Capítulo 5: Ser mejor

2552 Words
Anthony se queda despierto, admirando a Samira, quien se ha quedado dormida abrazada a su cuerpo. Memoriza cada una de sus facciones, sonríe feliz al tenerla así y es que la mocosa, como le decía para ocultar lo que le provoca, le ha robado el corazón de una manera en que ni siquiera Kate logró. Piensa en todo lo que estaría dispuesto a renunciar por ella, las cosas que debe apartar… Y si para estar con ella tiene que dejar la vida que lleva ahora, está dispuesto a hacerlo, porque con lo poco que ha visto de Samira, tiene la certeza de que es una mujer por la que vale la pena dejar todo para ser mejor. Mira por la ventana tras un suspiro de Samira, nota cómo la lluvia cae implacable, hasta que de pronto lo que él mismo se esperaba, llega. Un fuerte trueno retumba en la casa y Samira se despierta sobresaltada. —Tranquila —le dice Anthony con dulzura—. Sólo fue un trueno. —¡Emily! —la chica salta de la cama, se viste con prisa y sale del cuarto hacia la habitación de Emily, donde se la encuentra asustada y sentada en la cama—. ¡Estoy aquí! Ya estoy aquí, mariposita… estoy aquí. La abraza con fuerza, mientras le cubre los oídos con sus manos para que no escuche el concierto que aquella tormenta tiene afuera. Anthony llega poco después, se le encoge el corazón al ver a su hija así y luego recuerda que la casa tiene una particularidad. —Vamos… —Anthony, Emily está nerviosa, le tiene miedo a las tormentas. —Sí, por eso… esta casa tiene un búnker, tal vez allí no se oiga nada —le extiende los brazos a Emily—. ¿Me acompañas? Emily sólo asiente asustada, salta a los brazos de Anthony y Samira arranca las cobijas con las almohadas dentro. Sigue a Anthony por la casa, hasta que llegan a una puerta cerca de la cocina. Entran de prisa, justo cuando otro trueno ataca la casa y Emily deja salir un grito asustado. —Shh… tranquila, cariño —le dice Anthony mientras baja con ella por la escalera que lleva a la habitación—. Todo va a estar bien, ya verás. Pasa una especie de tarjeta por una pantalla y la puerta metálica se abre, Anthony la empuja y las luces del lugar se encienden enseguida. Se acomodan rápidamente, Emily se calma casi instantáneamente porque no se oye nada de la tormenta. Sin embargo, Samira no está muy segura de lo que ocurre, pero trata de pasar de eso y cuando ve que Anthony se marcha, le pregunta. —¿Quedaremos encerradas? —No, desde dentro no necesitas la llave, sólo desde fuera —mira a Samira como queriendo decirle algo, pero ella niega. —Ni ahora ni aquí. Ya lo hablaremos luego. Anthony sólo asiente, revisa el tablero al lado de la puerta para ajustar la temperatura y sale de allí cerrando la habitación para que nadie las moleste. Samira acomoda a Emily en el sofá, que se convierte en una cómoda cama, la niña sonríe cuando Samira la cobija y se vuelve a dormir casi de inmediato. Samira observa todo el lugar y se queda pensando en lo que acaba de ocurrir en su vida. ¡Se acostó con Anthony! Sabiendo lo peligroso que es, el daño que fue capaz de causarle a su mejor amiga… ella va y se entrega a ese hombre sin pensar en las consecuencias. —¡Maldición, ni siquiera usé protección! —se cubre el rostro y sabe que tiene que ponerle un atajo a eso o corre el riesgo de quedarse embarazada… y eso es algo que no puede pasar, porque sabe perfectamente cómo puede reaccionar Anthony llegase a pasar. Las lágrimas amenazan con salir, pero se da una bofetada de verdad, que le duele, pero al menos la trae a la realidad. Ella se metió en eso sola y no es momento para entrar en histerias ni amarguras. Además, es obvio que mientras estaba con él, nada de eso le importó. —Eres una mujer hecha y derecha… bueno, no tanto, pero si hay consecuencias, ya verás qué demonios haces cuando pase, porque ahora solo importa la mariposita y salir de aquí. Aunque tiene la firme determinación de sacar a Emily de ahí, ella no quiere marcharse. Anthony la hizo sentir especial, la miró con deseo, con una devoción ardiente que la llevó a experimentar algo que no conocía como si fuera lo más sublime en el mundo. Cierra los ojos y la piel se le eriza al recordar el encuentro. Está en eso, cuando uno de los hombres de Anthony con las compras y Samira se apresura a guardar todo para distraerse de sus pensamientos. Al terminar, se mete a la cama al lado de Emily, pero no consigue dormir pensando