8. Rápido, antes de que la pierda de vista. Sus verdes ojos amenazan con cerrarse. Se sobresalta al darse cuenta y los abre tan grandes que le arden como si tuviera arena en ellos. Richy está a punto de caer rendido ante las pantallas. No puede más. Tiene la camisa oscura, completamente abierta, y está en boxer. Si una mujer lo viera no podría resistírsele. —Todo el día estoy con esto —murmura lastimoso para sí mismo. Está solo en ese momento. Guillermo, su mayordomo, estilo ninja, tan fino como los antiguos hidalgos, ingresa haciéndose notar. —Joven Richard, es hora de que disfrute de un aperitivo —trae en las manos una pequeña bandeja de plata, con un vaso de jugo de naranja recién exprimido y un par de tostadas con manteca. —Gracias. Déjalo sobre el escritorio —contesta sin pr

