Cuando Samira abre los ojos se nuevo, siente que todo el cuerpo le pesa demasiado, un dolor agudo de cabeza la obliga a cerrar de nuevo los ojos porque la luz le hace daño y todo lo que puede hacer es intentar hablar. —Luz… —siente que alguien se apresura a apagar la luz y luego repara en dos manos que sostienen cada una de las suyas—. Antonella… —Sam… —oye la voz suave de Charles y lo busca con la mirada. Su aspecto es de quien no ha dormido en días y sus ojos se llenan de lágrimas al llegarle todo lo que pasó de golpe—. Lo siento tanto, nena… —Me la quitaron, Charles… se la llevaron y no pude hacer nada para protegerla. —Uno de mis hombres sobrevivió, él fue quien llegó a la casa y te encontró muy mal, pero de Antonella nada, al parecer la orden era llevársela. Todos están buscando,