en lo que ha hecho. No deja de sentirse como una traidora, que se ha olvidado de todo lo que Anthony le hizo a su amiga, el estómago se le revuelve y tiene que correr al baño para expulsar bilis y aire. —¿Qué demonios hice? —vuelve a recriminarse, mirándose al espejo y sabe que aquello no la dejará tan fácilmente como quiso creer. Se enjuaga la boca y se mete de nuevo en la improvisada cama, en donde al fin logra dormir un poco, sin tener idea de que afuera se está desatando el infierno por ellas. En cuanto a Ethan le dieron la información de dónde está metido Anthony con su hija y su amiga, armó a todo su equipo, más los que se le unieron con el Perro. —Les advierto, todos se mueren, sólo asegúrense de que mi hija y mi amiga no resulten heridas. —¡Sí, señor! En pocos minutos rodean la casa, luego de abatir a todos los hombres de Anthony con una precisión táctica impresionante, y para cuando Ethan entra, Anthony lo está esperando en la sala con un vaso de whisky del que no ha bebido en la mano, pensando cómo dejar todo para ser digno de Samira y que ese pasado no le explote en la cara, porque puede que se retirara de la policía, pero no de las porquerías que hacía aparte de eso. —Así que llegaste después de todo —le dice con una sonrisa y lo mira fijamente—. Debes ser un hombre de recursos para haber conseguido encontrarme solo unas horas después. —A tu pesar, cometiste el mismo error de hace años… no saber con quién te metiste y yo no soy una blanca palomita —le dice sacando un arma y apuntándolo. —Mejor baja eso, niño bonito, puedes lastimar a alguien, las armas son para los adultos. —Te lo acabo de decir, no me conoces y no soy un niño bonito… no como tú lo dices —detona la primera bala que rompe el vaso de Anthony y este se queda sorprendido. —Vaya… así que sabes jugar —Ethan se acerca más, sin bajar el arma. —Estás frente a un expandillero y no de los que robaba carteras y teléfonos. —Mira, la verdad es que ahora mismo no se me pega la gana esto, tengo mis propios problemas y me di cuenta de que lo que hice, otra vez fue por impulsivo. Te llevo donde está Emily, te la puedes llevar con Kate, que debe estar desesperada —dice como desinflado, pero Ethan no le cree nada. —Buena estrategia, pero no te creo nada… ¿dónde está Samira? —Con Emily, pero ella no está en el trato, esa mujer es mía y me la llevo de aquí —Ethan levanta las cejas por la sorpresa, pero la expresión de Anthony demuestra seriedad. —Vine aquí por las dos, me las llevo y punto. —Ahí sí que vamos a tener un conflicto, porque no se me antoja —Anthony saca su arma y los dos se quedan allí, mirándose unos segundos, hasta que Ethan salta tras el sofá y comienza a disparar. Anthony se refugia en el espacio que el ancho de la chimenea le da y desde allí responde. Se quedan así hasta que las balas se terminan y Anthony sonríe satisfecho. —Mira, sé que los dos nos quedamos sin balas, así que mejor lo arreglamos a la antigua —dice saliendo de su escondite y quitándose la camisa, dejando su torso desnudo. —¿Crees que voy a caer en eso? —Mira, por la mujer de mi vida estoy dispuesto a todo y ahora mismo podría entrar cualquiera de los hombres que trajiste a darme un tiro —Ethan arruga el ceño y Anthony se ríe—. Sé del chico de la pizza y la orden fue rendirse. Sólo llévate a mi hija, porque es obvio que yo no tengo nada que hacer en su vida, pero a Samira no te la puedes llevar. Ethan sale de detrás del sofá, se quita el chaleco blindado y la camisa, los dos se quedan frente a frente desafiándose, hasta que llega el Perro y Ethan levanta la mano para que no ataque. —Esto es a la antigua, Perro, ya sabes cuáles son nuestras reglas. —No nos metemos, aunque te estén matando —Ethan asiente, patea el sofá y Anthony manda la mesa de centro lejos también. En ese punto aparece Smith, pero él ni siquiera hace el intento de meterse, porque si Anthony está así es porque necesita hacerlo. —No tienes el cuerpo del hijo de un CEO que va a heredar su empresa. —Te dije, no me conoces… mi pasado puede que sea más turbio que el tuyo. —Pero aun así mi hija te adora y Samira te defiende con uñas y dientes. —Es porque hasta las pandillas más salvajes tienen códigos, ¿mi ética? La aprendí allí. Ethan lanza el primer golpe, que impacta en el hombro que mete Anthony para evitarlo y allí el intercambio se vuelve duro y cruel. No hay reglas, sólo