El secreto revelado

517 Words
La lluvia no daba tregua esa noche. Las gotas golpeaban con fuerza las ventanas de la vieja casa Moreno, haciendo eco en cada rincón oscuro. Dentro, el ambiente estaba cargado de tensión. Yo apenas lograba respirar, como si el aire se hubiera vuelto denso, imposible de tomar. Mis pensamientos giraban y giraban sin descanso: el trato con Ethan, la amenaza de perderlo todo, la sombra oscura que ahora acechaba sobre mi familia. Sentada en el sofá, con las manos temblando mientras sostenía una taza de té ya frío, escuché el sonido del timbre. El corazón me saltó del pecho. ¿Quién podía ser a estas horas y con esta tormenta? No esperaba visitas. Liam y mamá estaban en sus habitaciones, ajenos a lo que se avecinaba. Con cautela, me levanté y caminé hacia la puerta, cada paso retumbando en mi cabeza como un latido acelerado. Abrí con un temblor apenas perceptible y allí estaba él. Un hombre alto, con ojos penetrantes y una sonrisa torcida que no llegaba a sus labios. Su traje oscuro contrastaba con el gris y el n***o de la noche. Adrian Moretti. —Isabella Moreno —pronunció su nombre con una voz profunda, firme—. Sabes quién soy. Y sabes por qué estoy aquí. Un frío intenso me recorrió la espalda. Ethan me había hablado de él, aunque nunca con muchos detalles. Adrian era la sombra que se posaba sobre cada movimiento de Ethan, su peor enemigo. Pero nunca pensé que vendría hasta mi puerta para amenazarme. —¿Qué quiere de mí? —logré articular, aunque mi voz temblaba. —Vengo a advertirte —dijo, con un tono que no admitía discusión—. Este juego en el que te han metido no es un juego para ti. No eres más que una pieza en su tablero. Si decides casarte con Ethan, te conviertes en un blanco. Y no permitiré que seas su escudo. Sentí que mis piernas flaqueaban. ¿Era realmente esto lo que me esperaba? ¿Un matrimonio que me uniría no solo a un hombre frío y temido, sino también a una guerra que no entendía? —No puedo dejar que nada le pase a mi familia —murmuré, más para mí que para él. —Entonces piénsalo bien —me advirtió Adrian—. Porque las heridas que verás no solo serán físicas. Y las cicatrices que dejará esta historia… serán para siempre. Antes de que pudiera responder, escuché el motor de un coche acercándose a la casa. Adrian dio un paso atrás, su mirada fija en la puerta principal. —No nos queda mucho tiempo. Este es solo un aviso, Isabella. Piénsalo bien, o te arrepentirás. Y con eso, desapareció en la noche, dejando tras de sí un silencio pesado y un miedo palpable. Volví a la sala, con la mente en caos. ¿Qué secretos ocultaba Ethan? ¿Qué riesgos corría si decía que sí? El contrato no solo comprometía mi futuro, sino también el destino de todos los que amaba. Por primera vez, sentí que la elección era más que imposible: era una sentencia.
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