Prólogo

551 Words
—¿Qué hay de Romeo y Julieta? —Darren levantó una copia del libro para llamar mi atención pero eso solo logró que pusiera mis ojos en blanco ante tan predecible elección. Sí planeaba tratar de convencerme usando argumentos tan poco adecuados, aquella discusión no iba a ser más que una derrota monumental a su postura. Los clásicos románticos tenían, a mi parecer, los peores ideales del amor: Nada realistas y poco profundos. —Niños caprichosos que sólo querían llevarle la contraria a sus padres —repliqué a la par que cruzaba mis brazos a la altura de mi pecho y tomaba asiento en el borde del escritorio. Por la postura que Darren tenía, estaba más que claro que no pensaba darse por vencido tan pronto. —¿Darcy y Elizabeth? —usó esta vez un clásico que habría sido un buen ejemplo, de no ser porque lo había leído un par de veces y entendía una vez más hacía donde iba la cosa. —Un orgulloso y una prejuiciosa que mágicamente cambian y oh, habían estado profundamente enamorados todo el tiempo —moví mi mano en un gesto de desinterés para desechar esa idea y el rostro de Darren cambió a uno de frustración a la par que pasó una mano de manera brusca por sus cabellos rizados, casi como sí quisiera arrancarlos debido al estrés que nuestro debate le estaba causando. Era casi adorable la manera en la que estaba tratando de hacerme cambiar de opinión, que tuve que luchar contra una sonrisa que amenazó con dibujarse en mis labios. —Eres un cínico —negó y apretó su mandíbula mientras devolvió a su lugar en el estante el libro de Jane Austen. —Soy realista. ¿Cómo pretendes hacerme creer que algo existe en el plano real, hablando sobre personajes salidos de la imaginación de alguien más? Solamente le estás dando validez a mi punto, sí no puedes darme un ejemplo de la vida real —tamborileé mis dedos en el escritorio de madera, a la espera de que nuestro intercambio llegara a su final, para poder ir a conseguir algo de comer. Un silencio un tanto cómodo se instaló entre nosotros durante los siguientes par de minutos, mientras él se encargaba de reajustar aquello que había desordenado en su apasionado argumento, así que asumí que eso sería todo, por lo que finalmente me levanté del escritorio y decidí que era el momento de salir de allí. Pero entonces, Darren sonrió en mi dirección como sí tramara algo lo cual me hizo entrecerrar mis ojos en sospecha. —¿Y ahora qué? —indagué, a la par que él acortó la distancia que nos separaba, haciendo que tuviera que levantar mi rostro para poder mirarle a los ojos. —¿Quieres una prueba real de la existencia del amor? —respondió con una nueva pregunta y noté como una sonrisa traviesa bailaba en la comisura de sus labios—. Está bien. Tendrás la más épica historia de amor de todos los tiempos —asintió satisfecho consigo mismo luego de pronunciar esas palabras. ¿De qué está hablando...? —¿Qué quieres decir?— cuestioné, con una mezcla de confusión y sospecha ante lo que posiblemente fuera la respuesta que obtendría. —Que planeó enamorarte, Will Bennett.
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