+ —Dame una oportunidad, Luna —dijo Alejo, su voz baja y urgente, el tono de súplica era un sonido que raramente se le escapaba. Era su arma más peligrosa—. Tengo muchas cosas que decirte. No sobre negocios. Sobre mí. Sobre nosotros. Lo que pasó en Rusia, por qué no regrese a tiempo... fue un error, Luna. Un error que me ha costado todo. Te juro que todo tiene una explicación. Lo miré, sintiendo un escalofrío. Su rostro, generalmente una máscara de acero, mostraba una fisura. Pero yo no podía caer. El dolor de mi humillación era mi protector. —No —respondí, la palabra era un corte limpio—. Y ahora quiero que te mantengas al margen, señor Blackwood. Seré tu maldita secretaria, tu "asistente temporal" por lo que quede de tu reunión, pero nada de trucos. Nada de sentimentalismos. No import

