CAPÍTULO 4: 15 MINUTOS

1219 Words
Faltaban dos semanas para San Valentín, era sábado por la tarde y estaba en mi cuarto estudiando mientras se me cruzaban ideas de qué sorpresa podía preparar para Justin cuando me llega un mensaje de él: De Justin: Jenn, necesitamos hablar. Contesto: De Jenn: claro estoy sola en casa, ¿quieres venir? De Justin: no, mejor nos vemos en la cafetería de la esquina en 15 minutos. De Jenn: ok me arreglo y voy. Como estaba en pijamas, el cual constaba únicamente de una remera gigante que me llegaba por las rodillas, comencé a arreglarme. Abrí mi placar y revise mis opciones, afuera estaba nublado y había comenzado a caer una llovizna, era invierno y si bien el clima en LA es siempre muy bueno, ese día había refrescado más de la cuenta. Comencé por ponerme un jean color n***o y mis botas Ugg color marrón claro cortesía de mi tía Sandy, mientras pensaba que ponerme arriba, ya que no tenía muchas opciones mi mente me jugó una mala pasada y empecé a preocuparme por el mensaje de Justin En los últimos meses habíamos estado un poco más distanciados debido a nuestros estudios y trabajos, pero habíamos estado hablando de irnos a vivir juntos el próximo año, a mí me urgía salir pronto de casa así que capaz era de eso de lo que quisiera hablar o capaz podía ser que se hubiera arrepentido, así que sin pensar mucho más me decido por una camisa básica blanca, agarro un gorro haciendo juego con las botas y una campera de jean negra como el pantalón y me encamino a la cafetería. Cuando llego lo veo sentado en la mesa de siempre cuando venimos a desayunar los fines de semana que podemos y coincidimos, ya que él en este último tiempo estuvo trabajando mucho los fines de semana, así que me acerco a la mesa por detrás de él, abrazo por atrás y digo: —Hola extraño tanto tiempo sin vernos — Lo saludo con un tierno beso en los labios cuando se da vuelta para mirarme, pero no recibo lo mismo de él. —Hola — responde él cuándo aparto mi boca de la suya. Empiezo a notar que algo no está bien, ya que veo la mesa y estaba vacía, no se había tomado el trabajo de pedir ni siquiera una bebida, así que me siento en la silla frente a él y pregunto: —Todo bien? ¿Paso algo? —Jenn necesitamos hablar — nuevamente esas palabras, eso no era nada bueno, así que comienzo a cambiar mi postura para ponerme a la defensiva. —Estoy acá para eso no? — pero para nada podía imaginarme cuál era el motivo de esta charla o más bien no me lo quería imaginar, así que Justin comienza su monólogo. —Jenn por todo los años que nos conocemos y estuvimos juntos debo ser sincero contigo y decirte la verdad, hace ya varios meses que conocí a otra persona y me enamore de ella — a partir de ese momento ya no fui consciente de nada más de lo que dijo Me zumbaban los oídos y solo era consciente de que estaba acumulando lágrimas en mis ojos y haciendo fuerza para que no salieran todas juntas, estábamos en un lugar público y el muy hijo de perra sabía que no iba a armar una escena frente a toda la gente, por eso me cito acá y no vino a casa. El encuentro duró unos quince minutos, toda una vida juntos para una ruptura de solo quince minutos, dijo todo lo que tenía que decir, se levantó y se fue dejándome ahí anclada, porque literalmente quede pegada a la silla por un rato, hasta que me di cuenta que no podía aguantar más las lágrimas y salí corriendo de ese sitio. Una vez en la calle cuando el frío y la llovizna golpearon mi cara fui consciente de lo que acababa de suceder, todos mis planes, todo mi futuro se había desmoronado como un castillo de naipes en mi cara y solo quince segundos, los planes de viajes, boda, hijos, envejecer juntos, todo se había ido. En ese momento mientras caminaba hacia cualquier lado sin rumbo deje que las lágrimas rodaran a montones por mis mejillas. Fragmentos de la conversación volvieron a mi mente: “perdón, no pude evitarlo”, “perdón no sabía cómo decírtelo”, “nos vamos a casar en unas semanas”, de lo único que estoy segura es de que no pude articular palabra mientras él hablaba, únicamente emitía monosílabos como si, no, aja, porque por dentro mi corazón se partía en millones de pedazos y me di cuenta de que no había nada que hacer, él se había ido. No sé cómo, pero me encontraba frente a la casa de Serena, veo la hora y eran más de las nueve de la noche, así que en vez de tocar la puerta le envió un mensaje: De Jenn: ¿Serena estás en casa? Estoy afuera. Su respuesta es automática: De Serena: si estoy en casa ¿Qué pasó? ¿Por qué no entras? De Jenn: Justin terminó conmigo no quiero que tus padres me vean así. De Serena: espérame en la puerta de atrás. Creo que no pasaron más de cinco minutos cuando la puerta se abrió y mi prima me hizo señas de que entrara en silencio, subimos por la escalera de servicios a su habitación y ahí le conté todo lo que había pasado, ella decidió que durante unos días me quedara en su casa para no cruzarme con él, ya que éramos vecinos y acepte. Durante esa semana lo único racional que podía hacer era ir a trabajar y ocuparme de mis estudios, en el trabajo se me hacía más fácil olvidarme de todo y concentrarme en hacer mis tareas porque mis compañeros eran muy alegres y siempre había motivo para reír a pesar de mi tristeza, en cambio, poner empeño en mis estudios era más difícil Mi mente divagaba con facilidad a esa fatídica tarde, después de eso no existía nada más, solo dormía y cuando tenía tiempo para pensar volvían a mi mente esos quince minutos y esa frase que todavía no podía creer que Justin haya dicho: “nos vamos a casar en unas semanas”, ¿casarse? ¿Quién se casa con solo unos meses de conocerse? Y ahora que podía pensar con claridad y había empujado la primera ficha del dominó el resto caían solas, claramente me estaba engañando hacía mucho más tiempo del que había reconocido. Por eso “trabajaba” mucho los fines de semana, se había vuelto más frío, más distante, hacía ya varios meses que no hacíamos el amor, siempre estaba cansado, fui una ciega que no lo quiso ver, lo excusé creyendo que era una etapa de muchos cambios y que volveríamos a la normalidad. A los pocos días volví a casa porque aparentemente a Justin se lo había tragado la tierra, ni sus padres sabían dónde se encontraba, solo recibían llamadas de él reportándose con vida para que ellos no se preocuparan en buscarlo, una tarde después del trabajo y mis clases mientras intentaba estudiar entra a mi cuarto Serena toda eufórica al grito de: —Vegas baby!!!... Vegas!!!
Free reading for new users
Scan code to download app
Facebookexpand_more
  • author-avatar
    Writer
  • chap_listContents
  • likeADD