Tres días se tarda en llegar a Charleston, ya que hacen algunas paradas por ella para que camine, pase al baño y por las noches para dormir. Aunque insistió en que podía aguantar el viaje nocturno, las órdenes de Charles eran claras y los hombres no se atrevieron a contradecirlo. Cuando el auto se detiene frente a un modesto hotel de la ciudad sonríe al pensar en que ese no debe tener cámaras. Se coloca un pañuelo en la cabeza y la puerta se abre, con Charles frente a ella extendiendo su mano para ayudarla a bajar. —¿Cómo estás? —le dice él abrazándola y Samira siente algo parecido a la seguridad que tanto anhela. —Bien, el viaje estuvo interesante, debo reconocer que nunca salí de Washington, por lo que la ruta se me hizo entretenida. Si hubieses venido conmigo, seguramente me habrías