una motivación y es Samira. En uno de esos arranques de testosterona Ethan tira al piso a Anthony, que está cansado y sonriendo. —Maldición… —le pregunta limpiándose la boca y sintiendo el dolor en las costillas—. Te las vas a llevar, ¿cierto? —Te lo dije, todo esto no es sólo por Emily. Samira es parte importante de nuestras vidas y no la voy a dejar con un desgraciado como tú —se pone de pie y se limpia la sangre que le corre del labio—. Ella tiene sueños que cumplir, los postergó por cuidar a mi hija y ahora es trabajo de nosotros ayudarla a que los cumpla. —Yo puedo hacerlo —responde Anthony mientras busca una pared para apoyarse. —Puedes permitir que ella estudie, pero no lograrás que avance porque tu vida no es compatible con lo que ella desea hacer de la suya. Asúmelo, no eres hombre para ninguna mujer, tarde o temprano le harás a Samira lo mismo que le hiciste a Kate. —¡Nunca le haría algo así! ¡¡Yo la amo!! —Puede que no exactamente lo mismo, pero de alguna manera la vas a cagar y lo último que ella se merece es que la hagas sufrir —Anthony sabe que es verdad, pero no luchar por ella sería reconocer que no se la merece. Aunque la verdad es que acaba de hacerlo literalmente y Ethan le ha dado una paliza… por lo menos tiene un par de costillas rotas, además del orgullo. Comprende que por el momento no puede hacer nada más que dejarla ir, porque es completamente imposible que le pida que se quede con él sin zanjar sus asuntos pendientes. Tiene que regresar a Londres para poner fin a sus negocios, dejar todo ordenado y desaparecer para siempre de Inglaterra, porque quedarse sería estar bajo el ojo de la mafia para siempre. Sabiendo aquello y que, mientras él ordena todo, Samira estará mejor protegida por Ethan, se mete la mano en el bolsillo y le entrega la tarjeta, sabe que se arrepentirá, pero ahora mismo no puede pretender conseguirla de esa manera, después de todo tiene que ser mejor para Samira y debe comenzar por solucionar sus cosas en Londres. —La puerta antes de la cocina… —le dice con una mueca de dolor—. Cuídalas. —Pero no para ti, cabrón… y ya sabes lo que te espera si regresas. —Claro, niño bonito. Ethan se pierde de allí, mientras que Smith se acerca a Anthony y lo saca de allí antes de que a Ethan se le ocurra volver y darle un tiro. Cuando la puerta blindada se abre, Samira salta de la cama algo asustada producto de un sueño que estaba teniendo, pero cuando ve a Ethan, corre hacia él para abrazarlo fuerte, a pesar de los quejidos que este emite. —Yo también estoy feliz de verlas… pero ahora mismo me duele todo. —¿Qué te pasó? ¿Quién te hizo eso? —le dice ella mirándolo con pesar. —Anthony —ella abre la boca, pero él la calma—. Él quedó peor, ni siquiera se podía poner de pie —se coloca una sudadera que el Perro le pasa y se acerca a Emily—. ¿Cómo ha estado? —Tranquila, ni siquiera se enteró de lo que pasó, estaba dormida cuando Anthony llegó y cuando se despertó un momento le dije que era un amigo. —¿Y DeMarco no lo negó? —ella niega y Ethan frunce el ceño—. No entiendo, se supone que quería a Emily a toda costa… ¿qué lo habrá hecho cambiar de idea? —No sé, pero ahora mismo es mejor que nos vayamos, no sea que se arrepienta. Ethan toma a Emily entre sus brazos a pesar del dolor y huele su arome a paz. Salen de allí resguardados por los hombres del Perro y se suben a una camioneta que derrapa al dejar la propiedad. Samira no puede evitar mirar la casa con cierta pena, porque siente como si algo se le hubiese quedado allí, algo como su corazón. Al final, Anthony las dejó ir como si nada, a ella la dejó ir como si se estuviese quitando algo de encima que le estorba y poco a poco va asumiendo que todo lo que pasó en sus sueños, se está volviendo realidad. Ella solo fue un medio para quedarse con Emily y, teniéndola de su lado, iba a ser más fácil conseguirlo. Pero no puede evitar que la decepción la siga invadiendo. «Bueno, hace años hizo lo mismo con Kate, con quien estuvo más de un año, ¿qué podía esperar yo si solo me conoce hace un par de semanas?», se dice a sí misma. Y mientras ella piensa en todo eso, Anthony se deja caer en la cama en donde la marca de haberla hecho suya lo hace sonreír y cerrar los ojos, maquinando cómo demonios va a volver por ella, porque a esa mujer no piensa dejarla ir así nada más.
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