+*+*+*+*+*+*+ Salimos del restaurante. El ambiente era una mezcla de furia y el aroma costoso de la comida que acabábamos de ingerir. Alejo pagó la cuenta con el gesto distraído de quien maneja presupuestos de países pequeños, sin siquiera mirarme. Subimos de nuevo a su auto. El silencio en el vehículo era opresivo, cargado de la amenaza implícita de su última advertencia: Eres mía. Estábamos a punto de reincorporarnos al tráfico cuando mi celular vibró con insistencia. Vi la pantalla: Número Desconocido. Por un segundo, dudé, pero el tono urgente y el alcohol en mi sistema me empujaron a contestar. —¿Hola? —respondí, mi voz aún ronca por el llanto y el vino blanco. —¿Señorita Luna Bennett? —La voz del otro lado era apresurada, con un tono de urgencia que me puso inmediatamente en ale

