Jhon Chrysler

1145 Words
Me vestí con un elegante vestido azul que me había regalado mi tía Marisela. El vestido era sofisticado pero juvenil, perfecto para la ocasión. Me maquillé con cuidado, aplicando labial rojo y una pequeña sombra que resaltaba mis ojos azules. Decidí dejar mi cabello castaño y ondulado suelto, dándole un toque natural pero arreglado. Cuando estuve lista, tomé el brazo de mi tía Marisela, quien me explicó con paciencia el papel de cada persona en la reunión. Mi abuelo tenía tres empresas muy importantes en el país y varios inversionistas. Sin embargo, su objetivo principal era fusionarse con el señor Chrysler, uno de los hombres más importantes y reservados del país. La fusión significaría un gran avance para los negocios familiares, pero el señor Chrysler era conocido por ser muy desconfiado y meticuloso en sus tratos. Al llegar al salón principal, noté la multitud de invitados elegantes y el ambiente de sofisticación que llenaba la sala. Mientras observaba a las personas moverse y conversar, mis ojos se posaron en un rostro familiar. Era el hombre del ascensor, con su traje impecable y su cabello rubio brillando bajo las luces. Estaba charlando con Alicia, quien coqueteaba abiertamente con él. Mi corazón dio un vuelco al verlo. Parecía tan diferente fuera del entorno del ascensor, pero igualmente intrigante. Me quedé unos segundos mirándolos, tratando de escuchar su conversación sin acercarme demasiado. —Ah, veo que has notado a Jhon. Es muy guapo el señor Chrysler—dijo mi tía Marisela en voz baja, siguiéndome la mirada—. Es uno de los hombres más jóvenes y guapos además de exitoso y soltero. —¿Él es el sr Chrysler? —Si Jhon Chrysler. ¿Lo conoces Aisa? —Sí, lo conocí el otro día en el ascensor —respondí, sin poder apartar los ojos de él.— Lo llame idiota, tia. —Bueno, será mejor que te disculpes, Aisa.—me advirtió Marisela. Decidí dejar de mirar y centrarme en lo que había venido a hacer. Me moví entre los invitados, tratando de ayudar en lo que pudiera y de familiarizarme con las personas importantes para los negocios de mi abuelo. Cada vez que pasaba cerca de Jhon y Alicia, sentía sus ojos sobre mí, pero me obligué a mantener la cabeza en alto y seguir adelante. La noche avanzaba y la tensión en la sala era palpable. Finalmente, mi abuelo me llamó mientras conversaba con Jhon Chrysler, y supe que era mi momento de unirme a ellos. —Aisa, ven aquí, por favor —dijo mi abuelo con una voz autoritaria pero calmada. Me acerqué rápidamente, tratando de mantener la compostura. —Aisa, te presento a Jhon Chrysler —dijo, señalando al hombre alto y de porte serio frente a él. —Es un gusto, señor Chrysler —dije, extendiendo mi mano y el la tomó y depósito un beso allí.—. Lamento el incidente de ayer. Jhon Chrysler frunció el ceño y miró a mi abuelo. —¿Qué incidente? —preguntó mi abuelo, visiblemente intrigado. Antes de que pudiera responder, Jhon respondió con una sonrisa irónica en el rostro. —Su nieta me llamó idiota, señor Aragón. Ella me faltó el respeto —dijo él, mirándome directamente con esos ojos verdes que parecían disfrutar la situación. Sentí cómo mi corazón se hundía al escuchar sus palabras. No sabía que Jhon y el señor Chrysler eran la misma persona. Él se presentó como un empleado.Mi abuelo, con su expresión endurecida, se dirigió a mí. —Lo lamento, Jhon —dijo mi abuelo, con un tono grave.—Aisa es muy impulsiva, no volverá a ocurrir una situación así. —continuó, tratando de suavizar la tensión. John Chrysler, o mejor dicho, el idiota, observó la situación con una leve sonrisa antes de responder. —Espero que no. La impulsividad no tiene cabida en los negocios serios, señor Aragón —dijo, manteniendo su mirada fija en mí. —Entiendo perfectamente, señor Chrysler —respondí, sintiendo la vergüenza arder en mis mejillas—. Me aseguraré de comportarme con la debida profesionalidad de ahora en adelante. —Confío en que así será —respondió él, su tono más neutral pero todavía firme. Mi abuelo asintió, visiblemente aliviado. —Bien, entonces, ¿por qué no continuamos nuestra mañana en mi oficina? —sugirió mi abuelo, tratando de cambiar el tema. —Lo lamento, Don Osvaldo, pero mi posición sigue siendo la misma. En este momento no me interesa realizar negocios con ustedes.— Sentenció él Simplemente me aleje molesta mientras mi abuelo me miraba mal y Alicia se encargaba de atender al señor Chrysler.Marisela se acercó a mí, poniendo una mano reconfortante en mi hombro. —No te preocupes, Aisa. Todos cometemos errores. Solo aprende de esto y sigue adelante —dijo, con su habitual calidez. Asentí, tratando de recomponerme. Sabía que tenía mucho que demostrar y que la noche aún no había terminado. Esta reunión era solo el comienzo de los desafíos que tendría que enfrentar, y estaba decidida a no dejarme vencer por un tropiezo. A la mañana siguiente, me reuní en el despacho con mi abuelo. Entré con nerviosismo, esperando una reprimenda por el incidente con John Chrysler la noche anterior. Sin embargo, mi abuelo me sorprendió al no mencionar el tema en absoluto. En cambio, me pidió que hablara con John Chrysler. —Aisa, necesito que te acerques a John Chrysler y aclares las cosas con él —dijo mi abuelo con seriedad. Me sentí desconcertada. ¿Por qué mi abuelo me estaba pidiendo esto después de lo que había pasado? —Abuelo, ese tipo me odia —respondí, sintiéndome frustrada por la situación. Mi abuelo suspiró y me miró con una mezcla de comprensión y determinación. —Aisa, no puedes permitir que una mala impresión inicial determine tu futuro en la empresa. Jhon Chrysler es un hombre importante para nosotros, y necesitamos su apoyo para seguir adelante con nuestros planes de expansión. Tienes que intentarlo de nuevo, esta vez con una actitud diferente —explicó, buscando mi mirada. —Pero abuelo, él piensa que soy impulsiva e irrespetuosa —respondí, tratando de justificar mi postura. —Debería ser Alicia quien hable con él, ya que se conocen desde hace años.— Sugeri —Él me pidió permiso para que cene contigo esta noche y deberías aprovechar la oportunidad.— Me aconseja. A veces olvido que en Estados Unidos las leyes son diferentes y aquí aún soy menor de edad hasta los veintiún años. Además, es evidente que mi abuelo es muy estricto y conservador. —Está bien, abuelo, pero necesito que me expliques cuáles son tus planes de expansión para la empresa para poder explicárselos a ese hombre.— Le pedí Debo ir bien preparada a esa cena. Tal vez sea mi última oportunidad para demostrar que no solo soy una niña tonta.
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