La decisión imposible

1035 Words
La lluvia había cesado, pero el aire seguía denso, cargado de una tensión que no desaparecía con el sonido de las gotas. Me quedé paralizada en el recibidor, mirando cómo Ethan Valtieri se quedaba quieto, como un juez que ya había dictado sentencia. El silencio entre nosotros era tan pesado que parecía aplastarme el pecho. —Veinticuatro horas —repitió con voz grave, dejando la frase en el aire—. Es el tiempo que tienes para decidir si aceptas mi propuesta o tu familia lo pierde todo. Mis manos temblaban, y el sobre que había dejado sobre la mesa parecía arder. Lo abrí con dedos torpes y vi la lista: las deudas, los nombres, las fechas. Todo real, implacable, devastador. —Esto… esto no puede ser verdad —susurré, incapaz de pensar en otra cosa que no fuera la gravedad de la situación. —Lamento ser el portador de malas noticias, Isabella —su voz tenía un tono frío, pero había un destello de algo más que no logré descifrar—. Tu padre me dejó esta deuda antes de desaparecer. No la voy a perdonar. El rostro de mi madre palideció. Mamá, que desde hace meses luchaba con una enfermedad que la consumía, se apoyó en la pared, temblando. —Isa, tenemos que hacer algo —me pidió, su voz quebrada—. No podemos perder todo. Por favor. Mi mente giraba en un torbellino. La opción que me daba Ethan era imposible, absurda, una locura. Casarme con un hombre que apenas conocía, que parecía un rey en su propio castillo, frío, inaccesible, y además temido por todos… ¿cómo podría siquiera pensar en eso? Pero entonces miré a Liam, mi hermano menor. A sus ojos llenos de inocencia, confiando en que yo protegería a nuestra familia. —No podemos perderlo todo —dije en voz baja, con una determinación que no sabía que tenía—. Necesito tiempo para pensarlo. Ethan me miró fijo y asintió, sin perder esa aura de poder absoluto. —Tienes tus veinticuatro horas. No un minuto más. Se giró y salió de la casa, dejándome con el peso de una decisión que no era solo mía, sino de todos los que amaba. Sentí que el mundo se me venía encima. La noche cayó rápida, y con ella, las dudas empezaron a corroerme. ¿Podía realmente casarme con un hombre así? ¿Qué me esperaba? ¿Sería solo un contrato frío o había algo detrás de esa máscara de hielo? Intenté buscar respuestas en la fotografía, en las imágenes que había capturado días antes, como si esas pequeñas ventanas de luz pudieran darme una pista de mi propio futuro. Pero no encontré nada, solo la certeza de que debía actuar rápido. Liam se acercó a mí con una sonrisa tímida, intentando aliviar la tensión. —Hermana, pase lo que pase, estoy contigo —me dijo, y eso fue lo único que necesitaba para encontrar fuerza. Me encerré en mi habitación, repasando cada posibilidad, cada escenario. La idea de un matrimonio por contrato parecía sacada de una novela, pero esa era la realidad que enfrentaba. ¿Podría vivir un año entero junto a Ethan? ¿Qué secretos escondía ese hombre que había irrumpido en nuestra vida como una tormenta? A la mañana siguiente, el sol se coló tímido por la ventana, pero no trajo paz. Solo la confirmación de que debía tomar una decisión. Vi el reloj: quedaban pocas horas. El timbre sonó y, con el corazón acelerado, fui a abrir. Ethan estaba ahí, impecable como siempre, con esa mirada penetrante que me hacía sentir vulnerable y a la vez desafiante. —¿Has pensado en mi propuesta? —preguntó, sin rodeos. —Estoy intentando —respondí, luchando contra la ansiedad que me invadía—. No es una decisión fácil. Él asintió, como si esperara esa respuesta. —No tienes que hacerlo sola, Isabella. Pero no esperes demasiado. En ese momento, por primera vez, vi una grieta en su armadura. Un gesto fugaz de preocupación, o quizás algo parecido a la compasión. No pude evitar preguntar: —¿Por qué? ¿Por qué yo? ¿Por qué un contrato matrimonial? Ethan guardó silencio por unos segundos. —Porque en este mundo, las lealtades y las deudas se pagan con lo que más valoras. Y porque necesito alguien en quien confiar. —Su voz bajó, como si revelara un secreto—. Alguien que me ayude a enfrentar enemigos que no entiendes. Sentí una mezcla de miedo y curiosidad. ¿Qué clase de enemigo tenía este hombre que parecía tan intocable? Decidí llamar a Sofía, mi mejor amiga y confidente, para contarle lo que estaba pasando. Ella no dudó ni un segundo. —Isa, tienes que proteger a tu familia, pero no te olvides de ti —me dijo con su voz firme—. No dejes que nadie te controle. Sus palabras fueron un bálsamo, pero también un recordatorio de que estaba sola en esa batalla. Más tarde, mientras caminaba por la ciudad para despejar mi mente, recibí un mensaje que heló mi sangre. “Cuidado con Ethan. No es quien parece. Y el precio que vas a pagar será mucho mayor de lo que imaginas.” El remitente era desconocido. ¿Una amenaza? ¿Una advertencia? No lo sabía, pero algo me decía que estaba a punto de entrar en un juego peligroso. Esa noche, después de cenar con mamá y Liam, me senté frente al espejo y me miré con atención. La joven que veía tenía miedo, sí, pero también una determinación que hasta ese momento desconocía. “Este es tu momento”, me dije en silencio. “No solo vas a luchar por tu familia. Vas a descubrir quién eres, aunque eso signifique enfrentarte al hombre más temido de la ciudad.” Con el sobre en la mano, me preparé para lo que vendría. La decisión imposible estaba tomada: mañana le daría mi respuesta a Ethan Valtieri. Pero el verdadero desafío apenas comenzaba Con el sobre en la mano, me preparé para lo que vendría. La decisión imposible estaba tomada: mañana le daría mi respuesta a Ethan Valtieri. Pero el verdadero desafío apenas comenzaba.
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