30. Entonces consígueme un trago. He pasado dos horas recibiendo a personas que apenas conocieron al vegete. A los odiosos socios minoritarios que vinieron a comprobar que la noticia es real, no un fake de la prensa. Ahora, si tengo que quedarme un minuto más, exploto. —Cariño, ¿a dónde vas? —me pregunta mi madre que ha estado recibiendo más abrazos que Santa Claus en navidad. Y Dodo que le hace de apoyo. —Necesito aire fresco madre. Saldré a la terraza a fumar —le digo apartándome de su lado. —Acompáñalo, querida —le dice mi madre a la rubia. La bruja que no se separa de su lado desde que he llegado. —No necesito de niñeras, estoy bien. —A pesar de mis palabras la rubia me sigue, es tan desagradable tenerla cerca, con su forzada sonrisa y su terrible necesidad de agradar. —Vete —le

