importa mi carrera como bailarina — grita yéndose y yo la dejo ir. —Pero que carácter tiene tu noviecita — escucho una voz divertida detrás de mí. Me giro para ver de quien se trataba y veo una chica, cabello oscuro y ojos negros, extremadamente bella. —¿Y tú quién eres? — pregunto un poco enojado por hablar con tanto descaro de mi novia. —Serena Hale — se acerca y me extiende su mano. —Liam Heastings — se la estrecho por educación. —Así que tú eres el famoso Liam — comenta sorprendida. —¿Famoso por? — inquiero. —Mi padre es un nuevo sacio del tuyo y dentro de poco voy a comenzar en tu instituto, me hablaron mucho de ti, ya que vamos a ir juntos. No sé qué era lo que tenía esta chica, pero el solo hecho de escucharla me tranquilizaba, su sonrisa nunca abandono su rostro, hablaba siempre como si todo le divirtiera. —¿Por qué estaba tan enojada tu novia? — cambia de tema. —Creo que escuchaste lo suficiente para saberlo — digo con sarcasmo. —Perdón por lo que voy a decir, pero… joder!!! Los aires de diva que se tira — dice sin importarle que esté hablando de mi novia. En vez de enojarme me largo a reír, me hizo acordar mucho a mis hermanas y eso que ya tenía siete, no quería una más, pero desde esa noche en eso se convirtió, era casi como una hermana más. Y después ella… Jennifer, no sé por qué, pero cuando la vi por primera vez intuí que algún día la iba a cagar a lo grande. Fue en el colegio durante la hora del almuerzo cuando la conocí, había hablado con Serena para que se nos uniera en la cafetería, me aclaró que también iba a ir su prima Jennifer con ella, pero me sorprendí al encontrarla sola esperándonos. Unos minutos después sentí una clase de atracción que nunca antes había tenido y cuando giré la vi a ella, Jennifer. Me di cuenta porque era la única cara nueva en el lugar, se había quedado clavada en el piso entre la puerta de entrada de la cafetería y nosotros, su mirada iba de su prima a mí, como no avanzaba Serena fue por ella. Nunca me intereso una mujer por su físico, pero ella era perfecta, todo su cuerpo era completamente armónico, sus pechos y trasero tenían el tamaño ideal, ni grandes ni pequeños y su cara era como la de un ángel, llevaba su pelo rubio suelto que le llegaba por debajo de los hombros, sus ojos eran de un perfecto azul y su sonrisa era de unos hermosos labios finos. Mientras Serena le presentaba al resto del grupo yo agarre mi libro de anatomía avanzada, mientras fingía leer trate de poner atención a las presentaciones y pude ver que era una más del montón, otra niña rica hija de algún empresario con mucho dinero, antes de hablar se notaba que media cada palabra, no daba información sobre su familia, probablemente porque no habían adquirido su dinero en buena ley, ese colegio estaba lleno de ese tipo de alumnos. Cuando fue mi turno de presentarme, le di la menor importancia posible, levante mi vista hacia ella sin ningún tipo de interés y solo le dije un educado: Hola, luego volví la vista a mi libro y a partir de ahí así fue simplemente nuestra relación, ya que desde ese momento comenzaron a formar parte de mi grupo de amigos. Esa chica hacía que afloraran en mí cosas que nuca había sentido, me comportaba de manera extraña cuando a ella se refería, nunca podía entablar una conversación con Jennifer, simplemente no me salía y por momentos creo que sentía celos de ella, nunca fui celoso con nadie por eso no entendía que me pasaba ahora, aún recuerdo la primera vez que sentí eso, fue unos días después de conocerla y mis amigos hablaban de ella. —Joder que está buena la prima de Serena — comenta Bill. —Pues creo que yo le gusto — dice Jason. —Si le gustas tú también le gusto yo — replica Cody, su hermano gemelo. —Pero yo la hice reír – le dice Jason. Un extraño calor me recorrió el cuerpo, tuve que apretar mis manos para contener la rabia y no gritarles. —Díganme que están de broma — interrumpo. —No, claro que no — me dice Bill. —Joder Liam que si a mí me fueran las chicas hasta yo me la tiraría — acota Leah —Pues lamento cagarles la ilusión, pero tiene novio, así que no creo que ninguno de ustedes se la vaya a poder tirar — trate de sonar lo menos interesado posible, pero no sé si lo logre. —Que tenga novio no significa que no pueda cambiar de opinión — me desafía Leonard, quien no había opinado nada hasta el momento. —¿Tú también? — pregunto más ofendido que sorprendido. Si mi mejor amigo se enamoraba de ella íbamos a estar en un problema y grande, solo me quedaba rezar para que ella no se fijara en ninguno de ellos, porque no sabía cómo controlaría ese calor que sentía cada vez que la miraban. Nos graduamos y con el grupo empezamos a frecuentarnos un poco menos debido a nuestros estudios, pero tratábamos de vernos una o dos veces por semana en algún bar o restaurante, también nos cruzábamos mucho en las fiestas a las que asistíamos obligados por nuestros padres, cumpleaños de sus amigos, de socios o fiestas de negocios. Pero no era lo mismo porque estábamos bajo la mirada inquisidora de la sociedad, no es que hiciéramos cosas indebidas cuando estábamos solos, pero en esos eventos debíamos seguir las normas de las buenas costumbres y protocolos. Faltaba una semana para San Valentín y estaba decidido a pasar a otro nivel con Érica, proponerle compromiso. Ella viajaba mucho por su