47. Salvaje y sensual. Margaret lo ve en medio de las escaleras. —Al fin sales de tu agujero, ¡Ay, querido! Ya creía que te escondías de mí —le dice con una sonrisa confiada, y cargada de malicia. Mirando por todos lados —. Veo que descuidaste la casa de tus padres… me pregunto qué dirían si pudieran verla convertida en ruinas… —No hables de mis padres, así como si nada. —¿Por qué no? Ellos me recibían siempre con los brazos abiertos, ¿o ya lo olvidaste? —Eso pasó hace más de veinte años, Margaret. —Cierto, éramos unos pequeños… —suelta ella haciendo memoria— ¡Cuántos años venimos siendo amigos! ¿No te sorprende? Pero Richy no se muestra muy dispuesto a seguirle la charla. Margaret se da cuenta de ello. —Bueno en fin –suelta ella—. No importa… ¿Sabes algo Richy? Hoy será el peor d