carrera, había logrado entrar a una de las mejores compañías de danzas del país y nos veíamos poco, pero ya hacía 4 años que estábamos saliendo. Los chicos habían decidido festejar San Valentín en Las Vegas y yo organicé mi proposición para ese mismo día también en esa ciudad, iba a ser una gran sorpresa. Mientras estábamos en viaje recibí una llamada del director del hospital donde hacia mis prácticas, para reprocharme el por qué me había tomado unos días, más sabiendo que debía elegir una especialidad, el ausentarme me hacía perder puntos y retrasarme en esa elección. Llegamos a las vegas, les di las indicaciones a los chicos, ya que todo corría por mi cuenta al ser uno de los hoteles de mi familia en el que nos alojábamos y me fui a preparar todo para el compromiso, había comprado un anillo acorde a sus gustos y pedí que decoraran la suite presidencial. Ya era sábado por la tarde y tenía todo listo, estaba un poco nervioso, Érica ya estaba por llegar, me había puesto un traje de pantalón y saco azul oscuro, camisa blanca, un chaleco arriba de esta y una corbata, todo haciendo juego. Estaba terminando de arreglarme cuando sonó mi móvil y vi que era un mensaje de ella, tomo el teléfono para verlo y al abrirse el mensaje quede petrificado, mi cerebro no podía procesar lo que estaban leyendo mis ojos: De Érica: los siento Liam, sé lo que estabas planeando, pero no puedo comprometerme contigo, es una decisión muy grande y para mí en este momento lo más importante es mi carrera. No estoy yendo para Las Vegas, salgo para Europa de gira en unos minutos. En ese momento experimenté por primera vez la ira, tenía la sensación de que en cualquier momento iba a perder el dominio de mi cuerpo, sentía que iba a romper todo lo que tenía en frente y le gritaría a cualquiera que se me cruzara, estaba en una posición muy difícil porque a pesar de todo mi parte racional me decía que no debía dar rienda suelta a ese odio que me carcomía, justo en ese momento golpean la puerta y dejo salir el primer grito: —Sea quien sea váyase, no quiero ver a nadie. —Liam, soy Serena, ¿Estás bien? — escucho su suave voz detrás de la puerta, notaba su preocupación. —Serena por favor vete no quiero ver a nadie — contesto no gritando pero si con la voz un poco elevada. —Perdón, pero no puedo irme preocupada sabiendo que algo paso y que no estás bien, nunca te escuche gritar así — me reprochó abriendo la puerta y pasando al cuarto. —Érica sabía lo del compromiso y como no quería aceptar me envió esto — le pase el móvil para que viera el mensaje. —Lo siento mucho, no puedo creer que haya hecho esto a través de un mensaje de texto — dice devolviéndome el móvil y dio justo en la tecla. —Eso es lo que me enoja de toda esta situación, puedo comprender cualquier tipo de explicación, pero no perdonarle que no haya venido a hablarme a la cara y me haya enviado solo en texto, encima huye como una cobarde, me ha decepcionado por completo — me descargo ya llorando y me abraza. Me separo de ella, me limpio las lágrimas y le indico: —Escucha, ve con el resto y solo diles que Érica sabía del compromiso y no se presentó, y si no es mucho pedir que ninguno hable del tema por lo menos por hoy, esta noche pienso irme de fiesta con ustedes y emborracharme hasta perder la consciencia. —Pero Liam tú no eres partidario de beber hasta ese punto — responde ella sabiendo que nunca he llegado a emborracharme. —Pues esta noche si, los veo abajo — finalizo, ella me mira con lástima y juzgando mi decisión, da media vuelta y sale de la habitación. Así cambiado como estaba baje al bar a empezar a tomar los primeros tragos, comencé con mojitos, me traslade a una mesa privada en el salón donde se iba a realizar el festejo de San Valentín a esperar que llegara el resto. Vi la cara de sorpresa de todos cuando me encontraron ya ahí bebiendo, pero como había pedido, nadie hizo ningún comentario. Creo que terminé tomando un poco de todo lo que pusieron sobre la mesa, todos trataron de divertirse a pesar de mí, excepto ella… Jennifer, quien en ese momento tenía el corazón partido en mil pedazos como yo, según me había explicado Serena. Cuando mi parte racional me indico que no valía la pena llegar a la inconsciencia bebiendo por más decepcionado que me sintiera decidí irme a la suite donde se alojaban mis amigos, ahí también había una cama para mí. Mientras iba llegando al ascensor veo que la puerta se va cerrando así que corro para detenerla, no tenía ganas de esperar, para mi sorpresa quien estaba dentro era Jennifer, parecía estar un poco alcoholizada como yo, pero lo que llamo mi atención eran las dos botellas que llevaba una en cada mano, entro al ascensor sin mediar palabra y marco el piso de nuestra suite, pero veo que ella había marcado el último. El viaje fue en silencio y bastante incómodo, cuando la puerta se abrió, salí sin mirar atrás, se volvió a cerrar y fue unos pisos más arriba. Entré en mi habitación y ya estaba en bóxer dispuesto a acostarme cuando la imagen de Jennifer con esas dos botellas vino a mi mente, en menos de una fracción de segundo la decisión de ir por ella ya estaba tomada. Me vestí con lo primero que encontré y salí disparado para la terraza, ese era el último piso, estaba seguro de que la iba a encontrar ahí.
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